El ministro José Montilla no puede con los medios de la derecha y acusa a Pedro J. Ramírez y a Federico Jiménez Losantos de ser los "estrategas de la derecha" y de hacer "chantaje moral y político (...) no hacen información sino que difaman, mienten y manipulan con el objetivo de intimidar a sus adversarios".
Inmediatamente El Periódico de Catalunya abona la tesis y busca explicaciones (Pérez Royo, cómo no) al fenómeno. La culpa es de la prensa, como siempre. No lo dice el catedrático sevillano, lo dice El Periódico.
Recuerdan el Gal, el ¡váyase sr. González!, las maniobras aznaríes y la guerra digital. Pero no recuerdan el maridaje del PSOE con Prisa, ahora más redivivo que nunca, ni las maniobras de la concesión de televisiones, ni las graciosas subvenciones a la prensa catalana y a las otras, los medios públicos, ni tantas cosas.
El Periódico no recuerda las informaciones y datos que inevitablemente el gobierno proporciona a El País en detrimento del resto de los medios, amigos y enemigos, de alas que también el diario barcelonés es víctima. Y no parece que la sustitución en el aparato de Comunicación de Moncloa haya mejorado mucho la política comunicativa.
Los periodistas tienen la responsabilidad de decir la verdad, y muchos no la dicen, a uno y otro lado. Los estrategas suelen estar en los medios cuando los políticos no tienen el cuajo y el cerebro suficientes. El peor problema de la prensa en España es su falta de independencia, pero eso afecta a los progubernamentales y a los opositores.
Por eso muchísima gente le vuelve la espalda y confía en medios alternativos. Por eso la gente es escéptica y no cree en lo que le dicen.
No defenderé nunca a los apocalípticos y a los heraldos del guerracivilismo, pero tampoco a los llorones, a los voceros de lo políticamente correcto, a los tibios y a quienes son incapaces de la autocrítica necesaria.
Los medios están primero para informar, luego para criticar y vigilar al poder. Su obligación con los ciudadanos y con la verdad pasa factura, sin duda.
Dice el gobierno que la gente "percibe la realidad, no la imagen que de ella dan los políticos" y yo sigo confiando en el juicio de los ciudadanos. Un repaso a las ventas y audiencias de unos y otros es muy revelador cuando se descuentan las trampas.
Los políticos deben respetar la crítica y están en su derecho de denunciar los excesos, pero en un país donde los intereses de los medios se juegan con licencias y dinero público, unos y otros deben ser transparentes y consecuentes.
Los medios no tienen derecho a mentir y los incendiarios acabarán devorados en sus cenizas. Pero los bomberos autistas no están libres de pecado.
Todos deben recordar que a todos llega el momento. Y no pasa nada. Luis María Anson deja La Razón tras fracasar sus negociaciones con José Manuel Lara. Cae uno de los próceres de la prensa gerrillera. ¿Y? Los periodistas harán bien en acordarse de la advertencia del César: recuerda que eres hombre. Cayó la letra y la voz de apaga. Y la vida sigue.
Seguramente esta crispación tiene su origen en una brecha social que unos y otros contribuyen cada día a ampliar por falta de verdades y argumentos.
Todos deberíamos repensar lo que estamos haciendo. Internet tampoco es ninguna panacea. A veces cuando entro en directorios de blogs y medios digitales tengo miedo, temor de la guerra cruenta allí librada y de cómo los más radicales ganan a costa de la verdad y los hechos.
Afortunadamente, los ciudadanos son cada día más escépticos, pero eso es malo para la democracia. El periodismo debe volver a ser un arte democrático, pero es muy difícil sin la reflexión, la independencia y la fidelidad intelectual y ética necesarias. Las lecciones del 11M siguen sin aprenderse.
Deberías rebautizar este pst como el "Manifiesto por la dignidad del periodismo y por el sentido común en la actividad pública", y repartirlos por universidades, redacciones y sedes de partidos. Lo suscribo con todas sus comas, ¿dónde hay que firmar?. Por fin un poco de independencia, honradez personal y periodística y ánimo de concordia. Gracias, Juan.
ResponderEliminarCierto. Ni apocalípticos ni tibios. Sobran soflamas y complacencias, al igual que seguidismos y escepticismos varios. ¿Quién teme debatir en democracia?
ResponderEliminarEl primer problema de la libertad de informacion en España es su dependencia de los grandes grupos mediaticos instalados en Madrid, que emiten impunemente su "verdad" al resto del Estado. Estos grupos estan ocupados por gente de la capital que generalemente estan impregnados de su nacionalismo español. Por si alguien tiene dudas puede contrastar los resultados electorales del nacionalista español del PP en Madrid y Catalunya.
ResponderEliminarLa consecuencia de esta posicion de la "Brunete mediatica" es la permanente criminalizacion de los nacionalismos perifericos por parte de los que ocupan el poder en la capital.Mas que informacion imparcial, generar formacion de la opinion, y este es el peligro.
