Monday, January 01, 2007

Extraños de los otros

Dos inmigrantes ecuatorianos están posiblemente muertos, víctimas de la última bomba de ETA, cuando esperaban a familiares y dormían en el aparcamiento de la T4 de Barajas.
ETA parece haber matado (a falta de hallar los cuerpos) a dos inmigrantes en el aeropuerto más moderno de España. Los expatriados de la globalización mueren por las bombas de una guerra antigua contra un enemigo ya inexistente en una de las catedrales laicas de la ciudadanía nómada.
Una metáfora triste y sangrienta de la sinrazón y el anacronismo del terrorismo.
"El nacionalismo es hambre de poder teñida de autoengaño", la definición de George Orwell es más vigente que nunca. La obsesión y la indiferencia a la realidad del nacionalismo radical vuelven a ponerse de manifiesto como esa inestabilidad (la gran debilidad del proceso de paz) que Orwell denunciaba.
En un mundo cada vez más abierto, con más gente moviéndose de un lugar a otro en busca de trabajo, futuro y una vida mejor algunos siguen empeñados en un turbio ideal desaparecido con los vestigios de los males y amenazas que lo hicieron surgir.
El terror y la maldad se resisten a desaparecer.
Un año nuevo más con la misma vieja condena.
ETA y su absurda violencia es uno de los últimos vestigios del franquismo. Otro es esa búsqueda cainita permanente de enemigos internos y la cerrazón endogámica de quienes se sienten amenazados (otra vez el mal de España padecido por Unamuno).
La explosión de ETA ha arrasado el diálogo para la paz en Euskadi. "Las treguas se abren desde la cúpula y se cierran desde los comandos", explica con agudeza Kepa Aulestia.
Quienes no saben vivir con los demás y sin enemigos no pueden entender ni tienen esperanzas en la paz y la democracia. La rabia los devora y agosta su capacidad de vivir con los demás, con los otros.
Dos modernos otros, esos inmigrantes cada vez más presentes en la vida real pero todavía invisibles para una gran parte de la sociedad, han muerto por la incapacidad de unos para reconocer a los otros.
Los totalitarios necesitan enemigos. "Cuando la comunidad colapsa, la identidad se inventa", ha dicho Eric Hobsbawm. Y algunos perviven escarbando el mundo y la comunidad inexistente en los rastrojos del pasado mientras otros, muertos en esta pesadilla, buscan fuera de su comunidad una vida sin etnicidad ni mito, anclada sólo en el desafío de la vida cotidiana.
La bomba de ETA se ha llevado dos vidas en busca de una existencia radicalmente distinta a la de quienes los mataron. Las víctimas estaban ahí para vivir un futuro para ellos y los suyos. Extraños en otro país y otras gentes para ser ellos.
Sus asesinos viven extrañados en un mundo inexistente. En guerra contra un enemigo ya enterrado por la democracia y el autogobierno de Euskadi.
Pero siguen encerrados, desconociendo y ajenos a los otros. Cuando las diferencias con el otro ya no son culturales ni vitales, los excluyentes necesitan crear extraños burocráticos. Hacer artificialmente ajenos a nuestros vecinos.
Pero "ser un extraño o estar en tierra extraña son estereotipos de la infelicidad", como ha descrito Ulrich Beck en un libro recomendado por Fernado Savater a los jóvenes vascos para que entendieran que convertir a los otros -los que no piensan como nosotros- en judíos, ese arquetípico gueto interior, sólo sirve para asegurar el daño, no su solución.
La bomba de ETA en Barajas ha enterrado a dos extranjeros que cada día son menos extraños para una mayoría que sus posibles homicidas, a pesar de su mayor distancia de origen y sangre.
La bomba de ETA ha enterrado otra vez la esperanza de la paz (Arsenio Escolar, Manuel Bragado) y amenaza con encerrar a más en su imposibilidad de reconocer y convivir con los otros.
Lo primero, a la izquierda abertzale y al sostén social e ideológico de los terroristas. Pero también a ciertas víctimas y a quienes las empujan a no reconocer realmente al enemigo y buscarlo en otros con la indiferencia a la realidad orwelliana.
Unos y otros se encierran en su propio gueto. Extraños entre sí y del resto de la sociedad.
Durante muchos años las víctimas del terrorismo fueron invisibles. La permisividad de una parte de la política y la sociedad con los violentos los ocultaba. Para otros su existencia era casi la vergüenza de la imposibilidad de acabar con el terror.
Las bombas pueden acabar con este intento del fin de la violencia, pero no deberíamos dejar que nos hiciera extraños, temerosos y enrabietados a unos de otros. Esa es la victoria de la patología del miedo.
Nadie es extraño, ni las víctimas de antes ni las de ahora. Y cuanto menos extraños sean y se sientan los que jalean y sustentan a los terroristas, la paz encontrará mejor el camino.

