domingo, diciembre 27, 2009

Reiniciar la cultura

Cuando Jesús Rocamora me pidió un artículo para Público sobre la cultura en la primera década del siglo XXI, la idea apareció clara: ha sido la década de la cultura libre, el iPod, las consolas y, sobre todo, de la apropiación de la cultura y el entretenimiento por el público. Pocos momentos en la historia con un cambio de paradigma tan importante como en estos años que van de la explosión de las descargas al lanzamiento de iTunes hasta la popularización del copyleft y las licencias flexibles hasta el ebook.

Pero no todo es revolución. En el sustrato de tantos cambios subyacen viejas corrientes y la mayor crisis de la industria del entretenimiento desde que Adorno y Horkheimer hicieran su crítica en los años cuarenta del siglo XX.

De la cultura de masas a la era del acceso, la participación y el control 2.0 en diez años para una cultura libre por la que aún hay mucho que luchar. Diez años para reiniciar la cultura.
El artículo:

Pasar los dedos suavemente por una rueda o una pantalla para acceder a todo lo deseado. Cultura iPod. Un clic para llegar al contenido. Cultura p2p. Máquinas de memes, la unidad de transmisión cultural, surcando el ciberespacio para ser compartidas. Cultura red. Con Wikipedia el conocimiento se hizo inmediato y gratuito para fingirnos sabios. Cultura wiki. La rebelión contra los abusos de la propiedad intelectual y la industria trajo las licencias abiertas, el copyleft y Creative Commons. Cultura libre.

2001. Comienza el reinicio de la cultura cuando la globalización se hundió con las Torres Gemelas. Cultura basura, reciclado y sin narrativa lineal como Don DeLillo había avanzado en Submundo. Napster cerró acosado por las discográficas pero el P2P se expandió con Kazaa o BitTorrent. Jimmy Wales y Larry Sanger crearon Wikipedia. Apple lanzó el iPod. Un año antes explotó la burbuja puntocom y la exuberancia irracional se transfiguró en economía de la abundancia. Un nuevo ecosistema de contenidos e información que sólo existe, tiene valor y es útil cuando es empleado, difundido y mejorado por el público. Criterio P2P. La muerte del autor de Barthes convertida en la sociedad de autores de la red social. Cultura viral.

T. W. Adorno ríe en su tumba. En el mundo digital triunfa su tesis: cuando la industria domina la cultura, el resultado es puro consumo. Bienvenidos al todo gratis y la rebelión contra la industria del entretenimiento: el público se apropia de las obras. La exuberancia de la cultura de masas crea la ansiedad del hiperconsumo. Cuando todo está a nuestra disposición en la pantalla necesitamos una economía de la afectividad para recuperar su valor. Criterio P2P contra la superproducción de la industria cultural, pero la afectividad no se traduce sólo en pago, sino en más consumo.

Somos lo que la cultura nos hace y repetimos mitos el año de la muerte de Lévi-Strauss. Eres la biblioteca de tu iPod –pronto de tu e-book- en una sociedad de nómadas digitales, individualistas interconectados en busca de tribu donde reconocerse. A menudo bajo la divinidad de una marca. Nuestras películas, música y libros favoritos son nuestro perfil en las redes sociales. La cultura se parte en memes desde que MySpace se convirtió en plataforma de autoedición para la música y el cine aprendió que una descarga aventaja a un minicine en la cultura de bolsillo. Y que sólo el 3-D y el gran espectáculo nos devolverán a las salas cuando la televisión se muda a internet.

La sociedad del conocimiento es por ahora la del ocio, donde el entretenimiento bastardea la cultura. El hiperconsumo es el ADN de la vida líquida en busca de la identidad en bits y contactos. Buscamos gratificación instantánea en la era del acceso. No esperamos al calendario de estrenos y comercialización de las distribuidoras y los grandes medios. Con tanta abundancia las formas de acceso crecen y el contenido converge en un nuevo control 2.0, los dueños de las puertas digitales y el cloud computing. La larga cola digital no ha acabado con el imperio de los hits, de Madonna y U2 a Michael Jackson, El código da Vinci, Harry Potter, Larsson, los Soprano, Perdidos o El señor de los Anillos y las sagas de vampiros.

