Wednesday, November 14, 2012

El saqueo digital de Google, Amazon, Apple o Facebook


Ya no son sólo los diarios, los gobiernos se levantan contra las grandes corporaciones tecnológicas que se aprovechan de las leyes aprobadas por esos mismos políticos para evadir impuestos y pagar menos a las haciendas de los países donde actúan. La innovación tecnológica, la globalización y la vibrante economía de inversión que catapulta a esas empresas en Estados Unidos amenaza en convertirlas en los grandes depredadores de las riquezas intelectuales, inmateriales, de contenidos y económicas ajenas. La cuestión es si lo que aportan a la sociedad de la información justifica semejante privilegio o amenazan con convertirse en grandes empresas extractivas, explotadoras de las riquezas de otros, para seguir la terminología de Daron Acemoglu y James Robinson.

Hacienda vigila a Google, Facebook o Apple por dejar de ingresar mill millones de euros al fisco cada año a pesar de dominar sus respectivos mercados. Sólo Google acapara más de la mitad de la economía de internet en España -casi 450 millones de euros- a pesar de declarar pérdidas de casi 75.000 euros en 2001 y de 640.000 en 2010.

En Francia, donde los editores de prensa del mercado más regulado y cerrado de Europa, encabezan la cruzada contra Google por los derechos de las informaciones, se prepara una multa de más de cien millones de euros por no declarar sus ganancias correctamente entre 2008 y 2012 al facturar desde Irlanda, como en el resto de Europa. En el mismo casos están Amazon y otras compañías digitales.

En Alemania también se prepara una ley para proteger la propiedad intelectual de los editores, en muchos casos no reconocida a los periodistas al considerarse los diarios obras colectivas, como ocurre en España.
Y al fin el escándalo del saqueo tecnológico ha llegado a Gran Bretaña, donde su insularidad europea, el poder de la City y la exclusiva relación con Estados Unidos han convertido al viejo imperio en la cabeza de puente de la ofensiva europea de las multinacionales digitales norteamericanas.

Google desde Irlanda o Amazon desde Luxemburgo son tan diestros en aprovechar los resquicios fiscales internacionales como en las búsquedas o el comercio electrónico. Ambos siempre han defendido la cultura de aumentar su oferta y productos con la menor inversión posible en todo lo que no sea innovación y tecnología.

Google facturó 3.144 millones de euros en 2011 y pagó sólo un 0,4%: 4,24 millones de euros. Amazon sólo cotizó el año pasado un 2,5% de sus ventas de más de 4.100 millones de euros y consiguió rebajar el IVA de los ebooks de un 20% legal para pagar sólo un 3%. Apple paga menos de un 2% de impuestos en Reino Unido y Facebook no llegó a 300.000 euros a pesar de ser uno de los grandes comercializadores de publicidad gráfica.

Además de aprovechar los agujeros legales como el resto de grandes empresas multinacionales, ¿tienen las ganancias de estos grandes innovadores y creadores de riqueza digital algún derecho especial por su contribución a la sociedad de la información?

La residencia fiscal en países con menores impuestos y acuerdos de doble imposición como Irlanda y el uso abusivo de los precios de transferencia: lo que las propias subsidiarias de las compañías pagan por sus productos y servicios. Las grandes consultoras ayudan en esas técnicas y alertan del endurecimiento de la regulación fiscal en casos como España.

Google no cumple su mandato de no ser dañino, el famoso Don´t Be Evil, ni el de servir a los usuarios y menos el de la responsabilidad fiscal. Y lo mismo el resto de grandes digitales.

En el caso de España el saqueo fiscal digital es especialmente grave porque la economía digital alcanza un porcentaje muy pequeño del PIB: Google lo calculó en el 2,2%, una cifra que se mantiene, debido a la baja innovación, la escasa inversión y la baja productividad. Una economía más volcada al consumo digital que a la producción y la innovación.