P21 | Zapatero suspende el proceso de paz

12 comments:

  1. Y sin embargo, Juan, los inmigrantes que ahora tanto nos preocupan a los españoles podrían ser una de las mayores promesas de paz para toda España y, por ende, para el País Vasco.
    No sé si has estado recientemente en Vitoria-Gasteiz. Si alguna vez vas por ahi, sobre todo si es en primavera, vete al Mentirón. Es un bar célebre que se encuentra situado en la esquina donde termina la calle que conduce a la Diputación y comienza la plaza de la Virgen Blanca. Es uno de los rincones más concurridos de la ciudad, sobre todo al mediodía, a la hora de la cañita y el pincho.
    Pídete un zurito o un marianito con un pincho -te recomiendo el de jamón con pimiento verde, es mi preferido- y dedícate a ver pasar la gente por la plaza durante media hora o tres cuartos. Vascos verás muchos, pero también magrebíes, europeos de dentro y fuera de toda la UE, chinos, paquistaníes, indios, africanos y gente de toda Iberoamérica, desde la Patagonia hasta Río Grande.
    Los hijos de esas personas son el futuro de Euskadi y de España entera. Sus padres han nacido en el Altiplano Andino, en algún valle de la Berbería o del Atlas, junto al Yang-Tsé, en el Indu-Kush, junto al Ganges o puede que lleven en sus venas sangre cosaca. Ellos tienen sus raíces en muchos de esos lugares, pero se harán adultos en España.
    Sabino Arana creía en el "volksgeist" vasco. Soñó con una Albania euskalduna a caballo de España y Francia. Pero para que el "volksgeist" de los vascos, el espíritu de su pueblo, puede sobrevivir, habrá que enseñarle euskera y cultura vasca a niños cuyos padres rezan de cara a la Meca, u oran a Ganesh y a Siva, o siguen el rito ortodoxo, o invocan a Buda o hacen ofrendas a Yemanyá y Ochún.
    Por mucho que se empeñen los nacionalistas vascos, entre nosotros, el resto de los españoles, y ellos, los vascos, no hay diferencia alguna, ni cultural, ni racial. Y por eso era posible hacer pasar por vascos de pura cepa a hijos cuyos padres de son de Orense, Cuenca, Ciudad Rodrigo o Málaga, euskaldunizarlos y seguir soñando con la Patria Vasca una, grande y libre.
    Pero eso no es posible con niños mulatos, indios, hindúes, chinos o eslavos. Incluso aunque les pongas txapela y les hagas memorizar todos los mitos que quieras, eso ya no es posible. Porque la diferencia, bendita diferencia, ya es demasiado grande. Por eso, esos dos inmigrantes que ha matado ETA simbolizan muchas más cosas que la cerrazón de los terroristas.
    Simbolizan que su sueño es imposible, que ya no podrá ser ni hacerse realidad jamás. Simbolizan que la sociedad por la que dicen luchar ha cambiado demasiado como para que puedan seguirla. De eso mismo, de que su sueño era imposible, fue de lo que se convencieron sus secuaces del IRA hace ya unos años, y por eso, entre otras cosas, arrojaron la toalla.
    Hoy en día, gracias a Dios, hay muchos barrios en el País Vasco, donde los españoles de nacimiento, vascos o no, somos minoría. Incluso ya hay barrios donde los caucásicos, digámoslo sin disimulos, los blancos, los occidentales, somos minoría. Si los vacos de hoy quieren que su mundo, su cultura, su lengua, sobrevivan, deberán compartir sus valores y su país, que también es el nuestro, con esas personas que han venido de tan lejos.
    Pero el día que eso suceda, el sueño de Arana estará muerto para siempre. Y el de ETA, también. Y las bombas, las pistolas y los Zutabes nada podrán contra ello.
    Bendita sea la globalización.
    Ah, y por cierto, feliz 2007.

