Periodistas 21
Periodismo, medios e ideas | Journalism, media and ideas | Una mirada a los medios, los periodistas y las ideas de la sociedad de la información | A glimpse at the media, journalists and ideas in the information society
lunes, mayo 20, 2013
La guerra de la música
El presente y el futuro de la música están en el móvil y en internet. Google se suma a la oferta de streaming por suscripción, como Spotify y tantos otros, pero con la promesa de disfrutar de tu propia música en todos tus dispositivos. Algo que Apple no ha conseguido con el avejentado iTunes y que permitirá no perder todas las descargas –comerciales o no- que tantos usuarios han acumulado desde que la música se hizo digital. La música vuelve a cambiar como lo hizo con Napster y las descargas o con iTunes y el comienzo del fin de los álbumes.
Los aficionados a la música tienen tres grandes problemas: cómo descubrir música que les guste, escucharla en todos sus dispositivos sin demasiadas complicaciones y no perder una biblioteca donde CDs, álbumes, canciones, descargas en todos los formatos se amontonan. Y todo gratis, o al más bajo precio posible.
La radio no basta. Las emisoras no satisfacen a muchos oyentes aburridos de tanta música igual de comercial y aburrida. YouTube es el MTV del vídeo y para los más jóvenes el soporte fundamental de música gratis, variada y compartida. Ser dueño de los discos todavía es importante para muchos y los compran en formato digital (iTunes de Apple domina) o en CD (57% de la música vendida, según datos de la industria en 2012).
Pero un 20% de los ingresos de la música proceden ya del streaming (un 44% más que en 2011), más de un 30% en Europa. Google quiere ese pastel y volver a revolucionar el mercado como Apple lo hizo la década pasada con iTunes.
Ni Spotify ni el resto de servicios de streaming pueden competir con el poder de almacenamiento del gran buscador. Google quiere ser el mejor DJ con la potencia de sus algoritmos y la combinación con el poder social de Google+ y tus contactos en GMail. La plataforma de distribución en cualquier equipo es Android, la clave móvil y multiplataforma de Google.
Para los músicos y la industria la buena noticia es que el nuevo negocio es de pago y suscripción, atractivo para los más devotos. Para los demás la oferta gratuita mantendrá su poder.
Columna en los diarios de Vocento
por
Juan Varela
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10:02 a.m.
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lunes, mayo 13, 2013
YouTube de pago
A pagar por los mejores canales del monstruo del vídeo en internet. YouTube se suma al convencimiento de casi todos los medios de que la publicidad no es suficiente y lanzará canales de pago. El gigante digital quiere mejorar la oferta de vídeos de gatos y bebés para reinventar la televisión multipantalla y bajo demanda con sus más de mil millones de usuarios.
La disrupción digital ha llegado a la televisión, como antes a los clasificados o a la prensa. Experiencias norteamericanas como el vídeo bajo demanda de Netflix, con 32 millones de abonados, Hulu o el iPlayer de la BBC apuntan el camino: televisión bajo demanda, disponible en cualquier dispositivo, sin publicidad o con comerciales atractivos para los espectadores y sin la penuria del exceso de interrupciones de la televisión convencional.
El público está dispuesto a pagar por eso, al menos en los países con mayor tradición y oferta de televisión de pago que España. No mucho, pero lo suficiente para mantener una programación y una audiencia a la que rentabilizar por otras vías.
YouTube ya es la plataforma de la televisión digital. Su enorme audiencia e influencia lo convierte en el gran promotor y distribuidor del vídeo en todo el mundo. Con canales de pago entre 0,99 y 1,99 dólares completa su oferta gratuita y envía una señal a la televisión de pago convencional: la gente paga por los canales con los que se identifica, no por la amalgama de contenidos que no quiere ni necesita. Programación bajo demanda y elegida a gusto del consumidor para disfrutar en cualquier pantalla.
Esa es la nueva televisión. YouTube calcula conseguir entre un diez y un veinte por ciento de sus ingresos por los canales de pago. Suficiente para financiar una programación inviable sólo con publicidad en internet.
La gente no dejará la televisión convencional, pero cada pantalla se asocia ya con un público y una oferta: televisión en abierto para informativos, telerrealidad y tertulias; de pago para deportes, películas y series premium, y una nueva oferta de pago para los televidentes más jóvenes y sofisticados.