Los libros han resistido con miles de títulos y más lectores que nunca cuando el turismo invadió los museos. El ebook llega mientras en las bibliotecas digitales se echa de menos el dominio público y las obras huérfanas se pudren descatalogadas. El mínimo común cultural se impone. Autores, industria y público enfrentan el diario dilema del ordenador: ¿suspender, apagar o reiniciar?

9 comentarios:

  1. Muy bueno, Juan. Un resumen claro y conciso.

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  2. Creo que hay otro aspecto a considerar. Y es que el acceso a la cultura no es sólo de lectura. Lo es también de escritura (para hacer el símil informático). Cualquiera puede acceder a los contenidos, pero, al mismo tiempo, cualquiera puede publicar contenidos. Y eso tiene unas consecuencias que habría que analizar.

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  3. Lo siento, pero esta columna me parece repleta de lugares comunes triunfalistas pasados por el tamiz de lo absurdamente heroico. Una sinfonía de colores de principio a fin. Un poquito de Adorno y Horkheimer para maquillar la superficialidad y asombrar a periodistas que nunca los han leído (ni lo harán). Y sería de agradecer un poquito más de coherencia. Citar indirectamente dos veces en un mismo artículo a Dawkins y luego asegurar que "somos lo que la cultura nos hace" es tocar de oído. Por no hablar del "cambio de paradigma" (el daño que ha hecho Khun entre los 'científicos sociales').

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  4. Desde hace tiempo que considero el pensamiento crítico de la escuela de Frankfurt muy importante para mis propias elaboraciones. Pero con algunos recaudos. En este post me parece que se recupera el aspecto menos productivo de Adorno y Horkheimer, un aspecto que debe ser revisado. Me refiero a esa cierta "generalización apolíptica" comprensible en los tiempos en que ellos escribieron. Me parece que este post se vale del pensamiento crítico de estos pensadores marxistas para atacar indiscriminadamente las nuevas posibilidades que Internet ofrece, incluyendo a aquellas que pueden ofrecer cierta democratización. Eso es contradictorio. Y revela cierta falta de información respecto de los variados usos que se hacen de la red (qué hay del freeware, de los programas con código abierto, reacciones antimonopólicas en general que implican roles más activos por parte de los usuarios?). Sí, son intentos que pueden no significar una solución, pero intentar algo para cambiar las cosas siempre es más maduro, más sincero y consistente que sentarse a proclamar la irremediable decadencia de la humanidad. Se parte de la crítica para apuntar a una transformación.

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  5. me gusta, Juan, tu punto de vista de la cultura en esta primera década. Sólo añadiría la comercialización de servicios públicos culturales, como las bibliotecas, nodos de acceso no sólo al libro impreso, sino al multimedia.Sobrevuela el pago por el préstamo de todas estas obras, un canon a la cultura pública. Mae

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  6. Ignacio, la crítica de Adorno y Horkheimer sobre la industria cultural nunca ha sido más válida que ahora. De Dawkins me interesa la noción de meme y no entro a discutirla, pero se ha convertido en un principio de los nuevos modelos de distribución y difusión.
    Sobre Khun, ni palabra más que usar ese término que, para bien o para mal, es un lugar común en las ciencias sociales de los últimos años.

    Ojalá se leyeran más a algunos de los citados.
    Ana, diría que el artículo resalta especialmente lo que tú no encuentras, hasta el punto que digo, quizá con exceso:
    "Un nuevo ecosistema de contenidos e información que sólo existe, tiene valor y es útil cuando es empleado, difundido y mejorado por el público."

    Pero no deja de ser crítico con la primacía del ocio sobre la cultura y alude a la amenaza del control 2.0 sobre la cultura y las redes libres.
    Gracias en todo caso por el detalle en las críticas.

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  7. La sociología fuerte de la ciencia, la más posmoderna, sigue apoyándose en el concepto de paradigma, pero en general, entre los filósofos de la ciencia, y no digamos entre los científicos, los 'paradigmas' son una antigualla teórica que oculta más que ilumina. Por eso, utilizar para describir la cultura conceptos despreciados por la (buena) ciencia, me resulta muy poco útil, por más que su uso sea generalizado.

    El concepto de meme tiene un origen biológico indudable (aunque aún está por demostrar que sea ciencia, como apunta Bunge). Aunque es una bella teoría, sus límites están tan poco definidos que el deslizamiento de significado es un peligro constante. Sin duda Dawkins ha dicho cosas muchísimo mejores. La memética es inseparable de un planteamiento naturalista de la cultura y del ser humano. De ahí la contradicción de valerse de argumentos inspirados en ella para asegurar precisamente lo contrario: que todos (y todo) somos cultura.

