Thursday, October 29, 2009

Luis Fernández

El primer presidente de la nueva RTVE, la televisión sin publicidad, la del lanzamiento de una competitiva RTVE.es y la que ha vuelto al liderazgo amenaza con irse. Está descontento con la nueva financiación de la radiotelevisión pública a cargo del Estado, las cadenas privadas y las telecomunicaciones. Pero sobre todo por no haber sido consultado por la muñidora de la nueva ley audiovisual, la vicepresidenta Fernández de la Vega.

No es el único. La vice ha pisado unos cuantos callos en su empeño, de la CMT a los sindicatos, hasta enojar al hombre elegido por Zapatero para pilotar la nueva televisión pública. En las televisiones comerciales están contentos. Por fin consiguen el objetivo de alejar a la televisión estatal del mercado publicitario, han logrado todas las licencias que querían para los nuevos medios audiovisuales, y el Gobierno permite las fusiones tan deseadas y aún no concebidas.

Luis Fernández acudió esta semana al Congreso. Y estuvo solo. Llegó para presumir de un cumplimiento del servicio público en 2008 sostenido con la cobertura de las elecciones generales, los Juegos de Pekín, el liderazgo de informativos y la producción de ficción nacional (¡demasiada producción externa, se quejan los sindicatos!).

El presidente de RTVE estuvo solo en la comisión de control. El PSOE le recordó que la televisión pública es mejorable. Al PP sólo le preocupó el qué hay de lo mío para quejarse de supuestos errores informativos que sólo les afectan a ellos, como cuando sólo ven esposados a sus detenidos por corrupción. Sólo IU lo defendió.

Fernández se reivindicó ante las acusaciones de las privadas de no cumplir los objetivos de servicio público. Pero a los pocos políticos presentes en una de esas sesiones parlamentarias fantasmas les preocupan menos los contenidos que el poder. Si Fernández se va, RTVE puede quedar decapitada. Elegir nuevo presidente requiere un acuerdo entre los grandes partidos hoy imposible. ¡Menudo estreno para la ley audiovisual!

Columna en los medios de Vocento

7 comments:

  1. Hombre, la pregunta del millón es quién enojó a quién primero. Unos pensaron que haría una tele que no compitiera frontalmente con las privadas y que tendría, ay, disciplina de gasto (el tema que no aflora es una contabilidad que no sirve para presumir de control del presupuesto). El otro creó una tele para hacer morder el polvo a las privadas, muchas veces sin importar el coste. Nadie le consultó porque tuvieron claro que se opondría a hacer un modelo de televisión pública con mucho menos glamour desde el punto de vista de la competencia y más sosa de cara a la prensa, pero mucho más centrada en minorías. Una tele más barata. Sin gente que mire como se baila.

    Por otro lado, se demuestra que la independencia real y de fondo de un gobierno sobre la tele, no existe, no es posible. El estatuto le blindaba en las decisiones que el gobierno no ha compartido, pero les ha bastado con cambiarle la ley. Les bastaría con cambiar los presupuestos.

    Al final, ya sabes mi conclusión, no hay espacio en el mundo digital para una televisión pública del siglo XX. Lo mejor es el regreso a la normalidad: ni periódicos, ni radios, ni proyectos de entretenimiento multimedia. La sociedad puede sola. Y, en red, sin restricciones de espacio.

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  2. ¿Quién pensaba en una tele que no compitiera con las privadas? Nadie. Nadie excepto Uteca quiere o piensa eso. Nadie está dispuesto en este país a sostener una televisión pública tipo NPR. No. Los políticos quieren poder. Y eso sólo lo da el share.
    Ya sabes que yo disiento de tu opinión sobre el servicio público.
    Yo creo que sin duda hay un espacio y una necesidad del servicio público digital. Lo demuestra la falta de sociedad real de la que hablas. Esto no es Estados Unidos y aquí la sociedad civil no existe.
    Ahora, uno de sus mayores frenos es la partitocracia y la burocratización política.
    Pero no olvidemos la historia y la educación.
    Así que el servicio público digital puede tener un efecto dinamizador si los recursos se usan para formentar la participación y los instrumentos de la sociedad en red.
    Ahora, eso no es retransmitir la Champions ni el interés público del fútbol.
    Pero además también hay montones de contenido de dominio público o sufragados por fondeos públicos que en mi opinión no pueden quedar al albur de las empresas, sino ser digitalizados, distribuidos y puestos a disposición de la ciudadanía a través del servicio público.
    Un servicio público que no secuestre el dominio público, como bien ha explicado el director del MNCARS Borja-Villel.
    De la independencia, imposible con el sistema actual. Y con la nueva ley audiovisual no se avanza.

