Thursday, November 16, 2006

Prensa de ladrillo

Los trabajadores del Diario Málaga crean el blog Diario Malaya para denunciar su situación tras la implicación del constructor y editor Emilio Rodríguez Bugallo en la trama de la corrupción marbellí.
El diario cerró el pasado 9 de octubre y desde entonces los trabajadores reclaman sus indemnizaciones.
Bugallo, dueño de Construcciones Salamanca, pagó 1,25 millones de euros a los munícipes corruptos de Marbella, según los investigadores, para beneficarse de recalificaciones y licencias urbanísticas. El constructor es también propietario de la Plaza de Toros de Puerto Banús y de negocios de hostelería.
Esta situación pone a la prensa, a los editores (reunidos hoy en León) y a los profesionales ante una verdad conocida y responsable en gran parte del deterioro del periodismo y los medios durante los últimos años: la conversión en editores de arribistas interesados sólo en beneficiarse de la influencia de la prensa y su cercanía a los poderes políticos y económicos.
Diarios, televisiones locales y autonómicas o radios han sido la presa de estos buscadores de fortuna.
Su negocio es la influencia. La suya privada, no la social.
Su mercado, el del poder y las corruptelas y favores, no el de la información.
Su financiación, la publicidad de empresas propias y amigas completada por las subvenciones y la publicidad otorgada por los poderes e instituciones públicas.
El negocio es perfecto. En información se invierte poco. A los profesionales se les paga mal. Se invierte un dinerillo financiado con la publidad propia o de amigos y el propio retorno de la inversión institucional.

La información y los ciudadanos son las víctimas. Los editores honrados, también.
Con tantos periodistas (2.000 licenciados en Periodismo anuales y 17.000 estudiantes, según datos de la APM) es fácil quedar atrapados por este mercado corsario ante la avalancha de profesionales en busca de trabajo. Los estudiantes de periodismo son el 0,8% del total, pero reciben el 0,4% de las ofertas de empleo.
Resultado: trabajo basura, precarización de la profesión, falta de deontología profesional, limitación de la libertad de informar e inseguridad profesional (Informe APM sobre la Profesión Periodística).
Los corsarios de la información y los traficantes de influencia se benefician de la vocación de muchos, la corrupción de la política hiperprofesionalizada y el hermetismo y falta de transparencia del sector de los medios en España.
Mientras muchos sectores económicos, de servicios y productivos se han ido abriendo al mercado y levantando la opacidad de épocas anteriores, la información continúa siendo un agujero negro.
Sólo dos grupos de prensa (Prisa y Vocento) y tres televisiones (Telecinco, Antena 3 y Sogecable) están en bolsa. Garantía de transparencia de datos.
El resto de los medios -con pocas excepciones- abandonaron hace tiempo aquella vieja tradición de publicar cada año la cuenta de resultados y el listado de accionistas.
Era un ejercicio de transparencia en el contrato con el público, connatural con el periodismo.
La información de unos medios sobre otros no existe más que para publicar la publicidad propia o navajear al competidor. En la información económica y social española, la prensa y los medios sólo publican autopromoción y algunas reflexiones generales.
La prensa de ladrillo no deja ver. Tapa cualquier hueco de transparencia. Impermeabiliza la reputación y el ejercicio de la función social de la información. Hay más sectores cercanos a estas prácticas: el fútbol es un maná, por ejemplo, en un buen palco se estrechan acuerdos como en ningún centro de negocios; y los goles tapan las vergüenzas.
¿Lo saben los periodistas? Sí.
¿Están enterados los ciudadanos? Muchos sí, y la crisis de credibilidad es patente.
Sólo con una imprescindible transparencia de la profesión y el mercado puede acabar con una situación que contamina la información, los medios y el espacio público.
Sólo si empezamos a investigar y denunciar estos casos es posible evitar situaciones como la que ahora viven los profesionales de Diario Málaga.

4 comments:

  1. Los trabajadores de Málaga son el último ejemplo, pero no son el único. Su caso es llamativo porque ha sucedido de golpe, pero ha habido muchos profesionales válidos, gente con mucha experiencia, que han sido los primeros en caer cuando el ladrillo se ha colado en el accionariado de sus medios. Su casos no se notan tanto, pero son un goteo continuo que está sucediendo ante nuestras propias narices.
    El mecanismo es sencillo. Aprovechando las dificultades que atraviesa el sector de prensa diaria, el ladrillero de turno se mete en el accionariado, presentándose a si mismo como el "caballero blanco" que va a salvar la cabecera, muchas veces histórica y de referencia en la provincia. Poco tiempo después, empieza el goteo y los profesionales más válidos y por tanto más críticos y lúcidos se van por la puerta de atrás.
    A veces, el despido se intenta justificar o disfrazar. Pero, en la mayoría de las ocasiones, los cancerberos del nuevo amo tienen la desfachatez de reconocer en la carta de despido que éste es, directamente, improcedente. Total, el ladrillo da tantos millones que se pueden despedir plantillas enteras sin que suponga un recorte significativo en la cuenta de beneficios del cacique del cemento.
    Cuando la redacción ya está limpia de elementos subversivos, esto es, de veteranos, son sustituidos por recién licenciados -y eso, con suerte- que se dedican a rellenar páginas a chorro por el salario mínimo. Se pone un director de paja, eso si, bajo la tutela personal del nuevo amo, que se nombra a si mismo con algún cargo pomposo, tipo 'director editorial' o cosas por el estilo, para controlar en todo momento lo que publica, siempre complaciendo al poder local, provincial o autonómico.
    El sátrapa local o regional de turno premia el peloteo con sustanciosas recalificaciones de terreno que realimentan toda la maquinaria y la hacen rentable. Lo increíble del caso es que, aunque repugnante, todo el mecanismo es absolutamente legal y funciona a plena luz del día. La jugada, al final, se redondea concediendo licencias de radio y TV a los nuevos caciques mediáticos, que así consolidan su poder.
    Quien esto escribe lo ve y lo vive todos los días, en su propia ciudad. Pero cualquiera que trabaje en los medios, especialmente en los de una pequeña capital, sabrá que lo que estoy contando es cierto. Sólo cambian los nombres de los caciques, de los políticos, de los medios y de los trabajadores despedidos, pero el guión es exactamente igual. De una forma u otra, directamente o en la piel de amigos y compañeros lo ve. Y nadie hace nada, porque a nadie le interesa que la maquinaria se pare.

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  2. El mas grande de los nombres de la prensa del ladrillo, condenado y encarcelado y vuelto a colocar en la vida, es AMMP, un pocero con lustre. He visto como le acercaban la mano, por ejemplo, el presidente de FAP, el mismo que a tí te contrata, por cierto, y como otros ilustren firmaban contratos antes con él. Pero él, claro, ya es otra cosa, no es un apestado, no vende ahora, organiza exposiciones y se fotografía, mucho, con los poderosos, no mancha a los que interesa manchar, aunque sus periódicos, sus medios, en vez de a tinta o a k, huelen a basura. A basura. Es mejor no darle la mano pese a todo.

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  3. Un claro ejemplo de esto en la Sierra de Madrid:

    http://faraonchurrero.blogspot.com/2006/11/quin-es-quin-en-la-prensa-local-de.html

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  4. No sabemos cómo hacer un trackback a este artículo, pero para el caso da igual. Acabamos de enlazarlo desde nuestro blog, dado su extraordinario interés.

    Gracias, un saludo.

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