Thursday, July 05, 2012

Otra oportunidad para una RTVE independiente

El Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso del PSOE contra el real decreto que modifica la gestión de la Corporación y la elección de consejeros y presidente para volver a concentrar el poder político sobre la televisión pública.
La situación de deterioro de la independencia de la televisión pública es preocupante. El Constitucional da un plazo de 15 días para alegaciones y podría obligar al gobierno a tramitar el cambio en la composición y elección del consejo de la Corporación RTVE como ley, con su adecuado debate parlamentario.
Es una nueva oportunidad para avanzar en la independencia y la profesionalización de RTVE. Si el gobierno de verdad quiere una televisión eficiente, plural, independiente y sostenible, como ha asegurado su nuevo presidente, Leopoldo González-Echenique, el trámite como ley -obligado o no por el Constitucional, que podría llegar a declarar ilegal el nuevo consejo y sus actos- puede plantear un debate que de una vez salga del partidismo y se centre en un modelo profesional e independiente, más allá del volumen y alcance de la televisión pública futura, otro de los elementos fundamentales a discutir.
En el último número de Cuadernos de Periodistas, la revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, varios profesionales discutimos los posibles modelos para la televisión pública.
Mi propuesta se centra en siete principios:
1. Convergencia.
2. Independencia.
3. Sostenibilidad.
4. Red pública: producción y servicio público en red.
5. Contenidos públicos multipantalla.
6. Social y socializada.
7. Innovación e I+D en contenidos, tecnología y social.

2 comments:

  1. hola! por mi parte sigo con mi apoyo a la moción..

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  2. Siento llegar tarde. Como te imaginas, no puedo estar de acuerdo. Afirmas que se trata de "promover una sociedad abierta". Creo que, precisamente, si este es el objetivo, la necesidad de una televisión pública (o lo que sea) desaparece plenamente. Argumento que se refuerza por las otras motivaciones, como la extensión de la tecnología, el acceso a los contenidos etcétera: el método del siglo XXI o de la sociedad informacional, o red (como queramos llamarlo) es que se construya por las redes y no por actores centrales fagocitadores de financiación.

    Todas las metas que señalas requieren lo contrario al intento de crear espacios centralizados controlados por gobiernos con todos los mecanismos de independencia (teórica o práctica) que quieras: redes abiertas donde todo el mundo pueda publicar. Es muy loable que haya contenidos educativos, científicos, etc. pero resulta que esos actores ya los hacen por su cuenta centrados en sus verdaderas comunidades de usuarios y de interés y, encima, han de competir contra la maquinaria del estado para conseguir financiación, como sucede con el nuevo modelito de que las empresas privadas pagan a rtve para producir biografías de científicos, por poner un ejemplo.

    Seguir en el siglo XX es la resistencia a creer que debe haber una articulación bellamente llamada pública para lo que la sociedad civil ya hace (memorables los casos de la sociedad pública de alquiler, o los portales de empleo públicos: han resultado absurdos rodeados de grandes palabras, ¿por qué la imagen no habría de ser lo mismo?). Eso sí, comparto que los contenidos que se han pagado con dinero de los pagadores de impuestos pase a ser de dominio público. Ya es hora de abrir esta discusión para el desmantelamiento progresivo de los sueños estatistas del siglo XX. Martín Ferrand lo explica muy bien: cuál es la extraña razón por la que todos aceptamos que el gobierno no haga periódicos pero televisión, sí. Con nuestro dinero y con los usos alternativos verdaderamente singulares y necesarios que tiene. En tiempos donde hay tecnología sobrada para que hasta el más pintado ponga un vídeo en la calle.

    Lo del siglo XX es considerar que hay autoridades centrales capaces de saber cuáles son todas las necesidades de contenidos de todos, gentes capaces de saber lo que es calidad y lo que no para resultar, en el mejor de los casos, en las mismas minorías que ya da la red. Mucho mejor una legislación que impida la concentración de espectro o, mejor, simplemente lo convierta en carretera de acceso a redes donde todo el mundo se busque losgarbanzos sin esperar a los concuros de belleza del gobierno.

    Como siempre, el relato en defensa de "lo público" (en realidad la apropiación de lo público por élites de políticos, periodistas y creadores que cuentan con el privilegio de decidir qué se producirá con el dinero de otros) esconde excelentes y deseables buenas intenciones. Eso, por ejemplo, de que haya contenidos "de calidad" algo que, simplemente, no puede saberse: lo que es calidad para mi, no lo es necesariamente para ti. Y en un mundo donde puede encontrarse una abundancia de contenidos, como bien sabe la prensa de papel, donde desmantala cualquier intento abarcador de todo.

    Los puntos que señalas, se parece más bien a la política que hay que seguir para desmantelar lo no necesario y no para mantenerlo.

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