Sunday, December 10, 2006

Nacionalcatolicismo al ataque

En el país con más procesiones católicas del mundo, con santos y vírgenes sacados a pasear para jolgorio general y con tantas iglesias e imágenes que pueblan nuestra realidad y nuestra historia es un sarcasmo la preocupación de los obispos por la presunta intención de sacar la religión de la vida pública.
Dicen que "en no pocos ambientes resulta difícil manifestarse como cristiano: parece que lo único correcto y a la altura de los tiempos es hacerlo como agnóstico y partidario de un laicismo radical y excluyente. Algunos sectores pretenden excluir a los católicos de la vida pública y acelerar la implantación del laicismo y del relativismo moral como única mentalidad compatible con la democracia".
Su propia historia y pensamiento los traiciona. La jerarquía católica debería haber aprendido ya que los laicos no piensan ni defienden, como ellos, la exclusividad de su pensamiento, valores y leyes (artículo 16 de la Constitución).
Ellos (una mayoría de la jerarquía, a diferencia de una parte de los católicos y de muchos curas demócratas) sí lo hicieron durante toda la historia de España. Por eso creen que los demás padecen el mismo vicio.
Ni las 105 horas de religión en la escuela ni el ventajoso acuerdo de financiación recibido los calman.
Su codicia material y espiritual es insaciable.
Los laicistas defienden que no hay ninguna religión de estado y que los valores cristianos no son políticos ni legales, aunque algunos coincidan con la democracia, el humanismo y la defensa de las libertades y derechos humanos.
Ellos siguen empeñados en plantar crucifijos y estampitas por los lugares públicos para colonizar terreno, pasión imperialista.
Dominar territorios siempre se les ha dado mejor que convencer almas.
Andan los prelados agitando sus negras presencias porque pierden terreno y cuota de mercado. Su enemigo no es el ateísmo, sino las iglesias y los cultos particulares. De las iglesias nacionalistas -herederas y sucesoras del nacionalcatolicismo español de siempre- a los cultos protestantes traídos por los inmigrantes y al islam que vuelve del sur y del este.
Estos cultos viajan y viven con sus feligreses mientras la jerarquía eclesiástica española vive el retiro de las sacristías y el poder, alejados de sus misioneros, sus obras sociales, sus creyentes.
Frente a esta grey relativista de la sociedad del ocio, vociferante e hipócrita con la asignatura de religión y las alharacas públicas y siempre tan condescendiente con los pecados privados, los obispos quieren un ejército de dios que exprese su fe en privado y público.
Más les valdría lo contrario, por aquello de la salvación de las almas. Menos profesión de fe pública y más virtud privada.
Los católicos están en su derecho de ser y parecer mientras no violenten a los demás. Por eso es necesario eliminar la simbología católica de los lugares de todos los ciudadanos: los símbolos de la iglesia no son los del estado.
Todavía cuando se leen las Orientaciones morales ante la situación actual de España publicadas por la Conferencia Episcopal uno no deja de sorprenderse con la miseria intelectual de estos obispos y su visión parcial y teocrática de la historia de España.
Más laicismo, por favor.

8 comments:

  1. esas declaraciones continuas de la conferencia episcopal y su entorno, con la excusa de la retirada de tantísima presencia católica en la vida civil, no es más que una amenaza, continua, de que si alguien toma la decisión equivocada, piensan atacar.
    No sería la primera vez, todos lo sabemos.

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  2. No hay Dios que pueda perdonar los pecados contra la inteligencia y la razón de tantos beatos y meapilas. ¿No dejó dicho el Cristo que su reino no era de este mundo? Pues eso.

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  3. Vamos a hacer la prueba del nueve. Un servidor se confiesa (en serio) cristiano, católico, apostólico y ecuménico (ojito al último detalle, que es un matiz importante que introdujo el Concilio Vaticano). Y ahora, veamos, ¿cuantos de los aquí presentes tienen ganas de lincharme? ¿ninguno? ¿no hay nadie? ¿ningún voluntario?
    Ahora en serio. Juan, tu post estaría muy bien de no ser por un pequeño matiz. De "al ataque", nada. El problema es justo el contrario. La jerarquía eclesiástica -que no es toda la iglesia, ojo- lleva tantos años a la defensiva que todo les cheira y nada les huele. Porque si tu fe es firme y auténtica, ¿qué leches te importa lo que digan de ti los demás? ¿acaso los primeros cristianos, los que de verdad se jugaban el cuello en la época de Roma, estaban tan agobiados por el qué dirán y por un quítame allá esos privilegios?
    Creedme, no se merecen vuestra indignación, solo vuestra pena. Porque no saben lo que hacen.

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  4. La heredera y sucesora del nacionalcatolicismo, ¿no es la propia jerarquía, impulsora de la unidad y (uniformidad) cultural, religiosa e histórica de España? Me recuerda mucho al pseudo-debate sobre las 'raíces' de Europa. Como si no existieran los injertos. Cristo entre ellos.

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  5. Ojo con esta gente que cada vez que en este país se ha ido contra sus privilegios se ha montao una guerra civil.¡basta ya de financiación a los grupos religiosos!. Por si no lo conocéis ahí va un vídeo divertido: http://www.apostasynow.org/spanish/index.php

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  6. Juan, hablas de tantas cosas que, claro está, de vez en cuando derrapas. Como ahora. Más humildad y menos atacar a la iglesia, majete.

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  7. No sé qué tiene que ver esto con periodismo, medios o sociedad de la información. Reconozco que como blog periodístico eres de los mejores, pero Juan, de verdad que es una pena que te metas en estos temas en los que nos ofendes a muchos católicos, quienes como bien dices en tu blog, tenemos "derecho a serlo y parecerlo mientras no violentemos a los demás". ¿Por qué nos violentas tú entonces?
    Un saludo,
    Carlos M.

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  8. No critico ni censuro la fe de nadie, pero sí su imposición a los demás. La fe no se impone y debe estar alejada de la política. Cada cual con su conciencia. En muchos puntos, cristianos, otros creyentes, agnósticos y ateos coincidirán; en otras no. No hay problema, el único problema es extender los preceptos morales de unos como ley a quienes no los comparten.
    Por eso defiendo el laicismo. Separación entre religión y estado. Sólo se ofende quien no respeta la libertad de los demás.

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