No somos una sociedad de la información sino más bien hemos multiplicado la sociedad de consumo a los productos digitales con una innovación muy baja, la persistencia de una legislación económica y de propiedad intelectual que desanima a la nueva economía y los emprendedores, y con una sostenida situación de oligopolios -en telecomunicaciones, redes, distribución, derechos de contenidos, comercialización, etc.- que son lastres para el crecimiento.

Google, Amazon, Apple, Facebook se han convertido en negocios extractivos en lugar de ser todo lo inclusivos que las nuevas tecnologías, la interactividad, la participación ciudadana y su condiciones de plataformas -de usuarios, negocios, aplicaciones, etc.- permiten.

Se han unido a las élites extractivas no por el inmovilismo que caracteriza a muchos viejos monopolios -entre ellos gran parte del sector público- sino por lo su posición de poder, la maldición de convertirse en demasiado grandes para caer (too big to fail) como el sector financiero que ha provocado la grave crisis que vivimos.

El retorno de su actividad y de su generación de riqueza no es suficiente para todos porque está aumentando la desigualdad, tanto entre diferentes negocios -como la prensa- que alimentan el suyo, sino por la desigual distribución de la riqueza que crean. Vuelven a concentrarla en un sólo país y en unas pocas manos.

Como explican Acemoglu y Robinson en su libro, las instituciones (negocios) extractivas acaparan el trabajo de muchos para beneficiar a unos pocos, desprotegen los derechos de propiedad de los demás y tienden a convertirse en monopolios.

Es el retrato de cualquiera de estas compañías con algunos matices nuevos, principalmente dos: su apuesta por la innovación y el conocimiento frente a los monopolios anteriores que los erosionaban y su carácter de plataformas, sistemas donde se desarrolla la innovación, el trabajo y el negocio de otros (dejamos para otra discusión si con un reparto sostenible).

Las élites extractivas no son sólo la clase política del capitalismo castizo, como ha dicho César Molinas. También las compañías más innovadoras ejercen ese nefasto papel cuando olvidan su compromiso con sus usuarios, que son consumidores y productores, como relata toda la teoría de los prosumidores (prosumers).

Ese es el principal error de empresas como Facebook, que posiblemente se habrían librado de sus males en bolsa, si hubieran convertido en accionistas a sus usuarios, en una auténtica estrategia de economía participativa.

Pero el mal de las élites extractivas anida en los bonus, las acciones de sus directivos que se venden a grandes precios y en la presión del mercado y los resultados para ser cada vez más grandes, más fuertes, más globales, más rentables.

Como en el caso de Google y los diarios -el gráfico de arriba, tan famoso estos días, es inadecuado porque compara mercados que no son equiparables: publicidad en papel en EE UU con publicidad digital en todo el mundo, mucha creada por la propia innovación de Google- el problema es que más allá de sus propios activos (inmateriales o materiales) la economía digital se basa en la comunidad, en la actividad de los usuarios y sus lazos y relaciones -el procomún-, además de en sus propios contenidos en gran parte.

Google, Facebook y los diarios se parecen en que su riqueza no es suya, sino el resultado de la actividad social y el espacio público o el privado que se decide compartir: los hechos noticiosos en el caso de los diarios, la economía del enlace a los contenidos ajenos en Google o la vida publicada y los contenidos compartidos de los usuarios en Facebook.

La nueva economía con las reglas de buena voluntad y oportunidades que nos enseñó Kevin Kelly se convierte en tan injusta como cualquier otro capitalismo extractivo cuando quienes se hacen dueños del mercado no redistribuyen adecuadamente los beneficios.

Pagar impuestos justos que revierten en toda la sociedad es mejor que pagar tasas para una sola parte de los contenidos, la industria, los usuarios y el espacio público. Ninguna nueva y sectorial tasa Google -Facebook, Apple, etc.- sería tan justa como pagar los impuestos como otra empresa y ciudadano más sin retorcer en exceso las ventajas fiscales de las grandes empresas.