    En cuanto a Adorno y Horkheimer no creo que se rían mucho en su tumba tras comprobar que la copia, no es que sea ya un medio, sino que se ha convertido en fin.

    Y Barthes es tan superficial, tan absolutamente inane, que para qué molestarse. La muerte del autor es un camelo para académicos desocupados y poco imaginativos. Tratar de decir algo a partir de ella lleva a la ineficacia o a la melancolía.

    Un saludo.

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  8. Estoy en absoluto desacuerdo con tu diagnóstico. No quiero caer en prejuicios s.s., pero me da en la nariz que entusiasmos como el tuyo son casi típicos de ‘conversos’ modernillos o recién llegados (o empecinados instalados) que quieren demostrar que están en la onda. Contra lo que creen esos culos gordos (de tanto estar sentados ante el portátil) creo que el mundo se hace más grande en cuanto te desenchufas y sales por ahí, o coges un libro, o al perro y te vas de paseo, o de putas (yo no pago, pero conocer de alguna forma conocen gente los puteros). Conocimiento es tocar y follar, como cuando se dice “conoció varón”, es andar y observar, es leer sin prisas, es equivocarse y…hala ¡reconocerlo! O sea, discutir de verdad. Oír al otro, es saber dónde están los sistemas de información relevantes, los libros que hay que leer, lo que hay qué conocer y, sobre todo, lo que da igual conocer o no.

    Incluso puede, no sé, que en algunos aspectos yo vaya más lejos que tú, porque considero que eso que se llama “navegar” por Internet es, en promedio, una solemne pérdida de tiempo, un ejercicio de autismo y de onanismo sin correrse.

    Lo más grave sin embargo es que los administradores públicos y los políticos equiparen Libertad con la Red, así, de forma tan simplona, y hagan masa indistinta con usuarios y negociantes (webs), y el resto que lo oye dice amén, aunque sea para contradecirlos.

    Y esta no es una sociedad del conocimiento, al contrario, cada vez usamos más cosas sin conocerlas a fondo. Es una sociedad del despilfarro, de consumo como dijo aquel, de los grandes desequilibrios (norte-sur, pobres-ricos) y del entontecimiento general (del espectáculo: Debord), pero ¿del conocimiento? ¿Quién? ¿Los becarios de investigación que andan por ahí viviendo con salarios precarios? Cada día sale una etiqueta más gilipollas que la anterior.

    Por cierto, y a tenor d elos comentarios al post: si leéis a Dawkins, lo leéis mal, es decir, sin base/ formación científica suficiente

    En cualquier caso, un saludo y mis disculpas si esto suena como una agresión, que en ningún caso lo es.

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  9. Ignacio, no seré yo quien decida entre buena y mala ciencia.
    Los memes nacen de la biología y la genética, pero su uso en la filosofía de la cultura y la teoría de la comunicación no necesariamente acepta ese conductismo naturalista. Jesús Mosterín es uno de los pensadores españoles que ha avanzado más en su uso, y a pesar de eso no acepta ese naturalismo genético.
    Por mi parte, los genes entendidos como unidades básicas de información que se repiten y encuentran en diversas manifestaciones culturales tienen más explicación en la herencia del estructuralismo citada en el artículo que en las fuerzas genéticas, por mucho que la teoría de redes tenga tantas analogías que lleven a muchos al organicismo.
    Adorno podría reírse o seguir preocupado de la persistencia vigencia de sus críticas tanto tiempo después de la desaparición de los totalitarismos que fueron su contexto y cuyas peores mañas ha adoptado una parte de la industria y el pensamiento.
    Sobre Barthes, me interesa más la plasticidad de su imagen que sus teorías. Coincidimos. Pero no sé si volvería a la melancolía. Demasiado manido desde aquella vieja anatomía.
    En todo caso, gracias por unas críticas que animan a profundizar.

    Lanski, curioso tu viaje desde el ejemplo y generalizaciones con las que arrancas para acabar diciendo algo muy similar a lo que el artículo critica. Te repito una sola frase: El mínimo común cultural se impone.
    La grasa no sólo se acumula en el culo.

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