Tuesday, March 06, 2012

Destruir RTVE

El PP lo tiene claro: hay que destruir RTVE. Es una obsesión del partido en el gobierno agudizada los últimos años. Nadie en el PP perdona a los informativos líderes los minutos dedicados al rosario de casos de corrupción de los últimos años ni las penas de telediario sufridas por los populares.

Las acusaciones de manipulación no las atemperan ni los consejeros del PP que pretendieron intervenir los contenidos de los informativos antes de su emisión ni el marianazo en el presupuesto. El PP se queja en la televisión pública y en el Congreso. Pero falta un destructor y cómo justificar el desmantelamiento. El gobierno de Rajoy no encuentra con quién rellenar el sillón de presidente de RTVE para su demolición. El coste profesional y el recorte de sueldos en las empresas públicas han ahuyentado a varios candidatos a terminator.

La alternativa es derrumbar la audiencia y el servicio público bajo el frágil mando de presidentes de turno –la situación actual- y nombrar jefe una vez rastrillados los despojos.
Al PP no le gustan las críticas ni las voces discordantes. Intenta acaparar más preguntas en la sesión de control del Congreso a RTVE para seguir fustigando a la televisión pública y ahogar a la oposición. El rodillo popular es implacable. Con gran parte de la prensa a su favor y la complacencia de las televisiones privadas, sólo RTVE es un tímido cicuta de sus políticas.
El derrumbe de la televisión pública provocará un terremoto en la industria audiovisual como la pérdida de la publicidad la ha provocado entre los anunciantes. Igual que se ha perdido audiencia comercial y GPRs en la publicidad se perderá público, financiación y tejido industrial en el audiovisual.
El cine sufrirá menos los recortes por el blindaje legal del 6% del presupuesto de RTVE para su financiación hasta que se cambie la ley, pero las productoras españolas, deportes como el motociclismo, el baloncesto o el tenis sufrirán la pérdida de ingresos por derechos y un público que no recuperarán con su emisión por los canales privados.
El PP odia a RTVE y no está interesado en el servicio público, como ha demostrado con la gestión de la valenciana Canal 9 o de Telemadrid, monumentos del sectarismo y la manipulación. El castigo al leviatán audiovisual puede llevarse por delante una industria que necesita reforma, sensatez y ajustes, pero no demagogia.
Interesados: Rajoy busca responsable de demolición..

Columna en Estrella Digital

4 comments:

  1. ¿Derrumbar la audiencia o, simplemente, dejar de tener audiencia que pueden pagar otros y que empleo con fines propagandísticos y claramente adoctrinadores? La elección de palabras no es inocente. ¿Llegan a pensar así los señores del pepé? Pues seguramente no o no todos. Pero la cuestión de fondo es por qué hay que financiar con dinero de impuestos lo que el mercado da. Y eso es licencias y horas de televisión de sobra. Un poco menos de regulaciones generadoras de monopolios y ya está bien. Porque suponer que sólo es sectario un partido y no los demás con su tele es, como mínimo, ingenuo: hasta elegir mapas del tiempo ya sabemos que es pasto de inclinaciones ideológicas, la Euskadi de lluvias y nubes de Patxi no es la Euskal Herria de un Lehendakari legítimo, dónde va a parar. Siempre pensamos que es sectario y manipulador el que dice lo contrario de lo que pienso. Y yo encuentro ejemplos cotidianos de eso mismo en cualquier lado, sea cual sea el tono o las pretensiones de intelectualidad, seriedad o buenrollismo. Las cosas pueden ser más o menos burdas, pero el dueño de una tele es el dueño editorial. En Rtve el dueño es el que tenga el dedo para nombrar a los cargos que la rigen. A ver si nos vamos a pensar que porque los informativos de Llorente sean monos estamos ante el new york times, que me da la risa.

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  2. Y dale con el mercado, Gonzalo. Que no, que el mercado no satisface el servicio público. Por eso me canso de decir que el desafío es centrarse en el servicio público y abandonar la obsesión por la audiencia comercial, que es de otros.
    Pero para eso hace falta redefinir el servicio público, qué alcanza, con qué recursos y cómo se paga, con la mayor transparencia. Y acordarse de una industria audiovisual sustentada en un 40% por la televisión públicas y las autonómicas.
    Hay que rebajarlo y hacerlo eficiente, por supuesto, pero con tino, no a cañonazos que luego provocan pérdidas irrecuperables.
    Y sí, el PP como partido y entre sus dirigentes está obsesionado con una televisión que políticamente no necesitan.
    Sólo repasa la RTVE de la era Aznar y la de ahora. Con sus grandes problemas e imperfecciones, políticamente no resisten la comparación. Compara TVE con Telemadrid o Canal 9. Lo mismo.
    El sectarismo no es una opinión, es una posición. Se mide y hay quienes se dedican a hacerlo. En cuanto a la percepción de la mayoría de la población, 54 meses (casi cinco años) de liderazgo continuo de los informativos no son una casualidad ni que toda la población esté ciega.
    "El dueño de la tele es el dueño editorial", dices. Pues en el servicio público no debería ser así. Tienes ejemplos en la BBC, Alemania, PBS, etc. Hay fórmulas y mecanismos democráticos para evitarlos.
    Son los que hay que mejorar, no empeorar.

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  3. La prensa siempre será la piedra en el zapato de todo régimen. No se dan cuenta que la pelea no es contra la prensa ni los medios de comunicación; la pelea tiene que ser contra la pobreza, la corrupción, el paro, etc. Esas deben ser la prioridades de los gobernantes.

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