Otra cosa es si se debe pagar por el snippet de Google a la prensa o no: materia de otro artículo.

Don´t be evil, pagad, dueños de la economía digital (y también los del resto).

10 comments:

  1. Juan, muy brillante y acertado. Por todo lo que he leído sobre Google, Facebook y Apple, estás completamente en lo cierto. Son monopolios digitales que buscan la manera de saltar leyes que el resto no hacen. Apple tiene montado todo un imperio, pero acceder a los datos de estas big companies es sagrado. Lo tienen vedado precisamente por todo lo que mueven. Gracias, Juan, te leo y te sigo. Saludos!

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    1. Sorry, vetado. He añadido en Facebook una noticia sobre Google y el uso de los datos por parte de los Gobiernos en el acceso a los datos de los usuarios. ¿Qué estrecha relación existen entre los gobiernos y estas compañías? Aquí entran muchos intereses en juego. Gracias por tus posts. Me encantan porque hay pocos que lo analizan como tú lo haces.

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    2. La Comisión Europea y las agencias de protección de datos de Europa también mantienen una dura batalla por la privacidad. Otro frente con muchas demandas y pocas soluciones, por ahora.

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    3. Gracias por la info anyway! Muchos escriben y pocos analizan. Tu eres de los que profundizas. En USA tendrías miles de followers. Más análisis como los tuyos son súper necesarios. Te sigo!

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  2. Excelente trabajo. El refugio fiscal como gran batalla empresarial!

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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  3. ¿Acaso las corporaciones tecnológicas citadas son las únicas que hacen esas prácticas para pagar el mínimo de impuestos?
    No las estoy defendiendo diciendo aquello de "todo el mundo lo hace", simplemente no entiendo el argumento del texto: "La cuestión es si lo que aportan a la sociedad de la información justifica semejante privilegio o amenazan con convertirse en grandes empresas extractivas, explotadoras de las riquezas de otros". Ésta es, precisamente, una definición exacta de cualquier gran corporación multinacional hoy en día: "grandes empresas extractivas, explotadoras de las riquezas de otros". Que alguien me explique porque existen paraísos fiscales o países con políticas fiscales más "laxas". ¿Por qué se permite? ¿A quién beneficia? Es un problema que debería arreglarse, sí, pero no porque Google, Apple, Facebook, etc se aprovechan de ello, sino porque todas las multinacionales lo hacen y con ello perdemos todos los ciudadanos. Exigirles algo a estas corporaciones mientras se hace la vista gorda con el resto no tendría sentido.

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  4. "¿Depredadoras de las riquezas intelectutales e inmateriales"? Caray, Juan, parece escrito por Promusicae: justo cuando Amazon o Google nos permiten acceder a ellas mucho mejor que con cosas como Libranda que sí están hechas por una élite extractiva: la connivencia de un grupo de presión con el gobierno, como sí son las editoriales españolas y las entidades de gestión de derechos.

    La cuestión es que las reglas fiscales son para todos, y la sorpresa va a ser cuando veamos que las multinacionales españolas en otros mercados tratan de hacer lo mismo para tributar donde tienen su sede fiscal y encontrar el mejor retorno para sus accionistas que son... cualquiera. Sí, cualquiera puede comprar acciones de estas compañías y beneficiarse de ello: en el momento que ejecuten su plusvalía los titulares de las acciones tributarán donde sean residentes, ¡también en España!.

    Me pregunto si el almacén que Amazon se ha hecho en España no ha pagado los impuestos correspondientes cada vez que ha tocado, directa o indirectamente: las en mi opinión abusivas tasas de los notarios, transmisiones patrimoniales y todos los IRPF's y seguridades sociales de cada empleado que ha puesto hasta el último enchufe. Me pregunto si los empleados que tienen en España no pagan impuestos generados por su actividad, mayor o menor.