Situacion injusta, pero que seguramente son incapaces de reconocer
Y yo suscribo lo suscrito por javi-siken. Juan, en este texto desgranas muchos de los motivos por los cuales procuro leerte a diario. Pero por encima de todos esos motivos está la independencia. Estoy firmemente convencido de que un periodismo independiente (de verdad) es el mejor antídoto contra ese "ciego y loco partidismo" que se extiende cada día más y que tú muy bien denuncias desde aquí. Enhorabuena.
ResponderEliminarEn general estoy de acuerdo con lo que dices, sobre todo con el final.
ResponderEliminarNo soy derrotista en absoluto, pero creo que la situación de los medios refleja la sociedad que tenemos: superficial. Todo se ha vuelto un poco de usar y tirar. En un escenario así, la reflexión y la ética tienen poco que hacer.
Creo que debemos empezar por el principio, por los valores. No olvidemos que los periódicos están dirigidos y escritos por personas como tú y como yo, y es importante cómo son y cómo piensan esas personas.
Si caemos en la tentación de menospreciarlas de forma continuada, pasará con el periodismo lo que con la política: su desprestigio hace que no siempre sean los mejores los que se acercan.
Como lectores, debemos aprender a apreciar el trabajo bien hecho y a rechazar el malo. Si eso se traduce en cifras de ventas, se entenderá.
Sí, Juan, toda la razón. El radicalismo vence por puntos y por KO técnico al periodismo sensato. Mi propio blog es, en ocasiones, un ejemplo de ello, y lo reconozco sin tapujos. ¿Pero qué opción queda para combatir el sectarismo de extrema derecha? ¿Ser siempre bueno y poner la otra mejilla? ¿Considerar que el "ladran luego cabalgamos" (expresión que en realidad no aparece en El Quijote) es la mejor contestación posible? ¿No te revientan las venas de la profesión cada vez que te asomas a la portada de La Razón, que escuchas a los portavoces no oficiales del episcopado en la COPE, o que navegas entre los columnistas de LD? Porque creo que sí hay una diferencia sustancial entre ellos y los medios de PRISA, por más que puedan ser ocasionalmente serviles a los intereses del PSOE. Creo que en unos medios se prima el insulto y el desgaste porque sí, y en otros los aspectos propios de la profesión. Con mediación, pero no con manipulaciones burdas que beben en la ignorancia de tanto obrero facha, y en la prepotencia de tanto ejecutivo MBA. Es harto conocido que El País da un palo a los de su cuerda cada vez que se lo merecen, sobre todo si es tras una acumulación de pequeños errores, tan presentes en el socialismo español.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo en que deberíamos desterrar el periodismo de trincheras. Pero se debe empezar por donde se debe empezar, por el terrorismo editorial de quienes se amparan en la libertad de expresión para cerrar filas en torno a un proyecto identitario: el miedo. El miedo lo justifica todo. Hasta un marciano identificaría qué medios juegan al miedo con más descaro y con más cinismo. Negar eso, en la España de hoy, y en la España política y mediática, es querer ponerse vendas de periodista más papista que el Papa. Ya te digo, aun sabiendo que tienes más razón que un santo, sin que en la expresión quiera colar de rondón la razón de la santidad, que no la tiene, y menos en estos días.
Un saludo.
Sigo y quiero seguir pensando, porque es cosa de principios, que se vence con razón, argumentos y veracidad. Se pierde cuando entras en la misma batalla.
ResponderEliminarY además la izquierda debe ser más autocrítica, más exigente. A mí me importa un bledo la derechona, nunca confié en ellos y cuando veo a la Conferencia Episcopal reclamando libertad religiosa me entra la risa.
Pero si no mantenemos la exigencia más alta la ventaja será para los púlpitos y los gritones.
Unos son más elegantes y menos agresivos que otros, pero me da mucho miedo esta ceguera de este país, en la que tanto promotores como profesionales y audiencia confunden ya sin barreras los intereses empresariales con la política y las ideas.
El periodismo corporativo es la mayor amenaza del periodismo moderno. Y una de sus armas es la política, y no al revés. Las mayores peleas y rencores vienen por los intereses económicos de unos pocos que se disfrazan de banderas y pancartas.
El problema no es tanto que los medios se hayan politizado, raíz consustancial a su ser y que siempre defenderé mientras se respete la información, como que la política se ha privatizado. Las acciones e intereses de unos y otros cotizan en bolsa, en los despachos y en las licencias de tantos servicios.
Por ahí navega el verdadero problema, luego maquillado de pelea por el bien común.
¿Dónde hay que firmar?
ResponderEliminarPues no es mala idea esa de empezar a firmar cartas o correos electrónicos de protesta y enviárselos a los directores y editores. Es una idea.
ResponderEliminarLo lamento profundamente, Juan, pero creo que la razón está totalmente de su parte. El periodismo español ha perdido los valores esenciales que le han hecho importante. Como parte implicada en él, lo siento. Ojalá lleguen tiempos mejores.
ResponderEliminarhola como estan felicitaciones por su espacio
ResponderEliminarhola estamos en un curso de redacción periodística felicidades por su sitio web
ResponderEliminarla comunicación social es la voz de los menos escuchados en el mundo
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