lunes, enero 21, 2013

El gran cotilla

La herramienta perfecta del cotilla está casi lista. Facebook lanza un buscador de la gente y sus cosas para enterarnos de lo que otros comparten en la red social. Google apura la integración de su código social Google+ para personalizar las búsquedas. LinkedIn te relaciona con tus colegas, competidores y compañeros de trabajo o estudios. Un poquito más y lo sabremos todo de todos. Al menos todo lo que hacemos, compartimos y somos en el mundo digital.
El gran objetivo de la tecnología es que la gente sepa más sobre el resto de la gente. Aprovechar nuestra radical humanidad, esa caricia de piel y pantalla que hace real y cercano el antaño dominio de lo digital. El sueño futurista parece haber abandonado la seducción robótica por las máquinas que lo harían todo para los humanos. Ahora las tecnologías de mayor éxito ayudan a las personas a saber más de sus congéneres, sean amigos (aún con el laxo apego de las redes sociales) o no.
El gran misterio y la mayor fascinación somos nosotros mismos. El sueño o pesadilla de saberlo todo del vecino está llegando. El último en prometer el gran catalejo indiscreto es Facebook con su nuevo buscador: Graph Search, por ahora en pruebas. Se acabó buscar cosas y lugares con palabras clave, como en Google. Su gran rival de la web 2.0 promete encontrar todo lo que hacen los demás y con lenguaje sencillo, con sólo preguntar como lo haríamos en un bar.
El buscador de Facebook aumentará las posibilidades de encontrarnos a nosotros mismos. Recordar lo que en algún momento hicimos, recomendamos, nos gustó o compartimos con alguien. La vida publicada sin derecho al olvido.
Tanto dato y conocimiento sobre nosotros y lo nuestro amenaza la vieja privacidad con el ensimismamiento endogámico y el voyeurismo acosador. Algunos sabios económicos alertan de que tanto excedente cognitivo sobre nosotros mismos puede frenar la innovación y la productividad real.
De lo que no cabe duda es que hurgar en la vida de los otros asegura el éxito mediático. La realidad siempre ha superado a la ficción.

Columna en los medios de Vocento

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