    Que las empresas no paguen impuestos de sociedades tiene sus ventajas: son más rentables. Además, implica reducir el impacto de una mala costumbre de los gobiernos, hacerte pagar dos veces: una cuando tienes beneficios y, la otra, cuando los cobras. Hay tendencias hacendistas que sostienen que el impuesto de sociedades, en todo caso, quede como una medida de control y tenga un tipo mínimo para favorecer la reinversión y el reparto de dividendo donde se aplica lo que corresponda a cada accionistas.

    Resulta que pagar impuestos en Irlanda es legal. Y resulta que Irlanda, en la UE, lo hace para ser competitivo. Y no solo ellos, lo hacen varios países del antiguo Este que necesitan ser competitivos para atraer inversiones a toda costa. En la práctica, se parece al proceso que usan los gobiernos al subvencionar la atracción de inversiones: bajar tus costes para que inviertas. Cuando se pagan ayudas a rodajes de cine, se ve como un incentivo, pero ahorrarse impuestos ahora resulta que es fatal: Islandia te paga nada más terminar el veinte por ciento de lo que te gastas. Qué extractivo.

    Al final del día, todos los impuestos los pagan empresas y empresarios (un "autónomo" es un empresario). Porque pagan las nóminas que pagan los impuestos sobre el consumo, retienen el irpf y la seguridad social, etc., etc. Gravar la generación de la riqueza parece una mala idea, mientras que gravar en el uso que se hace de ella, parece mejor. Así que "clase extractiva" para las tecnológicas... si son americanas. El argumento queda guai.

    Pero extractivas de verdad son todos aquellos que se apropian del estado para modificar la legislación en su favor (los buscadores de rentas, esos que te explican los autores que citas pero que hace mucho que están en la literatura económica). Mientras Google o Amazon aceleran los cambios y mejoran la sociedad y la hacen más productivas, sindicatos, patronales, partidos, asociaciones de constructores, de editores y cineastas, licenciatarios de televisión todos ellos se dedican a sacar ventajas para privarles de la competencia. Eso sí es un escándalo.

    MIentras, los países de la UE incapaces de competir con la tecnología americana, se montan un escandalete con las mismas leyes que pueden usar sus propias empresas. ¿Recuerdas aquello que le dijeron a Cameron, encargó un estudio y resultó verdad, de que con las leyes británicas nunca hubiera surgido un Google? Un framing de libro.

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  5. Los males y vicios que adjudicas a otras empresas, como hago yo en el artículo, son los mismos de los que se aprovechan los gigantes digitales. La respuesta es que todos deben pagar impuestos.
    La otra cuestión es que necesitamos estados y sistemas fiscales más eficientes, tanto para la innovación como para los ciudadanos. Estados y sistemas fiscales más igualitarios y que no pongan problemas, sino que ayuden a solucionarlos.
    Estamos de acuerdo, pero eso es política y en una democracia se hace desde la ciudadanía, que debe reclamarlo a los políticos, como hacen las empresas. Pero estas no deberían tener más derechos que los ciudadanos.
    Todas hacen lobby, Gonzalo.
    La cuestión no es que sea legal pagar impuestos europeos en Irlanda, que lo es. Sino cómo se utilizan los precios de transferencia y las valoraciones de activos para falsear las cuentas. Y a eso no hay derecho, sea la empresa que sea.
    No entiendo esa falacia vuestra de que lo hacen todas. Ya que lo hacen todas a todas habrá que reclamar e investigar, ¿o aumentamos las patentes de corso?
    Creo que la tesis del artículo está clara desde el primer párrafo, y se repite varias veces como línea argumental: "La cuestión es si lo que aportan a la sociedad de la información justifica semejante privilegio o amenazan con convertirse en grandes empresas extractivas, explotadoras de las riquezas de otros".
    Esa es la cuestión clave, a mi entender.
    Con la nueva economía y las grandes empresas que innovan en ella, unida a las tecnologías participativas tenemos como sociedad una oportunidad única para el desarrollo y la transparencia.
    Algunas como Google o Facebook lo proclaman desde sus principios y me arriesgaría a decir que así lo han hecho en sus comienzos. Pero llegado el momento del negocio se empiezan a comportar en cuando a gobierno económico y responsabilidad fiscal como otras.
    Ese es su gran fracaso como empresas diferentes y el de la sociedad para reclamar responsabilidad y transparencia a esas empresas, de manera que se puedan empujar los cambios legislativos (propiedad intelectual, fiscalidad, innovación, etc.) que muchos apoyamos.
    Si apoyamos la innovación tecnológica con innovación empresarial y política los resultados pueden ser muy distintos a la vieja maldición de las élites extractivas.
    Lo que reclamo en el artículo es que las empresas señeras de la nueva economía no se conviertan el multinacionales de la peor especie en su comportamiento económico y fiscal.
    Igualdad legal para todos. Se defiende en las instituciones y la política, no evadiendo impuestos con añagazas.