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  3. :-) Si la sociedad civil no existe, habrá que dejar que crezca ¿no te parece? Es que aquí la matan: sociedad civil somos tu y yo con nuestros blogs. Hector Milla y su Balzac. El fenecido Soitu que lo intentó todo. Competir contra el mastodonte público además de contra los oligopolios con licencia es insuperable: ¿por qué los gobiernos no tienen periodicos pero sí teles y alguna radio? Porque hay gente que presume que se puede y tiene sentido hacer algo que.... ¿el privado no hará? ¿nos protegerá de la maldad intrínseca de los hombres? Las primeras fotocopiadoras estaban numeradas no vaya a ser que fuéramos a decir lo que quisiéramos. A ver cuál es el origen del depósito legal de los libros. A la BBC le han parado los pies por ahogar a los medios locales. Los emisores públicos pensados para el control y la "educación" de la población son dinosaurios del siglo XX. Ahí sigue Sarkozy con su defensa de la identidad francesa a toda costa. La evidencia de ser una maquinaria ideológica al servicio del poder de los partidos nunca ha sido mayor y, con la competencia brutal que crea el mundo digital, simplemente no tiene otra salida: no puede estar por encima del bien y del mal, o es vista o es irrelevante. Y ser vista implica ensuciarse como una privada de gustos masivos. Que nos olvidamos que las teles temáticas y los canales de la red son también privados y no están - todas - en el juego del mal gusto: nadie habla de canal historia, pero sí de que estafan con jugos por la noche. Llega la misma diversidad que al kiosco y allí no veo a los gobiernos: en el kiosco también hay jugadores de la peor calaña.

    Como bien dices, seguramente soy yo a solas el único que piensa que el tiempo de esa television pública que todo el mundo dice anhelar con palabras imposibles de gestionar (como esa de la "calidad") se ha disuelto como un azucarillo.

    Las opciones que realmente tiene para ser algo útil ni siquiera se contemplan (yo he comentado el potencial de crear influencia en los mercados estratégicos de los ciudadanos que la pagamos), porque en el mecanismo de reparto de las instituciones por los partidos sólo prima la influencia sobre el voto y el pago de favores con poltronas: que alguien publique los sueldos y dietas del consejo de la corporación, please, que lo mismo hay cacerolada como en Santa Coloma.

    El hecho de que existen contenidos públicos - que no son de dominio público, al menos aún - y que requieren ¿custodia? es la misión de las filmotecas y la biblioteca nacional. O la del Congreso en los Estados Unidos. Pero eso no requiere de creación de contenidos supervisados directamente por el estado, ni organizaciones de noticias tan sesgadas como cualquier otra y al servicio del que gobierna. Si después de tantos años no hay forma de hacer que la televisión pública, esa que dicen que es "la de todos", sea percibida como independiente hay que sospechar.

    Hay que sospechar de si es verdaderamente posible. Independencia se le podía pedir al monopolio, que tenía que dejar equilibradamente contento a todo el mundo y tener cuidado con lo que dice aunque llegara detrás de la radio y la prensa. En este mundo de miles de medios grandes, pequeños y pigmeos; de miles de voces para cada grupo, subgrupo o nicho, el concepto "de todos" no existe. Es seguir pensando que es la era de la comunicación unidireccional de masas. Y eso está muerto. Y con ellas, las BBC's del mundo tal y como las conocimos. POr supuesto, son entidades enormes y con funcionarios que no son fácilmente despedidos y políticos comiendo de ella: sobrevivirán en un camino de o cada vez mayor irrelevancia, o cada vez mayor presión al gasto. Cualquiera de las dos, es un mal escenario.

    (sigue)

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  4. (termino: perdón por la extensión)

    Alguien ha confundido la velocidad con el tocino al pensar que la televisión pública hace algo social cuando emite a primera hora de la mañana un programa para buscar empleo. Como la sociedad pública de alquiler, o el intento de portal de empleo del INEM, resulta que la sociedad civil ya lo hace con notable diferencia de coste y eficacia. O que es social y moderno lo de la defensora por ahí perdida y con miedo a llevarse mal con sus compañeros.

    En realidad, uno piensa que la mirada siempre expectante de una televisión pública de calidad es como la nostalgia de las patrias inexistentes, una melancolía de algo que nunca existió y nunca existirá. Nadie tenemos en la cabeza la misma idea de "calidad" ni de "tele pública". La sociedad es más diversa y con suficientes medios para darse voz y tener todas las voces. Hay que tener la misma fuerza moral que llevó a cerrar la prensa del movimiento. A esa se la vió como un medio al servicio de. No nos damos cuenta de que las televisiones públicas siguen siendo medios al servicio de en un mundo donde las alternativas flotan por doquier.

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  5. Totalmente en desacuerdo, que a la radiotelevisión pública se la quieran cargar los intereses privados y los políticos irresponsables y corruptos que viven de ella(incluso los que dicen defender lo público), no quiere decir que no sea necesaria. Ese cuento de que la sociedad de la comunicación, ahora en la era digital, se puede autorregular con sus propios canales, me suena a lo de la autorregulación del mercado, con los resultados por todos conocidos. Cuanto más veo como funcionan los medios de comunicación privados y los contenidos que difunden, más falta hacen unos buenos medios de comunicación públicos. El debate no es si deben o no existir, el debate es cómo deben existir en contraposición a la desvertebración social que producen los privados.

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  6. Gonzalo, defiendes lo mismo que yo. Está en mi propuesta de servicio público digital. Una plataforma y un agregador público para contenidos públicos (institucionales, de dominio público o financiación pública), ciudadanos y sin ánimo de lucro.
    Eso ayudaría a fortalecer y fomentar la sociedad civil sin dependencia de las grandes empresas de la Red.

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