Thursday, December 14, 2006

70 años para encontrarse

Se reencontraron el otro día, en Oviedo. 70 años les separaban desde la niñez. Ahora andan por los 90. La última vez que se vieron se disparaban sin ganas desde dos frentes opuestos.
Antes, en aquellos tres años (1936-1939) se habían visto varias veces. Casi como en el pueblo, antes de cargarse con el fusil. Estaban donde les pilló. Vivían en Pola de Siero y no tuvieron opción.
Uno estuvo siempre con los nacionales, era demasiado joven para tener ideología, había comenzado a trabajar en la mina y su casa, su calle y su historia lo metió en un bando.
El otro fue a la guerra porque su madre se empeñó. ¡Eran tantos hermanos! ¡Y todos a pegar tiros por el monte en lugar de trabajar y traer dinero a casa!
Cosas de los hombres, ya se sabe.
Vete tú, que tu hermano se quede para bajar a la mina y traer dinero con que compraros de comer.
Y allá fue. Era el pequeño, el saber de su madre se impuso. Quedó el que mejor trabajo tenía cuando ya los mayores andaban en la montería fratricida.
Empezó con los rojos. Minero (nuevo), pero minero, ¡qué carajo!
¡Hostia -pensaba-, pero qué mal se come aquí! Todo el día echado al monte disparando sombras que no ves. O peor, se quedaban amartillados en las trincheras, a unos metros, viéndose las caras, como cuando se las veían en la plaza o al entrar en la galería. Compañeros.
Cuando los oficiales se marchaban pegaban tiros a los sacos terreros, afinando para no darse unos a otros, pero que se viera qué buenos soldados eran.
Un día dejó a los rojos. En el frente un amigo le dijo que con los nacionales se comía mejor, tenían más balas y el equipo daba más abrigo.
Así que se cambió de bando. La tía se había cansado en el Naranco, cerca de Oviedo, de traerle comida caliente. Eran demasiados hermanos, pegaban demasiados tiros y no había mucho de comer después de tanto tiempo de guerra.
La última vez que se vieron estaban allí. En el Naranco. Cada uno a un lado. Gritaban para preguntarse por gente del pueblo. Disparaban cuando se acercaban los oficiales. Hablaban cuando se alejaban.
La puta guerra. Con lo felices que estaban empezando su vida de mineros. Y las fiestas de La Pola. Venían mozos y mozas hasta de Somiedo y Babia.
Y estos a tiros.
90 años. Una vez se quedó dormido. Exhausto. Tanto que se fueron los suyos. Cuando despertó estaba con los otros. Uno de cerca lo reconoció: "Calla y ven con nosotros", le dijo. Fue una de las veces que cambió de bando.
En cuanto pudo volvió al otro. Sólo porque su tía llegó con la comida y no lo encontraba. Lo daban por muerto. ¡Leches! 90 años, tú. Y encontrarse así, en una calle de Oviedo. Y reconocerse.

(Es una historia real que me contaban el otro día).
El congreso debate la memoria histórica.
P21 | Tenemos memoria

3 comments:

  1. Me ha encantado tu historia porque en esa guerra civil no todos fueron luchadores por la causa, la que fuera. También hubo quien hizo lo que pudo para sobrevivir o quien tuvo que hacer de tripas corazón y luchar y morir donde le tocó y con quien quien le tocó, no con quien hubiese querido, o alistarse a toda prisa para que no lo represaliasen, a él y a su familia. También hubo, como en todas las guerras, quien fue a la trinchera creyéndose que luchaba por una buena causa y salió horrorizado de la matanza. E incluso algún héroe, que también lo hubo, que en medio de una carnicería fratricida se negó a odiar. Y, por desgracia, también hubo quien murió porque pasaba por ahí, o porque no caía bien, o porque tenía alguna cuenta pendiente con quien tenía el fusil en aquel momento.
    Ellos también tienen derecho a la memoria, estén enterrados en un cementerio o en una cuneta.

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  2. Muchos, muchos, no unos pocos.

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  3. Hubo quienes murieron en las cárceles, contagiados de tuberculosis como un familiar mío, con 22 años recién cumplidos y 8 meses de prisión infrahumana en la posguerra de 1939. Sin haber sido soldado, sin disparar un tiro, solo porque era un joven con ideas republicanas, un artista que pintaba carteles "rojos"...
    De la cárcel al cementerio y allí sin lápida, sin saber sus padres donde lo habían "echado". No se supo nunca y solo me quedan sus retratos y algunas pinturas de su paso por este puerco mundo.
    Hoy, 28 de enero de 2009, hace 69 años de su muerte. Otra triste historia más.
    María del Carmen.

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