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  6. Ya. Entonces por qué nos cebamos en las tecnológicas casualmente gringas? El abuso o supuesto abuso de los precios de transferencia es algo tan antiguo como desde que hay multinacionales. Y parece que nadie ha encontrado algo que impida que las empresas hagan algo legítimo: optimizar sus costes fiscales en mercados que son trasnacionales a la fuerza.

    ¿Tu quieres empleo y una fábrica de coches? Los coches se venden en más de un territorio, se compran piezas en muchos y se ensamblan en otros. Y sale un precio de mercado que es producto de todos los costes, incluidos los impuestos, que son.... costes.

    Todos los que reclaman machacar a impuestos a multinacionales que, además, incentivan la productividad local, vendrán luego pidiendo desesperadamente que inviertan y pongan puestos de trabajo que... generan impuestos por sí mismos (renta, iva, seguridad social): alguien tiene que demostrar que el impuesto sobre los beneficios es una idea tan buena como se dice, aunque esté en práctica. Y esos que reclaman empleo e inversiones son, qué cosas, ciudadanos.

    ¿Falacia? Lo hacen todas legalmente hasta que deja de serlo. Si hay empresas que cuidan la legalidad al máximo son las multinacionales, mucho más que los empresarios locales. No quieren escándalos. Esto no impide hacer la mejor ingeniería jurídica y llevarla al extremo pero ¿de verdad se les puede culpar? No te cuento lo que es tener un bar en módulos, que nos íbamos a reir comparado con los precios de transferencia. Y, a la vista de la conducta del estado como pagador, francamente no puedo ver una excepción moral digna de ese nombre. Y como distorsionador de la competencia: le damos dinero a Libranda (es decir, le damos dinero de los impuestos) y a Egeda (je), que son incapaces de hacer nada, pero Amazon es un canalla. Esta película está muy mal contada.

    Francamente, eso es muy diferente a las clases extractivas: políticos, sindicatos y patronales que cambian las leyes para impedir participar a los dema´s y se reparten el dinero de los impuestos alejando por el camino cualquier opción de autofinanciación.

    Te dije que era un framing de libro: hoy El País se apunta a la moda, se hace el orginal y presenta como casi escándalo el tema. Reino Unido, Alemania, Francia... ahora España, como un virus. Países que no tienen ninguna multinacional que se apunta a esquemas perfectamente legítimos (¿verdad que no?) pero que no tienen ninguna tecnológica puntera. Y el escándalo salta por lo malo que es Amazon. Oh.

    "Peor especie"... no lo sé, pero muchas empresas españolas se han abierto mercado gracia a Adwords. Muchos autores incluso españoles se están independendizando y vendiendo sus libros sin intermediarios gracias a Amazon y eso parece que es un bien social. Yo no veo la mala calaña, con esos argumentos, por ningún lado.

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