Sunday, February 15, 2009

Periodistas en crisis

Fernando González Urbaneja, presidente de la APM, rodeado de pancartas de ADN.es

La crisis sacó ayer a los periodistas a la calle en Madrid para protestar por los riesgos del oficio. Pero pocos acudieron. Como siempre. Y los llamamiento de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (Fape) y de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) resonarán como palabras vacías durante muy poco tiempo.
Las reclamaciones del manifiesto leído ayer vuelven a demostrar el despiste de muchos periodistas y el mal diagnóstico de los males del periodismo acentuados por la crisis económica.
Ayer se reclamaron no uno, sino dos estatutos, para que la regulación y las barreras que lo separan cada vez más de la sociedad salven al periodismo profesional.
Al estatuto del periodista profesional que subordinará definitivamente el periodismo al mando de los políticos se sumó la propuesta de un estatuto del editor que vuelve a exhudar corporativismo y una concepción rancia del periodismo como un sector institucional protegido por los poderes públicos.
Pero el verdadero problema del periodismo anida en ese factor: su cada vez menos relevante papel en el espacio público y la banalidad y redundancia de una gran parte de sus contenidos, medios y propuestas.
Las causas del fin de la era de la prensa (Cuadernos de Periodistas, 2006, pdf, también en wiki) siguen vigentes y se han acelerado. Las principales son:
  • la disminución de la importancia del papel social y político de los medios;
  • la sobreabundancia y redundancia de medios en la era de la saturación informativa;
  • una saturación que ha llegado a las fuentes del negocio (pago y publicidad) para reducir el valor de los productos periodísticos y el precio que anunciantes y público están dispuestos a pagar por la información;
  • el inmovilismo, la falta de innovación, I+D y riesgo en una gran mayoría de los medios, acentuada por la burocratización del periodismo;
  • y la apropación del periodismo por intereses ajenos a sus principales valores democráticos y sociales.
Si no se entiende que el problema fundamental del periodismo y los medios de comunicación es su necesidad de reinventar su oferta, sus valores, su función social, su negocio y su distribución en un nuevo espacio público donde el acceso masivo y multiplataforma a los contenidos fragmenta los públicos y requiere la aplicación de nuevos criterios y filtros para llegar a la información de calidad y a los contenidos de interés para cada nicho o segmento, entonces no hay nada que hacer.
Una reinvención del periodismo y los medios basada en más libertad, más función crítica (y autocrítica), menos redundancia y una necesaria reestructuración del mercado y la oferta.
Porque la demanda ya ha cambiado y no espera a lo que propongan periodistas ni editores.
Algunos elementos están en el manifiesto de las asociaciones periodísticas.
Apelan a los editores para que sean editores y no empresarios con otros intereses. Para que no olviden los buenos años de rentabilidad y no acudan a los despidos ante las primeras dificultades económicas. Apelan a los anunciantes, para que mejoren y mantengan sus presupuestos.
Apelan a los gobiernos, estatal y autonómicos, para que reduzcan su injerencia en los medios, aunque en el siguiente párrafo piden más intervención y regulación en una contradicción manifiesta.
Y apelan también a los sindicatos y a las universidades.
¿Y la apelación a los propios periodistas?
Silencio.
Pero tanto el Informe sobre la Profesión Periodística de 2007 como el del pasado año muestran algunos de los principales males del oficio:
  • A los periodistas les preocupa más el intrusismo y los problemas laborales que los profesionales que afectan radicalmente a su trabajo.
  • El problema laboral principal del periodismo es la desigualdad en condiciones laborales, porque la precarización no afecta a todos.
  • La inacción, escasa iniciativa, falta de coraje y pundonor profesional de muchos responsables periodísticos tiene buena parte de la culpa de la crisis de los medios y de cómo se gestionan las redacciones y a los profesionales.
Pero podemos seguir mirando para otro lado y llamando a papá Estado.
4.000 periodistas están en paro. Un 13% sobre el total de periodistas activos o que buscan trabajo, según los datos del Informe Anual sobre la profesión periodística 2008. Pero hay más de 48.000 alumnos de Comunicación (en todas sus modalidades) matriculados en cada curso para una industria que no ha dejado de crecer en demanda laboral y que ahora está abocada a una reducción importante.
El 80% de los periodistas trabaja por cuenta ajena y la prensa es más del 32% del empleo mientras los medios digitales no llegan al 5%.
¿Es esta la radiografía de un oficio con futuro?
En principal problema del periodismo es la falta de oferta, la redundancia, la reiteración, a pesar de los muchos medios que existen, entre los que destaca la inflación de medios públicos. No es un problema sólo de contenidos, sino también de modelos de negocio y estructuras.
Por eso en el nuevo paradigma de la comunicación el periodismo tal como lo entendemos está obligado a hacer crack. A sufrir una crisis profundísima, con desgraciadamente mucho sufrimiento para muchos, antes de que se apueste y se desarrollen nuevos medios y negocios que, en mi opinión, deben ser más abiertos, con mayor búsqueda de la rentabilidad y la función social del periodismo, mejor dimensionados para un mercado fragmentado en el que el público interesado en el periodismo de calidad es un nicho y donde la rentabilidad debe buscarse en una reestructuración del mercado y las fuentes de ingresos del periodismo.
Para todo eso hacen falta ideas, esfuerzo, riesgo y compromiso. No regulación ni estatutos.

