Thursday, September 28, 2006

Los editores no pasan página

Leer las reflexiones de los editores en Liber 06 sobre el libro y las nuevas tecnologías ahoga esperanzas.
Parecen no entender lo que está ocurriendo con la lectura y el libro. Están atrapados por un modelo de negocio obsoleto, como ha ocurrido con la música, con las noticias y con el cine y la televisión, y no pasan de disputar sobre el dinero de hoy (precio fijo, descuentos en libros de texto, crisis de los canales de comercialización tradicionales, especialmente librerías).
No es de extrañar. La crisis es profunda. El modelo de saturación del mercado con miles de libros se agota.
La revolución digital es muy limitada en España. Autores (con excepciones) y editores (también) todavía no exploran con decisión sus ventajas ni su funcionamiento.
La pelea con las nuevas bibliotecas digitales como Google Books sigue sin que se entiendan bien algunas objeciones a un proyecto que informatiza letras para convertirlas en bits pero respeta los derechos de autor cuando se demanda.
La noticia de la incorporación de la biblioteca de la Universidad Complutense al proyecto Google ha sorprendido a los reunidos en Liber, la gran feria del sector. Es una noticia buena y mala. En foros como Barrapunto se preguntan si se respetará el acceso a los libros de dominio público, imprescindible.
La respuesta posiblemente es que sí, aunque con las restricciones de los libros en pdf de Google.
El acceso a los libros, algunos joyas bibliográficas, de la Complutense a través del gran buscador es buena noticia para la cultura hispana, pero mala para nuestra tecnología.
Luis Ángel Fernández Hermana o José Antonio Millán han reclamado el desarrollo de nuevas tecnologías de búsqueda y biblioteconomía en español y lenguas hispanas.
Los planes Avanza del Ministerio de Industria o los de Fomento de la Lectura y ayudas al libro no han sido capaces de tal logro.
El gran proyecto de biblioteca europea sigue enfangado en un mar de bruselitis, funcionariado e intereses nacionales contrapuestos.
Los ciudadanos están muy lejos de ser el objetivo y los grandes beneficiados.

Cuando un libro ya no tiene que ser de papel ni tener más de 49 páginas la edición electrónica en España es muy residual y no aumenta al ritmo adecuado.
El uso de blogs, literatura participativa, nuevos formatos, etc. es todavía una excentricidad a menudo devorada ya por el marketing como único objetivo.
El Ministerio de Cultura se gastará 38 millones de euros en un plan de fomento de la lectura (nota en pdf) que se concentrará en adquirir más fondos para bibliotecas y a poner anuncios de televisión mostrados en campos de fútbol y canchas de baloncesto.
Para El Corte Inglés también habrá un pico y el marchamo de ser patrocinador de la cultura.
Del departamento de Carmen Calvo no se espera nada mejor ni más imaginativo. El dinero se tira en actividades publicitarias con poquísimo retorno mientras no se entra de lleno en el problema: ni en el de la lectura ni en el del sector del libro.
Tampoco es que todo necesite la ayuda pública y la cultura también debe desarrollarse sin ella. Pero puestos a invertir fondos públicos, mejor si sirven para algo.

Para preparar nuestro encuentro informal sobre Blogs y libros paralelo al Liber, Manuel Bragado, director de Xerais, ha preparado una propuesta con temas discutidos los últimos meses que incorpora algunas ideas valiosas y que compartimos muchos de nosotros:
"O novo paradigma de comunicación cultural electrónica asume a lectura como o seu elemento central, modificando radicalmente as funcións que desempeñan as industrias e as institucións da cultura analóxica, especialmente o papel dos editores, dos libreiros e das bibliotecas.
O característico do mundo do libro non reside xa no soporte (sexa analóxico-impreso ou dixital-electrónico) e, si pola contra, na actividade que promove, a lectura.
A biblioteca, neste novo modelo comunicacional electrónico, transfórmase na primeira institución cultural de cada comunidade local para acceder á nova Sociedade do Coñecemento, especializándose como un punto de acceso público tanto á rede comunicacional dixital como aos fondos documentais analóxicos.
No eido da propiedade intelectual o entorno dixital require un modelo de propiedade intelectual máis flexible"
.