Columna en los diarios de Vocento
La disrupción digital ha llegado a la televisión, como antes a los clasificados o a la prensa. Experiencias norteamericanas como el vídeo bajo demanda de Netflix, con 32 millones de abonados, Hulu o el iPlayer de la BBC apuntan el camino: televisión bajo demanda, disponible en cualquier dispositivo, sin publicidad o con comerciales atractivos para los espectadores y sin la penuria del exceso de interrupciones de la televisión convencional.
El público está dispuesto a pagar por eso, al menos en los países con mayor tradición y oferta de televisión de pago que España. No mucho, pero lo suficiente para mantener una programación y una audiencia a la que rentabilizar por otras vías.
YouTube ya es la plataforma de la televisión digital. Su enorme audiencia e influencia lo convierte en el gran promotor y distribuidor del vídeo en todo el mundo. Con canales de pago entre 0,99 y 1,99 dólares completa su oferta gratuita y envía una señal a la televisión de pago convencional: la gente paga por los canales con los que se identifica, no por la amalgama de contenidos que no quiere ni necesita. Programación bajo demanda y elegida a gusto del consumidor para disfrutar en cualquier pantalla.
Esa es la nueva televisión. YouTube calcula conseguir entre un diez y un veinte por ciento de sus ingresos por los canales de pago. Suficiente para financiar una programación inviable sólo con publicidad en internet.
La gente no dejará la televisión convencional, pero cada pantalla se asocia ya con un público y una oferta: televisión en abierto para informativos, telerrealidad y tertulias; de pago para deportes, películas y series premium, y una nueva oferta de pago para los televidentes más jóvenes y sofisticados.
Columna en los diarios de Vocento
por
Juan Varela
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4:24 p.m.
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vídeo,
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lunes, mayo 06, 2013
Redes poco fiables
No se fíe de las redes sociales. Su poder para la falsedad y el rumor es mayor que su capacidad de contrastar hechos y datos. La sociedad del conocimiento es más bien una sociedad del rumor y el prejuicio. El aumento de los robos de identidad, la usurpación de perfiles de grandes medios en las redes sociales y el frenesí de una apresurada vida en tiempo real son los peligros del exceso de inocencia digital.
Wall Street se desplomó hace unos días cuando un grupo de hackers sirios manipuló el perfil de Twitter de la agencia Associated Press con un presunto ataque terrorista a la Casa Blanca y un Obama herido. Poco después los mismos hackers se adueñaron de los tuiteos del diario británico The Guardian para difundir sus proclamas.
No son excepciones. Politólogos, físicos y matemáticos estudian hace tiempo el uso de la política en las redes para difundir rumores y desinformación sobre partidos y candidatos. El lado oscuro de las redes sociales es una turbina de rumores aún más potente que su capacidad de información y contraste. Une la solidez del texto de la era Gutenberg con la fascinación de la imagen y la velocidad de las redes.
Hace 40 años, el sociólogo Mark Granovetter publicó su teoría de la influencia de los lazos débiles: la información se difunde rápidamente en las redes sociales entre individuos que no se conocen y con poca relación entre sí. Es la gran potencia de amplificación de los medios sociales, para lo bueno y para lo malo.
La mayoría de estudios confirman esa tesis y un grupo de investigadores de la Universidad de Londres alerta sobre el aumento de la desigualdad. Contrariamente a la imagen de internet como fuerza democratizadora e igualitaria, señalan que sólo los más educados emplean su actitud crítica y el hábito de contrastar información. El resto se conforma con la pasión y el arrebato de las redes, como explica el filósofo Daniel Innerarity.
Una sociedad democrática e inteligente necesita ciudadanos críticos y fuentes creíbles para filtrar la turbina del rumor y convertirla en una máquina de conocimiento. O al menos que no nos haga más papanatas.
Columna en los diarios de Vocento
Wall Street se desplomó hace unos días cuando un grupo de hackers sirios manipuló el perfil de Twitter de la agencia Associated Press con un presunto ataque terrorista a la Casa Blanca y un Obama herido. Poco después los mismos hackers se adueñaron de los tuiteos del diario británico The Guardian para difundir sus proclamas.
No son excepciones. Politólogos, físicos y matemáticos estudian hace tiempo el uso de la política en las redes para difundir rumores y desinformación sobre partidos y candidatos. El lado oscuro de las redes sociales es una turbina de rumores aún más potente que su capacidad de información y contraste. Une la solidez del texto de la era Gutenberg con la fascinación de la imagen y la velocidad de las redes.
