Tuesday, August 28, 2007

Adiós a Umbral

Para lo bueno y lo malo. Como la vida y la literatura. Oráculo de palabras de la tribu. El último castizo

3 comments:

  1. Varela, le dejo aquí la buena accion del día: ayudar a los que tienen que hacer obituarios. Vaya por delante que no sé si es delito informático. Sazonen con tildes y comas a gusto de cada uno.


    Francisco Umbral

    Nueve de cada diez infidelidades son detectadas por el móvil y los usuarios del iPhone reciben facturas de hasta trescientas páginas: como si la monumental Madame Bovary se hubiera publicado por SMS y se entrara en la feria de ganado desde cualquier cajero automático, PIN mediante. La necesidad de responder con la lengua a la pregunta borrosa, urgente y cotidiana que hoy, –circunstancialmente, ojo, periodistasXXI– se cuela retroiluminada, se perpetúa a través de los siglos, como un código genético inmutable, enfermizo: se reconoce al hijo por las deficiencias que en él se ven. Yo ya no te leía, pero a veces te leo: en zanjas donde disculpar molestias como esta sostuve tu columna, cuando la casa se me venía encima y los emocionantes terremotos emocionales sugerían que te acercaras a la viga maestra, umbral o quicio (“maestro de obra, especialmente de la que yo le publiqué” hoy tan repetido: encomendarse al nuevo santo con alguna oración ocurrente para transmutar el libro del almacén en clásica obra maestra y librarlo de la liberadora guillotina). Los adjetivos siempre sucesivos: hosco, repetitivo, pointless novel… Al final los escritores vacíos llenaron el mundo por encargo, sin otra necesidad que la de llegar a la felicidad a través de la tristeza y sin peor intención que la del analfabeto/fnac. No era el horror, ni la muerte, ni lo feo: Poe o Baudelaire hicieron nuestro aquel perímetro para siempre, bien lo sabes. Pero, amor, cómo tardamos tanto en darnos cuenta que el flanco débil de la Belleza era el vacío agigantado, el silencio generado por esas atronadoras estupideces repetidas que cuando caen hacen que nada se escuche. Cabrones, bastardos, niños desahuciados de clase alta por cable o perezosos buscadores de peldaños con banda ancha de Miss Ego: conquistaron la belleza con una nada de volumen infinito, cegados por estrellas de las que desconocían todo excepto el momentáneo flashazo de la muerte y sin siquiera conocer su planeta. En la casa del Padre montaron una rotativa que cada vez imprimía más colores peor y más rápido transparentes páginas hueras, como si los Hermanos Grimm fueran los Hermanos Marx y como si Gutemberg en lugar de la Biblia hubiera escogido “El Libro Guinness de los Records” (con promoción de fin de semana). Ni compraron ni vendieron la novela centroeuropea: la subvencionaron como quien hecha queso al preso con la intención de que lo rodeen los roedores. Qué piscina olímpica necesitaríamos para lanzar a quienes con login/password se alistaron en el ejército de la Belleza y sólo quisieron ver su nombre en píxeles dorados y follar a destajo: esos que se miran en los espejos para saber si son felices. (Pero yo ya no te leía, aunque a veces te leyera: en actualizaciones críticas, de última hora, urgentes, como esta que te digo/decía tenía indicios de que ZPepino PSOETA de la Vogue –aquesta entelequía que persigue la eliminación de la sección “España” de la prensa decente, si la hubiere– ocultaba que tus columnas las escribía alguien que apuntaba al norte o la orquesta Mondragón o el bellísimo minero passolliniano cuyos nombre debe ser esculpido en dinamita o un Manolón monumental alzado como un Franco robado con nocturnidad por una progresía irredenta, soviética desde los tiempos inmemoriales de los reyes radiofónicos, de plebiscitarios juancarlismos republicanos, un decir, ya ves tú.)
    Pero el resto, Paco, más importante que el cociente, el espacio y el tiempo se llenaron con la facilidad de quien da siempre lo mejor de uno mismo y, más pronto que tarde, es recompensado sin apenas percibirlo. Las matrices que te dio el señorito están por fin completas, el encargo se hizo y se olvido sin sustos, llegó la inesperada palabra exacta como un dardo lleno de tinta recién bombeada sans viagra, y leíste las galeradas del penúltimo y no corregiste un solo punto final. CJC: quien aguanta vence. Las dos Españas eran la misma: eran la tuya. Gracias Paco, la plenitud de mi lengua era tu bufanda.

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  2. No, Juan, no me uno a una admiración colectiva artificial por Francisco Umbral como escritor, en absoluto.Como persona, todos mis respetos.

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  3. Mil besos para Umbral.
    De pequeña encontré en un altillo de mi casa un montón de revistas eróticas junto a miles de Triunfos. Mi hermano hizo uso de ellas de esa natural manera que su edad y su sexo le dictaban: sólo salían mujeres, claro. Ante aquel descubrimiento yo también quedé perpleja por la desnudez explícita, pero después de un tiempo los bazaares, penthouse y playboys del 78 y 79 fueron no sólo hojeados, sino también leídos. Allí conocí a Umbral. Y desde entonces no he dejado de leer al mejor desde Larra.
    Mil besos para él.

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