16 comments:

  1. Tu diagnóstico sobre nuestra enfermedad es acertado. Y la concentración de ayer, un fracaso rotundo y una muestra más de que estamos en un proceso de muerte degenerativa.

    Evidentemente, son muchos los frentes abiertos (tecnológicos, económicos, editoriales, laborales, sociales...), pero el evento de ayer tenía que haber sido una manifestación de compromiso y solidaridad para con la profesión y los profesionales mancillados. Y también una muestra de que no somos presuntos periodistas. Pero sí, somos presuntos... Ni siquiera fuimos capaces de ver esta convocatoria como una oportunidad para enfrentar posiciones entre nosotros y buscar acuerdos y soluciones en aras de un bien que no es el nuestro, sino el de una sociedad libre y democrática que, especialmente ahora, tiene ante sí grandes retos vinculados al desarrollo digital y el flujo de información, que es nuestra mayor fuente de riqueza.

    Desde mi punto de vista, también queda demostrado que no acabamos de entender qué son las redes sociales, su utilidad, sus posibilidades... En fin, en Facebook se creó el grupo "Por la dignidad de los periodistas", al que se han sumado más de 3.000 personas, pero... La mayoría se ha quedado satisfecha con un clic de adhesión y poco o nada más. ¿Son esto las redes sociales? ¡No! Creo que no debemos perder la perspectiva de que la acción digital no es un clic y que debe tener también un resultado o traducción analógico. Y en este caso el resultado ha sido 150 profesionales dando la cara por miles de compañeros y escasas propuestas, muchas equivocadas, simple maquillaje a los males que arrastramos.

    En fin, que cada uno haga examen de conciencia. Yo ya lo he hecho.

    Por cierto, Juan, eché de menos a unos cuantos bloggers periodistas, que, creo, tenemos mucho que decir en este momento de transición. Y quizá unos más que otros...

    Falta dignidad moral y solidaridad entre los periodistas

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  2. Conde de Lautréamont2/15/2009 9:55 PM

    Digo yo que es un poco trampoco quejarse en el blog de que acudieron pocos periodistas cuando el propio autor no apareció por allí.
    Mejor salir a la calle, aunque la experiencia fuera un poco semifallida, que no perdernos en eternos análisis sobre el presente y el futuro del periodismo mientras nos están crujiendo día sí, día también.
    Sin acritud.

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  3. Valiente análisis. Creo que en el post de ayer dejé claras mis posiciones. La oportunidad de repensar el oficio pinta ahora mejor que nunca, pero el previsible coste a pagar es un profundísimo desgarro social y laboral. Mientras no nos atrevamos con la autocrítica, pocos avances serios podremos registrar. Y no perdamos de vista que al periodismo no le sucede algo muy distinto de lo que le ocurre a otros oficios: muchos años de bonanza (con el sempiterno salario raquítico del currito, pero de bonanza para la empresa), nos han hecho dormirnos en los laureles. Y, ahora, despertar duele.

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  4. Respecto a mi ausencia, estoy de viaje. Así de simple. Si hubiera estado en Madrid hubiera ido, por solidaridad, pero luego me habría quejado mucho más de mis desavenencias con el manifiesto. Ya lo comentamos aquí hace tiempo.
    Los periodistas solemos ser solitarios. Y es evidente que en el oficio no hay una comunidad que se pueda llamar como tal. La mayoría de los periodistas coinciden más con un grupo de compañeros o con su propio medio que con el resto de la profesión.
    Por eso fracasan este tipo de concentraciones. Pero también porque a menudo, a pesar de que hablamos mucho de periodismo y de periodistas, hablamos poco de lo que realmente nos pasa y cómo solucionarlo en común.
    Es un problema del periodismo en España. Sin duda. Yo, personalmente, no puedo estar de acuerdo con los planteamientos que se están haciendo si acaban en estatutos, restricciones al derecho a la información (que es de los ciudadanos) y barreras que no solucionan ni los males laborales ni los profesionales.