Hace 40 años, el sociólogo Mark Granovetter publicó su teoría de la influencia de los lazos débiles: la información se difunde rápidamente en las redes sociales entre individuos que no se conocen y con poca relación entre sí. Es la gran potencia de amplificación de los medios sociales, para lo bueno y para lo malo.
La mayoría de estudios confirman esa tesis y un grupo de investigadores de la Universidad de Londres alerta sobre el aumento de la desigualdad. Contrariamente a la imagen de internet como fuerza democratizadora e igualitaria, señalan que sólo los más educados emplean su actitud crítica y el hábito de contrastar información. El resto se conforma con la pasión y el arrebato de las redes, como explica el filósofo Daniel Innerarity.
Una sociedad democrática e inteligente necesita ciudadanos críticos y fuentes creíbles para filtrar la turbina del rumor y convertirla en una máquina de conocimiento. O al menos que no nos haga más papanatas.
Columna en los diarios de Vocento
martes, abril 30, 2013
Cómo aumentar la circulación con suscripciones digitales
Las ediciones digitales de los diarios norteamericanos ya superan el 19% de la circulación total en marzo de 2013. Un crecimiento de cinco puntos sobre el año pasado gracias a la explosión de los paywalls y el pago digital, adoptado ya por más de 400 diarios siguiendo la secuela de The New York Times y con el gigante local Gannett como principal abanderado de un nuevo negocio.
El éxito de la suscripción digital a The New York Times, con más de 676.000 abonados, le permite sobrepasar por primera vez a USA Today en difusión total, sólo por debajo de The Wall Street Journal, el más antiguo abanderado del pago digital.
Los datos de la Alliance for Audited Media (AAM, antes Audit Bureau of Circulations) son todo un espaldarazo para el nuevo modelo de negocio de la prensa, como se ha apresurado a celebrar la Newspaper Association of America (NAA).
Pero como ha explicado Neal Lufols, vicepresidente de la AAM, y reconoce la presidenta de la asociación de diarios, los datos "do not capture the full story".
En realidad indican un cambio de estrategias de circulación y modelo de negocio mucho mayor y complejo que el mero crecimiento de las ediciones digitales de pago.
La circulación total de los diarios norteamericanos ha descendido un 0,7% y los domingos un 1,4%. Pero lo que ha crecido enormemente en algunos diarios es la difusión digital y las branded editions (productos complementarios, ediciones zonales y comunitarias, suplementos, ediciones patrocinadas, etc.).
La circulación pasa de ser un negocio de suscripción y venta al número en papel a fundarse en una estrategia de distribución y abono de pago multiplataforma con dos estrategias bien diferenciadas:
aumento del precio de la suscripción para los usuarios que lo quieren todo en multipantalla;
utilización de la multiplicidad de ediciones (print, digital y branded) para engordar la circulación total.
Esas estrategias han permitido a la prensa norteamericana aumentar sus ingresos de circulación un 5% en 2012, muy al contrario que en otros países. Si se observan los datos de la NAA (gráfico) el crecimiento de los ingresos de los diarios llega del pago digital, la publicidad online y los nuevos ingresos de marketing, incluidas branded editions y otras soluciones de marketing personalizadas y multiplataforma.
Las fuentes de la recuperación de ingresos de circulación están en realidad en el aumento de ingresos de publicidad, marketing y en la difusión gratuita.
La clave es el cambio del modelo de venta o suscripción por el de abono (al estilo de la televisión por cable, ahora TV Everywhere en todas las pantallas), en la mayor capacidad de gestionar los datos y el consumo de los abonados, y también en la laxitud de las nuevas reglas de circulación que permiten ajustar los números entre diferentes plataformas.
El pago por el acceso multipantalla sin límite en cualquier dispositivo (all you can eat) ofrece una mayor capacidad de regular los productos que se entregan al abonado y permite aumentar el portafolio de los medios para defenderse de la caída de inserts y publicidad convencional con nuevas estrategias de marketing directo, promociones y productos patrocinados (digitales o papel).
El all you can eat que apasiona a la audiencia es una gran herramienta para mejorar la efectividad comercial y regular los ingresos y el ebitda.
