Judas es el traidor. Pero su traición revela la condición humana de Jesucristo. Los traidores son nuestros más fieles amantes. Esa pasión les da la fuerza y el ímpetu para traicionarnos. La traición es un sacrificio de amor.
"Amo a Judas. Lo amo incluso más de lo que amo a Pedro", dice Norman Mailer en su evangelio. La fe de Pedro es como una piedra, explica. La de Judas proviene de conocer a los hombres.
La traducción del Evangelio de Judas revive la fascinación de la gnosis y los iniciados en época de códigos best sellers. Y revive también la fascinación por los grandes traidores, poetas de la maldición. Traicióname, ámame.
La fascinación por los grandes traidores. Yo tengo el mío: Joseph Fouché. Sirvió a todos, traicionó a todos.
ResponderEliminarLa idea no es nueva. Kazantakis la puso por escrito en La Última Tentación de Cristo y un sublime Harvey Keitel le puso rostro en la película de Scorsese. De todos modos, la imagen de un Judas traidor por amor es demasiado sutil, contradictoria, perturbadora, hermosa, terrible... humana, en definitiva, para que la iglesia institucional la acepte jamás. En estos tiempos de trincheras ideológicas y religiosas, parece que solo valen las ideas simples, las imágenes simples y los malvados del TBO, aunque sea en las sagradas escrituras.
ResponderEliminarCon el Moisés español que rehabilita jurídicamente desde agujeros negros hasta terroristas los españoles, me temo, van a tener que tragarse al ZIscariote desde Afganistán hasta la Nación de la Sopa.
ResponderEliminarSAludos