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  5. Creo que uno de los grandes males de nuestra profesión es el intrusismo: cualquiera puede ser periodista y muchos siguen defendiendo que esto sea así. Si tuviéramos un colegio profesional (como el resto de "oficios": abogados, médicos, ingenieros, arquitectos, farmacéuticos, veterinarios...) quizá muchas cosas cambiarían. Pero para eso hay que meterle mano a la legislación y nadie quiere entrar en esa madeja.

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  6. Arantxa, no es cuestión de intrusismo, sino de incapacidad profesional de periodistas y directivos mayormente, además de la crisis de modelo de negocio al no ser necesarios/obligatorios los medios de (in)comunicación para que los expertos puedan dar a conocer directamente sus análisis.

    Te lo dice alguien que a los trece años compraba El Periódico de Catalunya por iniciativa propia, del cual bien pronto se aburrió por la escasa profundidad de los artículos. A los dos/tres años me pasé a El País (entonces sí que era la referencia obligada y no ahora), después a El Mundo y finalmente me pasé a los económicos hasta que dejé de comprarlos, incluido el Diari de Tarragona.

    Por tanto, soy muy consciente de la degradación de los contenidos, y de la escasa preparación en general de los periodistas profesionales, que básicamente sólo saben maquetar y redactar, amén de política. En todo lo demás, bien poquito, al menos los que trabajan en los medios, sobre todo las generaciones más jóvenes, que sabrán manejarse en varios idiomas y dominar las nuevas tecnologías pero tienen bien poco qué contar, ahí radica la tragedia.

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  7. Y ni eso, maty, ni eso. Lo dramático es que muchos de los más jóvenes no se manejan en varios idiomas, ni dominan las nuevas tecnologías, ni tienen conocimientos de diseño y maquetación (ni interés ni curiosidad por aprender), ni se apiadan de las reglas básicas de sujeto-verbo-predicado, a partir de las cuales se puede intentar crear. Y ni siquiera la política suscita interés: se confunden concajales con consejeros, cabezas de lista con presidentes institucionales y miembros de partido con responsables del Ejecutivo.

    Se puede alegar falta de experiencia, pero lo que es inexcusable es la falta de interés que se enseñorea hoy de algunas redacciones. Aunque también es cierto que eso va en función de lo profesionalizada que sea la estructura periodística: si no se cuenta con jefes de sección competentes, es imposible tratar de exigir nada a la "tropa", ni explicarles por qué no se puede hacer, por sexta vez en nueve meses, reportajes de temática social pero de perfil extremadamente amable para el interés del lector.

    Y que todo esto lo tenga que decir uno del oficio. Qué suerte tienes, maty.

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  8. Tanto como suerte... mientras estudiaba en la uni a mí sí que me exigían en grado extremo, pidiéndome en los exámenes más allá de lo explicado en clase, no bastando sólo con saber y memorizar, sino que había que entender realmente y... razonar, mucho razonar.

    En ésas traté a estudiantes de periodismo en Barcelona. Si ya el nivel de cultura general de mis compañeros no era muy brillante a pesar de su excelente cualificación académic anterior, la de dichos estudiantes era muy inferior a la mía, lo que me deprimía ya entonces. Y eso antes de las reformas de la LOGSE y variantes que tanto daño están haciendo. Daño disimulado estadísticamente: la nota media de selectividad y el porcentaje de aprobados ha variado bien poco estos años, pero los responsables ocultan (y los medios suelen silenciar) que el nivel de exigencia en los exámenes ha bajado drásticamente (en Selectividad, en los Ciclos, en todo el sistema educativo).

    El comentario sobre los idiomas no es original mío, sino de un profesor en una de esas facultades de comunicación/periodismo, pero de fuera de España, lo que indica que la degradación es generalizada (aunque no tanto como en España).

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  9. Con todo el respeto del mundo, Arancha, pero no puedo estar más en desacuerdo contigo.
    En primer lugar, porque pides un imposible. Si te lees la Directiva Europea de Servicios, verás que todo el modelo colegial español tiene sus días contados. Es más, la FAPE se ha tenido que comer el proyecto que ha desarrollado durante años en este sentido a causa de esta Directiva, porque la UE no va consentir la colegiación obligatoria. Y, sin colegiación obligatoria, seguir caminando en esta dirección carece por completo de sentido.
    En segundo lugar, porque los no licenciados ya son una minoría en las redacciones y, sin embargo, haber conseguido que los licenciados sean una mayoría aplastante no ha evitado que el periodismo esté viviendo una crisis brutal. Como tampoco se ha evitado que nuestra profesión padezca un desprestigio salvaje entre la ciudadanía.
    En tercer lugar, porque si no espabilamos como colectivo, como profesión, los que tú llamas intrusos nos van a echar del sector a patadas. Este desplome del sector, económico y laboral, no sólo se debe a la crisis, que la hay, ni a la incompetencia de editores y ejecutivos, que es palmaria y manifiesta; también se debe a que fenómenos como el del periodismo ciudadano están erosionando el papel tradicional de la prensa y de los periodistas. Y no los hemos visto venir hasta que los hemos tenido encima.
    Nuestra crisis no sólo es económica, sino de identidad. Y nadie nos va a quitar las castañas del fuego en esta ocasión. Si no sabemos hacernos útiles a la sociedad, dejaremos de existir, como colectivo, como profesión, como carrera... como todo. Seguir con el discurso del intrusismo, de la colegiación, del estatuto, es esperar de nuevo a que el mundo se adapte a nosotros, y no al revés. Ya es hora de que nos demos cuenta de que la realidad va por un lado mientras nosotros, como grupo, hemos ido por el opuesto. Y se nos está agotando el tiempo.

