Wednesday, May 28, 2008

¿Quién impone los símbolos religiosos?

El PSOE se ha negado a votar a favor de una ley para retirar los símbolos religiosos de los actos y ceremonias institucionales. Y otra vez los ciudadanos que defienden la aconfesionalidad del Estado y la estricta separación de religión y administración civil, sea cual sea su creencia religiosa o ausencia de ella, se sienten estafados.
La estafa, las incoherencias de los socialistas, la traición a sus propios principios, demuestran lo poco dispuesto que está el gobierno de Zapatero a defender la laicidad y algunos principios irrenunciables del republicanismo y de la izquierda de los que tanto alardea. Las promesas de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega tienen menos eco e influencia que un avemaría a la puerta de una discoteca.
La táctica de acercamiento al centro, político y sociológico, se impone.
Pero en las disculpas del PSOE aparecen algunos indicios de por qué se mantiene el poder de la iglesia católica en España en ámbitos que no le corresponden.
Dijo el diputado Ramón Jáuregui que el PSOE no quiere prohibir nada. Y uno se pregunta por qué han prohibido cosas que también eran hábitos y costumbres sociales, y se han prohibido para proteger a quienes no los practicaban. A menudo en lo físico. Toca también en lo de conciencia.
Y dice el portavoz socialista José Antonio Alonso que no se puede prohibir lo que no está regulado: "No hay ninguna norma que modificar".
Y tiene razón. La Constitución y el reglamento de la promesa de los cargos públicos de 1979 permitieron al actual gobierno ser el primero en usar sólo la fórmula laica de la promesa. Porque se promete una función pública, no un cargo eclesiástico ni religioso.
Y por eso esos símbolos deben eliminarse de tales ceremonias. Para desvincular poder religioso y civil, como sabemos desde la Ilustración y como principio de la Modernidad. Porque son cargos cívicos y de función pública, no religiosos. Ninguna autoridad eclesiástica puede sancionarlos y se deben ejercer con libertad de conciencia.
Pero efectivamente no hay nada que prohibir ni ley o reglamento que cambiar. Simplemente hay que hacer cumplir a todas las instituciones la ley, sean la monarquía o cualquier otra. Usar sólo los símbolos del Estado (y de las autonomías o ayuntamientos) en este tipo de ceremonias, porque de cargos y funciones públicas se está hablando.
Pero en la costumbre de mantener y colocar esos símbolos se perpetúa un privilegio de la iglesia católica sin relación alguna con las creencias de quienes prometen sus cargos. Y así se mantiene una posición a la que se aferra la jerarquía eclesiástica para imponer sus mandamientos y principios más allá del legítimo ámbito de sus fieles y sus conciencias al resto de la sociedad.
Porque ellos si prohíben, o lo intentan, fuera de sus funciones y ámbito.

5 comments:

  1. Completamente de acuerdo. En los tiempos que corren casi se podría equiparar esa presencia simbólica a la del logotipo o anagrama de una gran multinacional (¿se imaginan a los ministros prometiendo su cargo al lado de un atril con la ventanita de Windows?). Pues eso: cumplimiento estricto de la ley, que es lo que prometen los 'repúblicos' precisamente en esas ceremonias.

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  2. Y, sin embargo, el juramento apela a la conciencia y la conciencia del católico le conduce a la cruz. ¿Es cuestión de eliminar los símbolos religiosos o es lo preceptivo permitir que cada uno elija su forma de jurar/prometer de acuerdo al ideal que tenga? Los efectos jurídicos son los mismos en su irrelevancia: aún no he visto a nadie ser juzgado o cesado porque juró o prometió defender las leyes y luego saltárselas, convirtiendo esto en un agravante: podría decirse que si juró y después incumplió sabía lo que hacía. En este país hemos visto como un presidente del gobierno nombraba un fiscal general del estado incumpliendo la ley, y como lo mantuvo hasta que estuvo a punto de que los tribunales fallaran la ilegalidad del nombramiento (sí, ilegalidad). Prueba de que lo sabía, es que lo relevó para evitar el regodeo público cinco minutos antes de haber sentencia. Sin embargo, nadie utilizó la promesa (se supone que no fue juramento) como prueba de prevaricación. Ese señor hace ahora negocios para Carlos Slim, pero de eso es muy libre.

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  3. Soy Eduardo López
    Vamos a ver… Israel negocia con terroristas. No sólo se reúne Olmert con Abas, que por cierto no es un terrorista, pero también negocia con la milicia que pone a Líbano patas arriba. ¿Por qué en España intentamos esconder el hecho de que los gobiernos dialogan con ETA? Nos estamos engañando a nosotros mismos. www.youtube.com/watch?v=CBMyd1Oz1nY

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  4. Eusebio Gonzáles:
    La AIPAC ha lanzado varias propuestas que podrían afectar el proceso de paz en el Medio Oriente y sobre todo a Palestina y a Israel.
    La no división de Jerusalén que proclamó Obama resulta muy polémica, al igual que la página de paisdemierda.org
    Queda por ver si Obama se alza con la victoria y se reúne con Ahmadinejad o no. En cualquier caso sería, como ha dicho, para impedir el desarrollo del programa nuclear iraní. Creo que España y el resto de la Comunidad Internacional deberían ponerse a pensar seriamente sobre el asunto de la paz y no de la Guerra en el mundo.

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  5. "Y así se mantiene una posición a la que se aferra la jerarquía eclesiástica para imponer sus mandamientos y principios más allá del legítimo ámbito de sus fieles y sus conciencias al resto de la sociedad.
    Porque ellos si prohíben, o lo intentan, fuera de sus funciones y ámbito".

    Todo, lógicamente, bajo tu más modesta opinión...
    Es obvia la necesidad, más o menos urgente, de suprimir ciertos ritos que no vienen al caso, pero de ahí a extender tus argumentos a la subjetividad más absoluta, no veo el puente.
    La Iglesia es lo que es, y punto. Ha cometido fallos, y graves, y punto. Como todos en esta perra vida -regalo o no de Dios-, cometemos. Ya le llegará el momento, como otras veces ha llegado, de autoinculparse y reconocer hipocresías, ínfulas de poder y demás trufas.
    Mientras tanto, nadie es quién para evaluar conciencias. Ni la religión, ni los politicuchos, ni, por supuesto, el escritor de este artículo, por otra parte, muy bien redactado...

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