Tuesday, September 28, 2010

29S, una huelga pesimista

Huelga general contra la reforma laboral. Muchos están de acuerdo con la protesta contra los bandazos de la política económica del gobierno, pero pocos parecen dispuestos a secundarla. ¿Se puede hacer huelga general en crisis y con más de cuatro millones y medio de parados?
El derecho a la huelga es indiscutible en una democracia. Pero en la era hiperconsumista y de compromisos laxos del ciborg sentimental el éxito de la convocatoria es dudoso.
Sobre todo cuando nadie avizora una alternativa tras un eventual éxito de la convocatoria. El ejecutivo no tiene ideas ni margen para cambiar su política. El principal partido de la oposición y alternativa de gobierno defiende las tesis neoliberales de recorte del estado del bienestar y los servicios públicos.
La izquierda ha sido incapaz de plantear un discurso y una alternativa inteligente que convirtiera esa Ley de Economía Sostenible que se discute en el Congreso en una reforma profunda y social para el estado del bienestar en el siglo XXI.
La política y los gobiernos deben cambiar. Hacerse cada vez más inteligentes, capaces de interpretar mejor las claves del mundo actual y reaccionar con más eficacia y celeridad. Los sindicatos y las organizaciones de trabajadores y profesionales, también.
La huelga no "es una putada", como aseguró el secretario general de CC OO, Ignacio Fernández Toxo. Es la manifestación de la impotencia. De los sindicatos, del gobierno y de la política social.
Los parados están divididos sobre la convocatoria, según un sondeo reciente. Los sindicatos se conforman con un éxito relativo de participación.
A nadie dejará contento la protesta. No porque sea un desafío a las decisiones políticas aprobadas en el Parlamento -como argumentan El País y otros medios-, ni porque sea una huelga de caballeros que nadie quiera ganar, como defiende José María Ridao, uno de sus editorialistas más influyentes.
Sino porque tras la huelga general no avanzarán las alternativas necesarias para un cambio de sistema operativo en la economía, la sociedad y la política.
Daniel Innerarity, uno de los filósofos políticos más lúcidos en España, se queja de que "hoy la derecha es optimista y la izquierda pesimista".
El mayor peligro de la izquierda es la renuncia a las ideas, a la inteligencia política y a desarrollar las nuevas oportunidades de la sociedad de la información, la tecnología y la política.
El problema no es sólo regular los mercados y el capitalismo, sino abrirlos para redefinir la igualdad con mayores oportunidades, más participación e innovación social. Es el gran objetivo de la izquierda por el que vale la pena seguir luchando.
Como el recientemente desaparecido Tony Judt asegura en su último libro, vivimos una era de inseguridad. Una era de modernidad líquida donde la búsqueda del propio ser y de nuestro lugar en un mundo que corre a la velocidad de las redes consume más tiempo y recursos que nunca.
"La inseguridad alimenta el miedo. Y el miedo -miedo al cambio, miedo al declive, miedo de los extraños y de un mundo no familiar- está corroyendo la confianza y la interdependencia en la que las sociedades descansan".
Las palabras de Judt son la denuncia de la melancolía. Contra ellas el gobierno inteligente, la innovación social, el cuarto sector -empresas sociales sin ánimo de lucro-, la lucha por la sostenibilidad y la necesidad de reformar la partitocracia estatal y autonómica para cambiar la pesadez de la burocracia por un estado plataforma: dedicado a crear las infraestructuras -materiales y estructurales-, las instituciones, las leyes, los espacios y contenidos públicos para el desarrollo y la ampliación de la oferta de la iniciativa social.
Un estado abierto y transparente donde los procomunes, el dominio público que es de todos, sirva para aumentar la innovación, la educación, los servicios públicos, la cultura, la ciencia y la red sobre la que tejer la participación ciudadana para reconstruir consensos como los que se han roto entre la patronal y los sindicatos, entre los trabajadores y una economía cada vez más financiera y menos productiva.
Los sindicatos necesitan salir de su trampa burocrática y cambiar sus estrategias. De lo contrario serán instituciones zombies, como alertaba hace tiempo Ulrich Beck.
Una huelga general podría haber sido sustituida por otro tipo de acciones con más garantías de respaldo popular. Más aceptables para los ciudadanos que no quieren arriesgar su inseguridad, su falta de acuerdo con la estrategia sindical o sus propias precariedades.
Una señal para una política más participativa y más inteligente contra las reformas impuestas por la trampa de una ideología convertida en verdad económica y esa apatía conformista que Paul Krugman denomina la falacia de la sabiduría convencional.
La condena a la melancolía de la izquierda.

6 comments:

  1. el real madrid se tuvo que apurar para no perder el avion de regreso a espana, que mala onda

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  2. Ya que me toca ser el seguidor 3500 dejo acá una muesca de ese hito (para el blog) :)

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  3. Pase lo que pase, la derecha celebrará hoy un """""""¿éxito?""""". Si la huelga triunfa, será una derrota del Gobierno. Si la huelga fracasa, será una derrota aún peor, la del sindicalismo y con ella los derechos de los trabajadores. ¿Te podrán meter el puro capitalista por el c-u-l-o siempre que quieran? ¡¡¡¡Aún estas a tiempo!!!!!

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  4. Estoy deacuerdo contigo, necesitamos una politica en general más madura, donde los partidos se atrevan a proponer soluciones, no a tansolo quejarse. Donde sus acciones no sean como las cadenas de televisión que se mueve por la audiencia. Con propuestas deacuerdo a lo que representan y sin tanto miedo.

    Me ha decepcionado los motivos de la huelga, estoy deacuerdo con aumentar los impuestos como una opción, pero ha de estar apollada por otras medidas, que no indican cuales. Lo que no encuentro nada maduro es el lema de que los ricos han de pagar la crisis que ellos han creado, que somos niños o que, ¿que pasa que la situación del pais solo es por ellos? la sociedad es la que permite esta situación, y nos dejamos llevar, yo me incluyo, pero aquí estan nuestros representantes políticos que han de controlar estos movimientos y como comentas adelantarse a los hechos y no vivir el momento como han hecho hasta ahora. Cualquiera que haya estudiado un mínimo de hístoria contemporanea en el instituto es consciente que un nivel de crecimiento político tan rápido no es natural y tiene tendencia a caer. Y sobretodo estos beneficios económicos no se han reflejado en la malloria de la sociedad. ¿Cuando van a controlar la oferta y demanda de inmuebles? ¿ningun partido se ha atrevido, a que tienen miedo? quizas soy una ilusa.

    Siento el rollo pero ya que hablais del tema.

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