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  2. En primer lugar daros las gracias por vuestras palabras, que llegan creo que muy adentro pero que me temo que para el futuro que nos espera, serán magníficas palabras en unos tiempos de mediocridad, mercadeo y amor plastificado. Feliz año 2007!!!!

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  3. Acá te dejo un documental sobre google en video que encontré, espero sea de tu agrado. http://livingsebas.blogspot.com/2007/01/documental-sobre-google.html

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  4. Me parece fantástica la llamada que haces a la calma y a la sensatez. La pelea mediática ahora se va a endurecer y va a resultar más difícil aún mantenerse en una posición acertada que no esté deformada y que no sea precisamente lo que quieren todos los que aún no han olvidado que la dictadura acabó hace 30 años (los terroristas y los que a veces me crean dudas).

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  5. Estoy de acuerdo en lo que dices sobre los inmigrantes. La integración plantea retos y desafíos sociales, pero también conduce al fin de los mitos identitarios. Nunca entendí por qué al nacionalismo periférico se le concede un barniz progresista, cuando es tan cutre y casposo como la nostalgia franquista. La llegada de inmigrantes dinamita los presupuestos identitarios, ese narcisismo de la pequeña diferencia que sirve de trinchera contra "España", en la que los nacionalismos basan sus aspiraciones independentistas. Hablar de lengua propia, de nación, de identidad diferenciada resulta disparatado, a menos que demos la espalda a una sociedad cambiante.

    En cuanto a ETA, el atentado pone de manifiesto su completa irracionalidad. Solo espero que nosotros reaccionemos con cordura. Independientemente de lo que opine de este Gobierno, me repugna ver manifestantes que lo culpan del atentado. Es la misma miseria que llevó a muchos a gritar contra el Gobierno de Aznar "vuestra guerra, nuestros muertos" y que, lamentablemente, conecta con la lectura de sectores importantes en los principales partidos. Es triste ver que, cuando se puede rentabilizar el dolor, a muchos no les importa dar la razón a los terroristas.

    Otegi decía en "La Pelota Vasca" que Euskadi dejará de interesarle cuando los chavales tengan más interés en ir al McDonalds y conectarse a internet que en sus tradiciones ancestrales. ¿No es hora de que él y toda su cuadrilla se retiren a una caverna a llorar la patria perdida? ¿Cuándo se darán cuenta de que ni Euskadi es el Euskadi que quieren ver, ni su Madrid el real. El terrorismo pretende matar símbolos (Barajas, la T4) pero de ellos solo aflora realidad (dos inmigrantes muertos).

    Me ha encantado el post pero me gustaría no tener que leer ninguno más como este.
    Saludos, Juan.

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  6. Cascarilleiro, los retos de la integración no son fáciles. Te recomiendo Todo a cen, de Jaureguízar, para abundar en la velocidad de escape de los extraños y la fascinación de ciertas vidas en el filo.
    Pero creo, como Whitard y como tú, que en no tener nada ajeno está la solución a muchos mitos.
    En todo caso, no se ven los lugares de todos cuando no se quiere mirar. Miopía voluntaria.

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  7. Una vez más me rindo ante tu comentario.Cómo vasco, ciudadano del mundo, nacido en América, viajero todo lo que puedo, y culo inquieto por naturaleza; me cuesta entender el continuo mirarse al ombligo de señas identitarias fuera de lugar en el mundo de hoy.
    Felicidades. Sigues siendo una referencia para muchos en este complicado panorama de la comunicación.
    El Melenas

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  8. No me gusta escribir si no tengo nada que decir, pero la verdad es que no me puedo reprimir. ¡Qué gusto da leer a gente hablando así!
    FELIZ 2007 (estos días, más que nunca)

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  9. Que "pena" que Orwell siga -60 años despues- de plena actualidad.

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  10. Juan, claro que no es fácil. ¡Si lo sabremos nosotros, los gallegos! Pero es el único camino que les queda. Hoy en día, solo pueden sobrevivir las lenguas y culturas que sepan hacerse universales. No se si es del todo bueno o malo, pero es lo que hay. Si quieren que 'su' euskera sobreviva, deberán convertirlo en 'nuestro' euskera. O eso, o resignarse a verlo morir y disolverse en el océano de la cultural global.
    De paso, gracias por la recomendación.

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  11. Entró por Atocha.....¿Saldrá por Barajas?

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