Wikis del encuentro Blogs y Libros y Propuestas para una literatura participativa

3 comments:

  1. El problema es que la tecnología avanza mucho más rápido de lo que lo hacen las leyes. Para fomentar la lectura una inyección de subvenciones y punto, sin que luego se haga un seguimiento de si lo que se ha invertido da o no resultado. Si se siguen poniendo travas artificiales al desarrollo tecnológico no va a hacer mas que retrasar la inovación y el aumento de la cultura general y difusión de conocimiento.

    Lamentablemente tenemos políticos del siglo pasado para desarrollar la tecnología del futuro.

    enguillem

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  2. Hola Juan!!!

    Por su interés, reproduzco el artículo que el director del diario valenciano Levante ha publicado hoy:

    Monumento rico, monumento pobre

    PEDRO MUELAS
    La casualidad, si es que existe, quiso que coincidieran en el tiempo la gran tragedia de la muerte de 43 valencianos en la Línea 1 del metro y el gran acontecimiento de la visita del Papa, dos hechos históricos que nada tendrían que ver si no fuera, digo, porque la casualidad, si es que existe, los hubiera puesto el uno junto al otro.

    Esa misma casualidad, exista o no, ha provocado que estén el uno junto al otro y sean objeto de comparación en la conciencia de los valencianos, se diga o no se diga públicamente. El paralelo ha puesto de relieve que, por un lado, nada más acabar el Encuentro Mundial de las Familias, Camps, Barberá y Camps, Gerardo se pusieron de acuerdo para pedirle inmediatamente una obra de recuerdo a Calatrava mientras que, por otro, de las víctimas no se había pensado nada.

    Nada más que la maldita casualidad ha querido que al encargo de Calatrava no se le haya puesto precio («lo que haga falta») y se esté hablando de algo a la altura del entorno - ya saben Ciudad de las Ciencias- mientras que el de las víctimas lo ha diseñado ya el cantero municipal y costará 13.000 euros y un mes de trabajo. ¿Qué hizo Madrid a la memoria de las víctimas del atentado?

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  3. Hace algo más de 10 años que comencé a trabajar en la publicación digital de contenidos editoriales. He trabajado para muchas de las grandes editoriales, y debo decir que no estoy demasiado de acuerdo con lo que comentas.

    La cantinela de que el libro está acabado suena y resuena año tras año en el mundo editorial, y ya suena como los cantos de sirena, originalmente atractivos por su mensaje rupturista, pero vacuo en efectos sobre el mundo real, que sigue igual, sin grandes cambios, ni en cuanto al uso que se hace del libro, ni en cuanto al modelo de negocio que se aplica a la hora de editarlo y publicarlo. Las editorailes han hecho grandes esfuerzos, muchos de ellos inútiles, en promocionar la edición digital, con discretos resultados en el mejor de los casos, y generalmente económicamente fracasados. Y esto ha pasado porque hay algunos aspectos del modelo electrónico que muchas veces no se tienen en cuenta, pero que son clave para entender por qué no funciona la publicación digital tradicional en Internet.

    Quizás el factor más importante por el que se venden enciclopedias de 20 volúmenes y casi no se venden encilopedias el doble de grande en CD-ROM, o suscriciones a las mismas por internet, por ejemplo, es que los libros ocupan, y el CD-ROM o la suscripción no. La primera enciclopedia electrónica en CD-ROM que se publicó en España valía 50.000 pesetas, menos de la cuarta parte de lo que valía esta misma enciclopedia en papel. Fue un fracaso. La gente no estaba dispuesta (a pesar de las grandes ventajas informáticas en cuanto a búsquedas y relaciones entre artículos, por ejemplo) a gastarse 50.000 ptas. en un trozo de plástico, y sí 4 ó 5 veces más en 20 magníficos volúmenes encuadernados en piel y con letras en pan de oro que ocupan toda un estante en la librería del salón. Es una cuestión psicológica: los libros son algo concreto, que ocupa, mientras que un CD-ROM o una suscripción en Internet no.

