Friday, December 07, 2012

Nadie da ya un céntimo por el olor de la tinta


Los periodistas se lanzan a la calle y a las redes sociales para defender su profesión y sus empleos. El hashtag #sinperiodismonohaydemocracia inunda Twitter y brilla en las chapas de muchos reporteros. Con más de 8.000 despedidos desde 2008, según las cifras de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), e innumerables cierres de medios, la crisis económica se une al largo deterioro de la prensa, la más castigada con la migración de la audiencia y la publicidad a las pantallas: televisión, ordenadores, móviles y tabletas.

Los diarios agonizan. Ya nadie se atreve a pronosticar cuánto tiempo más vivirán. El vaticinio de la desaparición de la prensa el año 2046 hecho antes de la crisis por Philip Meyer parece ahora optimista y muchos auguran que muy pocos periódicos en papel llegarán al año 2020.

Juan Luis Cebrián, fundador de El País y presidente de Prisa, repite el epitafio de los diarios para justificar el ERE en El País y Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, se encomienda a la esperanza del pago y las suscripciones digitales. Pero hasta ahora Orbyt y Kiosko y más, las dos iniciativas de pago digital en España, consiguen menos de un 10% de los ingresos por venta de los diarios a pesar de un enorme esfuerzo promocional.

Los diarios pierden publicidad y venta de ejemplares, pero no audiencia, en aumento en la web, los móviles y las tabletas. Su crisis es de negocio (los ingresos digitales no compensan la pérdida de los del papel), de atención (tiempo de lectura y de consumo), de credibilidad (como la política y otras instituciones) y sobre todo de capacidad de innovar en un mercado completamente diferente al de la era Gutenberg. Un mercado donde sólo el 2,2% de los ingresos de los diarios de todo el mundo son digitales, el 12,6% en España según los últimos datos de los editores.

La prensa es la más castigada por el hundimiento del mercado publicitario. Internet ha sobrepasado a los diarios como segundo mercado publicitario en España, muy por detrás de la televisión, y el próximo año lo hará en todo el mundo.

Desde el inicio de la crisis los diarios españoles han perdido la mitad de sus ingresos, como en la mayoría de los países de Europa y Norteamérica. Las previsiones indican que seguirán perdiendo ingresos publicitarios y que el pago por contenidos digitales no es la solución. Para la mayoría de los diarios se calcula que sólo pueden convertir un 5% de su audiencia digital en suscriptores, muy lejos de las cifras de medios como Financial Times o The New York Times que ya contaban con una amplia base de suscriptores de papel.

Los diarios españoles, como los de casi todo el mundo, ven cómo las noticias se consumen en los móviles y en las redes sociales, las preferidas de los más jóvenes. La publicidad gráfica digital se estanca o disminuye, atraída por las aplicaciones móviles, el vídeo, las redes sociales y los buscadores.

Dos recientes estudios de las prestigiosas universidades norteamericanas Columbia Journalism School y Harvard han escrito la lápida para el entierro del negocio de la prensa. Gurús digitales como Clay Shirky y Emily Bell decretan que “no habrá nunca más industria como la de la prensa” en su periodismo posindustrial. Clay Christensen, teórico de la innovación disruptiva, resume los males del negocio de la prensa: “Las empresas periodísticas acostumbraban a controlar la cobertura, edición, distribución y venta de los productos informativos. Hoy, el periodismo es un proceso desintegrado y abierto” en manos de la audiencia, los buscadores, las redes sociales y las nuevas plataformas de distribución como las aplicaciones.

Fin de la esperanza de acomodar el negocio de los medios y hora de reinventarse achicando redacciones, abriendo a la audiencia el proceso y el producto informativo, especializándose y segmentando audiencia y mercado. Pero sobre todo, yendo “más allá de sus modelos de negocio tradicionales para buscar nuevas formas de encontrar valor” y beneficios, en palabras de Christensen.

Nada de cobrar por enlazar las noticias, como pretenden los editores en España, Alemania o Francia, y más crear nuevas fuentes de ingresos digitales. Es la estrategia de empresas como la noruega Schibsted o la alemana Axel Springer con clasificados, móvil y otros productos. Subsidiar la información con negocios digitales es la clave del negocio para el periodismo posindustrial de Shirky y Bell.

Los diarios ya no se pueden mantener sólo con el pago por difusión (papel o digital) y la publicidad tradicional. El mercado es multipantalla, con espacio infinito para una publicidad que se subasta en tiempo real, adaptada al perfil de público elegido por el anunciante, sin reparar en soportes, marcas ni contenidos excepto para la llamada publicidad premium: la que aún valora asociarse con la relevancia de una cabecera periodística.

