Friday, February 15, 2008

Pobres músicos, pobres ciudadanos

El comisario europeo Charlie McCreevy está muy preocupado por las rentas de los músicos. Para proteger su vejez quiere aumentar la duración de los derechos de autor hasta los 95 años, como en Estados Unidos, desde los 50 actuales que rigen en la mayoría de países europeos.
McCreevy quiere evitar que sean los "parientes pobres" del negocio de la música.
El comisario europeo dice que no entiende por qué los compositores disfrutan de 70 años de derechos de autor mientras los intérpretes y los productores sólo retienen esos derechos durante 50 años (ley de propiedad intelectual española).
¿No será para estimular la producción de más obras originales en lugar de vivir de rentas?
¿No será para que las obras puedan interpretarse por nuevos músicos, con otros estilos?
Así de sencillo.
Y 50 años no es poco. 95 es una eternidad.
Pero el comisario no se lee los informes encargados por la propia Comisión Europea (The Recasting of Copyright&Related Rights for the Knowledge Economy, Universidad de Amsterdam, 2006, pdf) ni los realizados en otros países miembros, como en Gran Bretaña (Review of the Economic Evidence Relating to an Extension of the Term of Copyright in Sound Recordings, Universidad de Cambridge, pdf) para preparar el Informe Gowers sobre modernización de la propiedad intelectual.

Todos coinciden en los argumentos:
1. Las discográficas son las más beneficiadas por la extensión de la duración de los derechos de autor, no los músicos
2. El aumento de los costes de derechos de autor empobrece el negocio de la cultura;
porque se pierden incentivos para obras nuevas a favor de la rentabilidad de las antiguas, ya amortizadas.
3. No beneficia en exceso a los poseedores de los derechos (pese a la teoría de la larga cola) y grava a los consumidores, especialmente a aquellos más interesados en la música.
4. La digitalización abarata todos los costes y por tanto la extensión de los derechos no tiene sentido económico.

Pero el comisario europeo es sordo y ciego para los expertos y los ciudadanos. Está más alerta de los lobbies de los derechos de autor y de la industria discográfica, que a través de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO) lleva años intentando extender los derechos de propiedad de las empresas sobre las obras de los autores e intérpretes.
A la industria discográfica le encanta la propuesta del comisario europeo.
Pero ampliar la duración de los derechos de autor sólo sirve para hacer ganar más dinero a las discográficas y limitar las nuevas creaciones.
Músicos como David Byrne, Billy Bragg o Radiohead no se cansan de repetirlo: el problema para los artistas es mantener el control creativo de sus obras e interpretaciones y aumentar sus beneficios económicos. Ese es el cambio del negocio repudiado por las discográficas y las entidades de gestión de derechos.
Por eso la propuesta del comisario europeo no beneficia a los músicos ni al público. Sólo a los dueños de un negocio que debe cambiar irremediablemente, tanto para retribuir con más justicia a los músicos como para no impedir la creación, la cultura digital y de la convergencia, el remix y las obras derivadas.

Lawrence Lessig, creador de Creative Commons, lo explica en este vídeo:

5 comments:

  1. Hola gracias Juan por compartir este recurso, era un tema sobre el que me estoy informando, y creo que resumen todo muy bien... Y sí estoy contigo en que 95 años es una eternidad infinita...

    Parece mentira que no lleguemos a entender que una cultura puede beneficiar a los creadores y también a la pluralidad y por supuesto a las derivaciones, pues la creación proviene también de juntar varias ideas originales, ahora bien con el respecto respectivo.

    Por cierto me estas haciendo pasar un gran viernes por la noche gracias a este video , es muy muy bueno...Gracias

    Un saludo a los Apasionados del MArketing...

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  2. Una nota sobre la frase: "pese a la teoría de la larga cola".

    La teoría de la larga cola no garantiza ingresos a los músicos ni a los productores en general. Dice otra cosa: dice que la demanda del contenido se distribuye estadísticamente en forma de power-law (una ley de pareto) que entrañaba consecuencias muy negativas para el producto minoritario: que en el mundo físico , el de los átomos, sólo están accesibles al público los artículos que caben en las estanterías. Y que, lógicamente, allí se sitúan los productos de alta rotación (los éxitos), desapareciendo los de baja rotación (los no éxitos o lo antiguo).