Cuando se comparan las cifras de marzo de 2013 con las anteriores, como las de septiembre de 2012 (gráfico), se puede observar como los diarios con más apuesta por la circulación de pago digital consiguen mejores resultados que los que mantienen la versión online gratuita.
La difusión print crece más en los diarios con suscripción digital porque los nuevos modelos de abono, especialmente la suscripción digital con entrega de la edición digital el fin de semana, permite engordar los datos totales y atraer más ingresos de publicidad y promociones.
El crecimiento está en el abonado digital y en las ediciones promocionadas o segmentadas. Un cambio estratégico en el modelo de negocio y la circulación que va mucho más allá de poner un candado de pago a la web, el móvil o la tableta.
por
Juan Varela
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8:55 p.m.
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pago
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lunes, abril 29, 2013
El entuerto audiovisual
El lío del audiovisual necesita desanudarse con urgencia. Un mandoble como el de Alejandro Magno para cortar el nudo gordiano que le impedía conquistar el mundo. Por si la crisis, los bolsillos vacíos de los espectadores y el hundimiento de la publicidad no eran suficiente, el gobierno está empeñado en enojar a todos y abrir agujeros sin cerrar ninguno. Resultado: las televisiones se quejan, RTVE agoniza y el control político ya es manipulación rampante, cierran los cines más queridos por los aficionados con entradas más caras por el IVA y el ignoto plan de financiación del cine no augura esperanzas.
Sólo crece el consumo de televisión. La gente se atrinchera en su casa con los ojos fijos en las pantallas para soportar el rigor de la crisis. Los jóvenes devoran cine y televisión en móviles, ordenadores y televisión conectada sin pasar mucho por taquilla y el guión de la industria se descompone por los huecos que nadie parece cerrar.
Las televisiones han perdido la mitad de la publicidad desde que empezó la crisis y sus beneficios descienden a niveles casi de supervivencia pese a la enorme concentración del mercado en manos de Telecinco y Antena 3. La amenaza de perder canales por el dividendo audiovisual y la chapuza de la adjudicación de la TDT mantiene al sector en vilo. El sofoco les empuja a reclamar mayor desmantelamiento de TVE, ya en barrena de audiencia y credibilidad, y de las pocas autonómicas que malviven.
Sin respuesta desde los ministerios. En los despachos del poder las soluciones se olvidan en los cajones de una política sin plan ni visión. En Estados Unidos una compañía enseña el camino. El vídeo bajo demanda en internet ha convertido a Netflix en la principal televisión de pago con 30 millones de suscriptores. Su creador lo tiene claro: el futuro de la televisión está en internet y las nuevas pantallas, los canales son aplicaciones y el mercado audiovisual da para mucho si cada uno mejora su oferta y responde a la demanda de telespectadores pegados a pantallas en cualquier sitio y momento. El resto son interferencias.
Columna en los diarios de Vocento
Sólo crece el consumo de televisión. La gente se atrinchera en su casa con los ojos fijos en las pantallas para soportar el rigor de la crisis. Los jóvenes devoran cine y televisión en móviles, ordenadores y televisión conectada sin pasar mucho por taquilla y el guión de la industria se descompone por los huecos que nadie parece cerrar.
Las televisiones han perdido la mitad de la publicidad desde que empezó la crisis y sus beneficios descienden a niveles casi de supervivencia pese a la enorme concentración del mercado en manos de Telecinco y Antena 3. La amenaza de perder canales por el dividendo audiovisual y la chapuza de la adjudicación de la TDT mantiene al sector en vilo. El sofoco les empuja a reclamar mayor desmantelamiento de TVE, ya en barrena de audiencia y credibilidad, y de las pocas autonómicas que malviven.
Sin respuesta desde los ministerios. En los despachos del poder las soluciones se olvidan en los cajones de una política sin plan ni visión. En Estados Unidos una compañía enseña el camino. El vídeo bajo demanda en internet ha convertido a Netflix en la principal televisión de pago con 30 millones de suscriptores. Su creador lo tiene claro: el futuro de la televisión está en internet y las nuevas pantallas, los canales son aplicaciones y el mercado audiovisual da para mucho si cada uno mejora su oferta y responde a la demanda de telespectadores pegados a pantallas en cualquier sitio y momento. El resto son interferencias.