Los nuevos medios son rápidos, pequeños, baratos, segmentados y persiguen a un público que ya no va a buscar las noticias. “Si son importantes, las noticias me encontrarán a mí”, dicen los usuarios pegados a las redes sociales más de tres horas diarias. La información cada vez se busca menos y se recomienda y comparte más. La información va en busca de la audiencia en la era posindustrial: el usuario manda, no los medios ni los periodistas.

Los periodistas reivindican el papel democrático del periodismo en un manifiesto en defensa de la profesión. Falta saber qué medios asegurarán un nuevo periodismo independiente, crítico, abierto a los lectores y sostenible. Algunas viejas cabeceras sobrevivirán, pero nadie da ya un céntimo por el olor de la tinta y el ruido de las páginas sólo es un recuerdo en las pantallas táctiles.

Análisis en ElDiario.es

7 comments:

  1. No estoy de acuerdo, Juan. Las premisas son correctas pero la conclusión, en mi opinión, no. El papel tiene recorrido. Ahora bien, para que lo tenga tiene que haber un cambio de mentalidad descomunal. Porque lo que no tiene ningún recorrido son los periódicos actuales, en manos de unos pocos y escritos para muchos menos, jerarquizados, centralizados, burocratizados y onanistas.

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    1. Los datos de mercado dicen que no. Queda tiempo, diferente en función de cada mercado, pero la audiencia, el consumo y la inversión migra a las pantallas.
      Otra cosa es qué marcas se sostendrán y con qué modelo de negocio.

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    2. Pero es que ahí está la cuestión, Juan. ¿Qué modelo de negocio? El papel sigue siendo la parte del león de los ingresos, e internet crece, si, pero no parece que pueda sostener esos 'ministerios de la verdad' tan complejos y enormes en que se han convertido las empresas periodísticas. Ni tampoco esos planillos y esas paginaciones enfermos de obesidad mórbida, llenos de cortas, copias y pegas, en los que los artículos en los que hay, al menos, algún valor añadido aportado por el trabajador de la información. En este sentido, Juan, déjame que te ponga un ejemplo. No hace mucho tiempo, para redactar un artículo, tuve el placer de bucear en los archivos históricos para leer prensa del primer tercio del siglo XX, hasta la época de la República. Técnicamente, como es lógico, eran periódicos muy pobres. Pero, en cuanto al contenido, al trabajo que había detrás de él, a la forma en que se pegaban como lapas a su realidad inmediata, había productos de calidad muy digna, me atrevería a decir, en algunos casos, que mejores que muchos periódicos actuales. Lo curioso es que casi todos tenían, para los estándares actuales, paginaciones ínfimas. Hablamos de entre tres y seis pliegos, de 12 a 24 páginas. Y eran periódicos que solo vivían de su mercado natural, de la venta en kiosco, de las suscripciones y de la publicidad. Nada de subvenciones, ni de publicidad institucional, ni de rentabilidades 'indirectas', Juan. Creo, al menos en el caso de la prensa más local, más apegada a su realidad inmediata, que si habría sitio para un producto así. Y de hecho, creo que tú mismo conoces casos en otros países -en el propio EEUU, sin ir más lejos- donde, tras los cierres en masa de los periódicos más convencionales, ha habido localidades donde se ha vuelto a ese modelo, más reducido, más humilde, sí, pero más flexible y adaptado a su lector. Otra cosa, y ahí si estoy de acuerdo contigo, es qué pasará con los grandes rotativos. A esos si que nos les veo ningún futuro, porque me parece que son algo así como la encarnación periodística del Tiranosaurio Rex. En definitiva, que si creo que hay sitio para periódicos pequeños, flexibles, adaptados a la realidad, de tamaño mucho menor que los actuales y, sobre todo, llenos de valor añadido. Porque para mi uno de los problemas del modelo de negocio reside en los propios periodistas, Juan, que rellenar páginas por rellenarlas no tiene ningún sentido, hay que generar contenidos propios, que son los que le dan valor añadido al producto, más allá de ver el papel como algo que rellenar con texto, fotos y publicidad.

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    3. Unos modelos en papel e internet que aquí no existen.

      http://www.lejdd.fr/

      http://expresso.sapo.pt/



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  2. Gonzalo González12/07/2012 5:45 PM

    Puro cinismo por parte de muchos periodistas que han hecho durante años un papel precioso a sus jefes, muy alejado de lo que debería ser la profesión, y ahora se rasgan las vestiduras en nombre del derecho a la información. No es para alegrarse, pero si para replantearse la responsabilidad de cada uno, partiendo de las redacciones.

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  3. Yo también creo que el papel se mantendrá un tiempo, aunque progresivamente los datos no transmitirán su declive...

    Mark de Zabaleta

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  4. ¿Se puede mantener un diario o periodico de papel si regala la misma información por internet?

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