martes, noviembre 27, 2012

Objetivo: aumentar la legibilidad de la información


El periodismo tiene un grave problema: los temas más importantes para la democracia y la vida pública sufren un déficit de legibilidad y claridad. La dificultad para la comprensión de esta información es un problema de competencia de los periodistas y los medios, no de la naturaleza de las noticias. Superar la brecha de la comprensibilidad es indispensable para no sucumbir a la manipulación, la propaganda o la irrelevancia del propio periodismo.

Un estudio de la Universidad de Bristol analiza el estilo de los medios británicos y estadounidenses para sancionar algunas conclusiones ya sabidas, como la mayor carga emocional y la más fácil lectura de los diarios populares frente a los serios.


Pero el análisis de 2,5 millones de artículos de casi 500 fuentes a través de inteligencia artificial y métodos cuantitativos alerta de la urgencia de aumentar la comprensibilidad de los temas más vinculados con la vida pública (política, economía, negocios, medio ambiente o ciencia) si no queremos sufrir un empobrecimiento de la importancia de la información para la gobernanza y gestión de los asuntos de todos.

La otra conclusión, repetida pero no menos importante, es la enorme brecha de género que los medios continúan proyectando sobre toda la sociedad. El resultado es la perpetuación de la desigualdad entre hombres y mujeres y la proyección de una imagen machista de la actualidad.

Las conclusiones del estudio urgen a trabajar en mejorar el estilo, la claridad y los contenidos de la información en un tiempo de lectura rápida y déficit de atención. La misión de los periodistas es hacer comprensibles y acercar a los diferentes lectores la información sin renunciar a la profundidad, pero aumentando la comprensión y reduciendo el ruido que entorpece la inteligencia y el juicio del público. Claridad y concisión. Si los grandes diarios tienen un déficit de legibilidad están en problemas.



La distorsión y opacidad de la información tiene dos componentes principales: la calidad del reporteo y del estilo. No se explica bien lo que no se entiende, una máxima conocida por todos pero a menudo transgredida, tanto por los déficit del reporterismo -propios del periodista, mala organización de la redacción, escasez de recursos o de criterios periodísticos- como por el dominio de las fuentes sobre el contenido, el mensaje y el lenguaje.

El análisis de los investigadores se centra en dos parámetros muy sencillos: la comprensibilidad lingüística de las noticias y la subjetividad (fundamentalmente emocional) en el lenguaje. Tan sólo con esos dos ejes surge claramente la falta de legibilidad de las áreas informativas tradicionalmente denominadas duras (hard news) frente a las blandas (soft news).

Frente a un tronco central de contenidos con legibilidad y subjetividad media (deportes, tiempo, tragedias naturales) aparecen las áreas de cultura y moda con fuerte subjetividad pero lectura fácil. Al otro lado están la politica, la economía o la ciencia. Áreas de lectura complicada aunque el grado de subjetividad no es muy alto en la media de las fuentes examinadas: centrada en las noticias, no en la opinión y otros géneros más personales.

Como comentaba hace unos días el periodismo necesita repensar la forma de abordar contenidos como los políticos. El problema fundamental es la cada vez menor calidad y cantidad de información (en su sentido periodístico, no cuantitativo) frente a la abundancia de propaganda, declaraciones, rumores y especulaciones que a menudo no tienen un correlato real, fáctico, en la vida real de la sociedad.

Es el control del lenguaje por el poder: los políticos y sus asesores, pero también los poderes económicos e intelectuales. Una gran parte de los medios y los periodistas se dejan contaminar -inconscientemente o como parte de la maquinaria de propaganda- de un discurso que erosiona la confianza de los ciudadanos en la política y en el periodismo. Con su enorme impacto en la calidad democrática y en la utilidad de la información para la vida de las personas.

Algo parecido ocurre cada vez más con la economía y los negocios. Más allá de los tecnicismos y la complejidad de algunos temas, una gran parte de la información económica podría dividirse hoy en dos grandes áreas: la ideológica y la endogámica.

La ideología ha suplantado la racionalidad del lenguaje y la información económica. El fracaso del periodismo económico -como de una gran parte de la economía y los economistas- es patente sobre todo desde el origen de la crisis financiera y su incapacidad para no ya preverla, sino alertar de los peligros de la conductas económicas que acabaron con la explosión de las burbujas financiera e hipotecaria.

La información endogámica se presenta equivocadamente como especializada o segmentada, pero en muchos casos no es más que la conversación onanista de un grupo de interés encerrado en la protección de su espacio e intereses económicos, sociales o políticos. Una tendencia en aumento en parte por la tribalidad de las comunicaciones y redes digitales, un mecanismo de reafirmación y protección frente a la saturación informativa y la fragmentación social y de la propia información.

En España y muchos otros países el fracaso del periodismo político y económico se agrava en estos primeros años de siglo XXI por su irrelevancia e ineficacia frente a la mala gestión y el disparatado uso del dinero público por muchas administraciones y cargos públicos.

O acabamos con esta brecha de información y comprensión o no hay arreglo para el periodismo de calidad. Walter Lippmann se pasó la vida alertándonos sobre la maldición del estereotipo y el prejuicio para la calidad de la información. Otros como John Dewey, Jurgen Habermas y tantos más (entre ellos nuestro Manuel Vázquez Montalbán, ejemplo de claridad) nos recordaron con persistencia de la ocupación de la inteligencia -personal y democrática- por el lenguaje del poder.

Lippmann aseguraba que "la calidad de las noticias en la sociedad es un índice de su organización social". Esa es la enorme responsabilidad del periodismo. La renuncia de la inteligibilidad es uno de sus mayores pecados y un índice del fracaso de la profesión periodística. La rebeldía de la inteligencia y el trabajo periodístico es irrenunciable para filtrar la publicidad y la propaganda, mensajes emocionales e interesados legítimos en otras áreas, pero que nunca deben confundirse con la información periodística.

Coda para reflexionar: No es desdeñable que de nuevo los medios satíricos como The Onion, Revista Mongolia o muchos programas y talk shows de televisión sean más claros para muchos ciudadanos que los grandes medios informativos.

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