Thursday, December 15, 2011

El telestado son dos

Antena 3 pincha definitivamente la burbuja de la TDT con la absorción de La Sexta. El mapa de Zapatero TV reventado por las costuras de su insostenibilidad. La televisión tiende a la concentración y España no es una excepción. Cuatro y La Sexta han sido fagocitadas por Telecinco y la cadena de Planeta. En la fragmentación de la TDT han naufragado los canales concedidos a los diarios y solo sobreviven los más políticos y los que cubren un hueco de bajo coste.

Telecinco y Antena 3 controlan el 85% del mercado publicitario y más de la mitad de la audiencia. La fragmentación del negocio acaba y se verá cómo evoluciona el mapa de canales, con 13 nacionales en poder de las dos grandes. Tras ellas, una TVE amenazada por el rencor del PP y las autonómicas en crisis tras muchos años de cimentar el poder y la cultura del telestado.

Zapatero deja roto el sueño de la pluralidad que justificó la hiperfragmentación de la TDT. La fusión de las cuatro grandes privadas en dos no ha esperado ni siquiera al cambio de gobierno. Todo un símbolo. La crisis y una planificación con café para todos -otra vez- han hecho más poderosos a los grandes y dejan a los pequeños con pocas posibilidades de futuro. Televisión y partitocracia se parecen.

Con el fin de la independencia de Cuatro y La Sexta se hundió la aspiración de crear cadenas para la izquierda exquisita. Puestos a ver televisión, todos somos conservadores. El primero, el mercado, pero también la audiencia. Los otros confían en el vídeo bajo demanda y la televisión por internet. La televisión social está en las redes y las nuevas plataformas, no en las frecuencias en abierto.

El fin de la burbuja deja pendiente un nuevo modelo para la televisión pública y una apuesta por las nuevas tecnologías ralentizada a menudo por la presión para llenar canales. Con la gente viendo más televisión que nunca, los grandes ganan, aunque tengan que diversificar su oferta. Está por ver que dejen sitio para la nueva televisión que muchos esperan.

Columna en los diarios de Vocento

2 comments:

  1. Me doy un poco por aludido :) Para mi la cuestión de fondo es que se trabaja (no voy a decir por conveniencia de control social, pero ahí queda) con una concepción y definición de pluralidad hija de la escasez: como son pocos los que caben, el estado en su infinita sabiduría es capaz de justificar los instrumentos que se pone en la mano (tanto en los estatutos de las públicas como con el mecanismo de concesión de licencias) para garantizar que existen visiones alternativas y que todos los presuntos grupos sociales y sus presuntos intereses quedan representados: eso es pluralidad, según ellos, pero lo que resulta es puro crony capitalism. Pero, ay, que no me aparezca un Intereconomía o una Cope en Cataluña que entonces eso no es pluralidad, es ofensa. Podría ser a la inversa, pero no se ha dado el caso.

    La cuestión es que solo las reglas de la comunicación que permite la red, fin de barreras de entrada, espacio infinito, pueden garantizar una pluralidad y diversidad que no sea un chiste. Por tanto, de lo que se trataría es de regular a la inversa de como se hace (oh, qué iluso que es uno): regular hacia lo que hoy es posible, competencia real como en cualquier otro sector sin miedo a quiebras ni sostenibilidades que solo son protecciones. Curiosamente, hasta el exceso de licencias y los fracasos vendrían a demostrar que casi se puede crear un mercado libre de licencias. Pero para eso, no vale que el mismo dueño, sea público o privado, tenga seis o ocho de cobertura estatal, se le den de por vida y se priorice al que ya está. Simultáneamente, estimular a marchas forzadas la penetración de redes de alta capacidad, en fibra y espectro, para poder en tiempo suficiente, suprimir los monopolios sobre el espectro. Eso sería pruralidad y no toda esta excusa teñida de paternalismo para controlar quién emite y sus contenidos. Hasta prohibir la publicidad en los informativos (por qué no en los magazines) es un refuerzo de los presentes y una reducción para poder competir desde fuera que puedan aprovecharse de una menor interrupción. Aunque es igual, encontrarán los trucos jurídicos para saltárselo. Y, de nuevo, ¿por qué no se prohibe la publicidad en los periódicos al lado de la información política? ¿O en la radio?

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