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  10. Pues hoy Cebrián ha vuelto a pedir la intervención del gobierno y el parlamento para proteger su sueldo... ¿simplemente la confirmación de que la prensa y los medios llamados institucionales o convencionales no son más que la extensión de un sistema político?

    Sobre el intrusismo: España, que es un país curioso, ha visto como muchos periodistas han llamado intrusos e intrusas a los actores y actrices profesionales que han presentado programas de televisión.

    ¿En qué momento se olvidó que periodista es el que escribe en periódicos? ¿En qué momento se produjo la confusión definitiva entre medio e información olvidándose de que, esencialmente, se trataba de medios destinados al espectáculo y el entretenimiento pero que, en una fracción de su tiempo, daban noticias?

    Algo pasó en la transición, cuando presentadores de telediarios pasaron a gestores de cuentas de resultados, reporteros a actores y actores a no se sabe qué. Todo es la mezcla de una deficiente estructura de conceptos y de formacion: murieron las escuelas de cine, qué decir del teatro. Nunca hubo de guionistas. Y todo se convirtió en periodismo.

    Luego se reclama protección frente al intrusismo. Pero resulta que aparecen muchos ejemplos de que los intrusos son mejores que los de nómina elevadísima explicando sus temas.

    Más víctimas de la digitalización: todos los que pretenden ser gatekeepers del flujo de información. Y malos antecedentes: eso de que haya que tener licencia para vender aspirinas y pañales, o que te den estancos y loterías a dedo.

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  11. Dos problemas principales: 1) Falta de una asociación fuerte que sea capaz de plantear reivindicaciones con seriedad, como hicieron los guionistas en Estados Unidos. 2) Intrusismo generalizado.

    Por no decir de los miles de licenciados de Periodismo que salen al mercado cada año, una cifra muy por encima de las necesidades reales del sector. Menuda carnicería.

    El periodista patrio (blogspot.com)

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  12. Existen formas de ejercer el periodismo con responsabilidad, pero para ello los profesionales tienen que ser más valientes y los empresarios meter sus narices menos.
    Los periódicos son panfletos políticos. Es hora de que eso acabe. En Alemania por ejemplo el vínculo política-periodismo no es tan descarado como en Espanya. Ojala en Espanya se produjera pronto un cambio profundo, empezando por arriba. Sólo así existirá un periodismo digno.

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  13. Me quito el sombrero con el anterior post, porque empiezo a estar harto del discurso del intrusismo. De la misma forma que nosotros llamamos intrusos a quienes ejercen el periodismo sin serlo, ¿cómo llamamos a los ladrilleros metidos a editores? ¿y a los periodistas que juegan a políticos? ¿podemos llamar periodista a un chico que se ha currado una carrera para, al final, verse obligado a preguntarle cuatro sandeces en Barajas a un famosillo casposo? ¿y qué decir de los miles de compañeros que saben que es periodismo,y saben hacerlo y ejercerlo, pero se tienen que tragar sus principios y su ética para escribir basura propagandística con tal de comer? ¿y qué decir de los periodistas que usan su título y su carné como una patente de corso? ¿estos últimos no son también unos intrusos?
    Un servidor no tiene una respuesta clara a esas preguntas. Pero si tiene claro que hace bastante que perdimos el norte. Somos nosotros los que tenemos que decidir qué hacer con nuestra profesión, y no creo que los argumentos corporativos sirvan de nada cuando los primeros que nos hemos cargado la profesión somos nosotros.

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  14. Los periodistas de algunos medios tienen lo que se merecen por su servilismo ideológico y complicidad con la manipulación continuada. Muchos periodistas deberian estar en el paro desde hace años por su falta de compañerismo, borreguismo y nulidad creativa. No se venden periódicos de papel porque no son creíbles, no son coherentes y obedecen a la voz de su amo. La cirisis le va bien a la prensa, pero que muy bien para limpiar lo que nunca debió ser periodismo. Y que siga hasta que volvamos a dar la vida por la verdad.

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