Columna en los diarios de Vocento
miércoles, abril 24, 2013
Caen los diarios, en papel y en internet
La prensa se desploma. La sangría estructural de los diarios, acelerada por la crisis económica, está poniendo a la prensa en una situación límite para su sostenibilidad. Los datos de los últimos días muestran la erosión permanente de la audiencia en papel, una fuerte caída de la audiencia de los diarios digitales y una crisis publicitaria que contagia a las ediciones internet, las únicas que se salvaban de la crisis económica los últimos cinco años.
El primer EGM de 2013 refleja una nueva caída de la audiencia en papel que afecta a casi todos los diarios, sin excepción entre generalistas, deportivos; económicos o gratuitos; ni entre nacionales y locales.
La audiencia de los diarios desciende por primera vez en muchos años del 35% (34,9%), 13,7 millones de lectores. Una situación que no se recordaba desde hace 30 años y que limita el alcance y la relevancia del medio prensa.
A los malos datos en papel se suma un preocupante descenso del 9% en los usuarios de diarios digitales, los únicos que han crecido durante los últimos años. Con 12,6 millones de usuarios, la audiencia de la prensa digital se reduce y pierde cada vez más penetración en un mercado que se vuelca en otros usos como la mensajería instantánea.
Una pérdida de audiencia preocupante porque afecta a los más jóvenes, que empiezan a abandonar incluso las redes sociales, y a los clientes de telefonía más afectados por la crisis, volcados en las tarifas más baratas y con limitaciones en el consumo de medios en su smartphone.
Sólo la mitad de la audiencia digital consulta diarios digitales mensualmente, una caída de siete puntos en un año.
La audiencia digital de noticias cae al 39,5% diariamente, muy cerca de los datos del papel, lo que vuelve a alimentar las dudas sobre la creación de nuevos lectores en internet.
Los datos publicitarios del primer trimestre acaban de dar la puntilla a los diarios. La pérdida de publicidad en papel vuelve a registrar un desplome del 23,4%, lo que deja la facturación de la prensa en 132,5 millones de euros.
Pero la publicidad gráfica en internet, la controlada mayoritariamente por los diarios, cae un 3,4% y se acentúa la tendencia a la baja de los últimos meses.
La publicidad digital crece en buscadores y la estructura del mercado empieza a repartirse más entre medios diferentes, sin la concentración de la que hasta ahora disfrutaban las grandes cabeceras.
Una buena noticia para los nuevos medios y otro elemento de preocupación para los tradicionales, atrapados por la erosión de ingresos y audiencia, y conscientes de las escasas posibilidades del pago digital, los famosos paywalls, en un mercado como el español, donde la baja predisposición al pago aumenta ahora con una crisis que vacía los bolsillos de casi todos y empuja a decidir con mucho tiento en qué se gasta el dinero.
Pero en la caída de los diarios, papel y digitales, también aparece un agotamiento del modelo y una crisis de credibilidad que erosiona aceleradamente a las cabeceras tradicionales.
por
Juan Varela
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5:22 p.m.
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lunes, abril 22, 2013
Lecciones de Boston
La inteligencia colectiva de internet se volvió paranoia en las redes sociales. Las bombas de la maratón de Boston y la caza de los sospechosos desataron el rumor, la persecución y los prejuicios en las redes sociales. La distancia entre las multitudes inteligentes y las muchedumbres gritonas es de sólo un clic. El periodismo tampoco escapó a la urgencia, el sensacionalismo y los estereotipos. Ciudadanos y periodistas podemos, y debemos, hacerlo mejor.
Cuando la mayoría de la población está en las redes sociales y cada teléfono móvil es una cámara un centro de publicación, el miedo encuentra la mejor autopista. La pasión por el clic y los mensajes no es buena cuando falta criterio y sobran cotillas.
Las redes sociales no tienen nada que no tengamos en la vida real. Pero su enorme capacidad de difusión y distribución, unida al impacto de las imágenes vividas en tiempo real multiplican las emociones. La policía de Boston y el FBI utilizaron como servicio público las redes para dar información a la ciudadanía y a los medios. Junto a ellos, muchos medios y periodistas individuales aprovecharon la oportunidad para hacer periodismo a la velocidad de las redes con información fiable.