    La mayoría de los productos que hago ahora, tanto en CD-ROM como en Internet, acompañan gratuitamente a una obra en papel. Las editoriales han visto que tienen valor como promoción, pero que, por sí solos, no se venden más que a precios que no comensan los gastos de hacer una obra de la magnitud de una enciclopedia. Esto ya pasaba antes de la Internet, pero pagar por contenidos en la red, a día de hoy, es aún menos viable, ya que ante la cantidad de información libre que existe, no hay incentivos suficientes para que la gente pague por información, aunque sea esta de mayor calidad (cosa discutible, por otro lado). Esto es tan cierto que las editoriales buscan como clientes directos para sus productos electrónicos no a particulares, sino a entidades como colegios, bibliotecas, administraciones públicas, que sufraguen el acceso a sus obras, dándolas esta administraciones libremente a sus usuarios. Es la única vía de negocio que les funciona.

    En segundo lugar, no hay tecnología electrónica que supere a un libro, especialmente si éste es de bolsillo. Las tecnologías suplen a las anteriores sólo si aportan mejoras prácticas. Las tecnologías de lectura existentes van de incómodas a insufribles. Pueden ser adecuadas para textos cortos, pero son una auténtica tortura para leer, por ejemplo, una novela de 200 páginas. Hasta que realmente se invente una tecnología capaz de ofrecer la comodidad del papel, no habrá pelibro alguno para el libro. Es tanbién por este motivo por el que los periódicos de papel se siguen vendiendo como churros, sin demasiada interferencia por parte de sus versiones digitales.

    Otro ejemplo: se pronosticó también que la mensajería electrónica reduciría en gran parte el gasto en papel que realizan las empresas, pero ha pasado precisamente lo contrario. La facilidad de edición que permiten los procesadores de texto, unida a la limitada comodidad de lectura de dichos textos ha disparado el cosumo de papel en las empresas, que imprimen para facilitar su lectura una gran parte de los comunicados redactados con tan poco esfuerzo.

    En cambio, con la música la tecnología sí ha podido ofrecer ventajas sobre los medios tecnológicos tradicionales y ha reventado el mercado tradicional de distribución. Cuando llegue ese gran invento en el caso de los libros, entonces les pasará lo mismo, sin duda, pero mientras tanto los libros gozan y gozarán de excelente salud, me temo.

    En tercer lugar, los autores tampoco están especialmente interesados en participar en este nuevo modelo de edición. Stephen King jugueteó con Internet hace unos años con uno de sus libros, y no ha vuelto a intentarlo. En general los autores siguen creyendo en el modelo tradicional de la creación de obras, y confían muy poco en la Internet como medio para difundirlas, especialmente si hablamos de novela. Están muy ligados sentimentalmente a los libros de toda la vida. Lo mismo pasa con muchos lectores, que colecionan los libros en cuidadas bibliotecas, no tanto por el hecho de tener la información que contienen, que en muchos casos ya han leído y pocas veces volverán a hacerlo, sino por el sentido de reverncia y devoción que sienten hacia ellos. No les satisface en ningún caso de la misma manera una suscripción a Google Great Books of All Times (aunque no descarten tenerla) como lo hace un mueble librería repreto de los libros que disfrutan leyendo.

    Si hay algo a lo que se parece Internet es a los medios de comunicación (que es básicamente lo que es). Las noticias, los blogs, los artículos ensayísticos breves, suplen gracias a su limitada longitud los rigores tecnológicos actuales impuestos a la lectura electrónica, y por eso tienen éxito en Internet. Además, Internet, como herramienta interactiva, es excelente, y abre todo un mundo de relaciones hasta ahora inviables, como son, por ejemplo, los blogs o los foros. También es un medio perfecto para la edición y publicación audiovisual, en competencia directa con las televisiones. Pero tiene limitaciones serias a la hora de hablar de grandes obras.

    ¿Cómo lo ven ustedes?

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