    En el mundo digital, no hay límite de espacio, luego todos los productos están disponibles en una base de datos. El hallazgo de Anderson usando datos de Amazon y Netflix, es que el conjunto de la demanda minoritaria tiene un valor en ventas "casi" tan grande como los éxitos y que, por tanto, es un buen negocio... para el distribuidor. Es más, descubre que, todo lo que se ponga, acaba teniendo alguna compra por pequeña que sea. Luego si el coste de añadir producto es cero, añadir más productos es más beneficios... para el distribuidor (agregador) y, por tanto, tiene el máximo interés en disponer de TODO el contenido.

    ¿Qué hace el artista o el productor, sobre todo si es pequeño? Lo que ya conocemos: la distribución digital le permite poner sus obras a disposición de toda "su" comunidad, por pequeña que sea. La novedad es que si es muy pequeña, pueden crearse formas de monetizarla, pero que no son, como se está comprobando, los beneficios de las ventas de las unidades físicas: por ser pocas y márgenes estrechos. La monetización es la venta de bienes derivados que no son copiables, que sí generan escasez (y, por tanto, un margen), que en los músicos no es otra cosa que actuaciones (vaya, lo que han hecho durante siglos) y el merchandising. Con un poco de suerte, como la autora de la música del spot del MacBook Air, vender la canción a alguien de la parte alta de la cola (cobrar por ello) y hacerse famosa. Y eso es dinero.

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  3. Vaya empanada que tienes Varela. No tienes ni idea de lo que estas escribiendo. Confundes conceptos, derechos y nomenclatura. Tan solo un ejemplo de datos profundamente erróneos: David Byrne y Radiohead SON Productores o si lo prefieres Compañías Discograficas. A partir de ahí deje de leer...

    Buen día

    http://elmundano.wordpress.com

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  4. Pues claro que Byrne o Radiohead son productores cuando hacen sus propios discos y distribuyen o comercializan su propia música. Pero acaso eso es parte del cambio de negocio, como lo son los netlabels y la distribución directa.
    ¿Y?
    El problema no es que cuando son productores tengan los mismos derechos de autor que las discograficas, sino que controlan sus propios derechos.
    Agradezco, en todo caso, que hayas llegado hasta el penúltimo párrafo.

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  5. Como te tengo “fuenteado” y veía que debajo había más pensé que seguía. My mistake. Disculpas. Lo cual no es óbice para que siga centrándome en el punto básico de mi comentario. Que es la confusión de nomenclaturas y conceptos. Los derechos de autor no son de los productores (discográficas) o propietarios de las grabaciones –como paganinis que son.

    Que el futuro esté en que los Artistas sean Empresarios -como son los ya citados- es algo que se oye desde hace más de 50 años. Que yo recuerde desde la fundación de United Artists. No se si es el futuro o no. Solo se que es una alternativa ya conocida –y no con demasiado éxito. Hay pocos Artistas que sean buenos hombres de negocio. Julio Iglesias, Mick Jagger, Bob Dylan o Peter Gabriel son rara avis. A la inversa funciona igual. Pocos business men son buenos Artistas (también hay excepciones)

    La raíz de mi comentario está en la noticia misma: La extensión de los derechos del propietario de las grabaciones –sea quien sea. Y estos derechos no son Derechos de Autor, que solo corresponde a los Autores y a los representantes designados por ellos. Tampoco son royalties. Son derechos derivados del uso de la grabación. Técnicamente, son Derechos Conexos, y en concreto, Derechos del Productor de Fonogramas. Más tecnico, Derechos de ejecución publica de los productores de fonogramas. Y no creo que se pueda discutir que la propiedad es de quien la paga y/o compra. Pues aquí, también les corresponde algo a Artistas, Interpretes, Ejecutantes. En este aspecto no solo la legislación difiere a ambos lados del Atlántico sino también en las distintas modalidades contractuales. Había un artículo de Byrne ilustrativo al respecto de los contratos:

    http://elmundano.wordpress.com/2007/12/22/las-estrategias-de-supervivencia-de-david-byrne-para-artistas-nuevos-%e2%80%93y-megaestrellas/

    El tema es mucho mas profundo como para despacharlo en unos párrafos. Esto es un breve esbozo. No seré yo quien caiga en ese error, aunque me haya extendido bastante.

    De nada

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