El espectáculo de las falsas acusaciones contra personas inocentes, la difusión descarada de imágenes (en internet y en algunos diarios como el sensacionalista New York Post) y los prejuicios al saberse el origen checheno de los sospechosos, pese a ser residentes legales y estar criados en los Estados Unidos vuelven a mostrar que para que internet no se convierta en el gran sinopticón (el monstruo donde todos vigilan a todos del sociólogo Zygmunt Bauman) hace falta inteligencia y responsabilidad: personal y colectiva.
Cuando la frontera entre lo real y lo virtual se difumina, la responsabilidad es imperiosa o convertiremos el mayor instrumento de libertad ofrecido por la tecnología en una cárcel vigilada por tontos interactivos. La velocidad de la red demanda más y mejor periodismo, más y mejor pensamiento. Al ritmo de la comprensión, no del rumor.
Columna en los diarios de Vocento
Cuando la mayoría de la población está en las redes sociales y cada teléfono móvil es una cámara un centro de publicación, el miedo encuentra la mejor autopista. La pasión por el clic y los mensajes no es buena cuando falta criterio y sobran cotillas.
Las redes sociales no tienen nada que no tengamos en la vida real. Pero su enorme capacidad de difusión y distribución, unida al impacto de las imágenes vividas en tiempo real multiplican las emociones. La policía de Boston y el FBI utilizaron como servicio público las redes para dar información a la ciudadanía y a los medios. Junto a ellos, muchos medios y periodistas individuales aprovecharon la oportunidad para hacer periodismo a la velocidad de las redes con información fiable.
El espectáculo de las falsas acusaciones contra personas inocentes, la difusión descarada de imágenes (en internet y en algunos diarios como el sensacionalista New York Post) y los prejuicios al saberse el origen checheno de los sospechosos, pese a ser residentes legales y estar criados en los Estados Unidos vuelven a mostrar que para que internet no se convierta en el gran sinopticón (el monstruo donde todos vigilan a todos del sociólogo Zygmunt Bauman) hace falta inteligencia y responsabilidad: personal y colectiva.
Cuando la frontera entre lo real y lo virtual se difumina, la responsabilidad es imperiosa o convertiremos el mayor instrumento de libertad ofrecido por la tecnología en una cárcel vigilada por tontos interactivos. La velocidad de la red demanda más y mejor periodismo, más y mejor pensamiento. Al ritmo de la comprensión, no del rumor.
Columna en los diarios de Vocento
jueves, abril 18, 2013
Crece el impacto del vídeo online en audiencia y publicidad

Más de un 40% de los internautas norteamericanos ven vídeo bajo demanda (VOD) y utilizan los servicios de streaming para consumir sus programas de televisión y sus películas favoritas.
Los últimos datos muestran una aceleración de la conversión de la audiencia audiovisual de las pantallas tradicionales a las plataformas con más opciones de selección de los contenidos y una disponibilidad más amplia en diversas pantallas.
El 70% del público más joven se vuelca en el streaming y casi la mitad de los internautas consumen vídeo bajo demanda.
El crecimiento del consumo multipantalla hunde los sistemas de descarga como iTunes, con un 8% de la audiencia, y sigue reduciendo los soportes físicos como el DVD.
La explosión del VOD y la televisión OTT empuja también un fuerte cambio en el mercado publicitario. La erosión del mercado de televisión convencional acelera y crece el valor del vídeo over-the-top como soporte publicitario.
Esta es una de las causas del retraso del mercado publicitario de vídeo online en España y Latinoamérica, donde las grandes cadenas continúan dominando el mercado de la televisión, con una oferta bajo demanda y OTT todavía escasa.
Pero el impacto publicitario de la televisión y el vídeo va más allá: la concentración en la televisión perjudica la posición de la prensa y de los medios con oferta premium en internet frente a un dominio abusivo de la televisión convencional, que deja para el mercado digital las campañas de bajo precio.
miércoles, abril 17, 2013
Guardian Witness: open journalism y nuevo negocio
The Guardian lanza Guardian Witness, una plataforma de periodismo abierto para aumentar el engagement con los usuarios, ampliar el negocio digital con tecnología y contenidos, y desarrollar un modelo SoLoMo (social, local y móvil) uniendo a usuarios registrados con una aplicación en su móvil a una plataforma de consumo y producción de contenidos, la marca The Guardian.
Esos son los elementos básicos de una aplicación que permite subir foto, texto y vídeos a los usuarios registrados de The Guardian, bajo la supervisión de la redacción, que convoca a los colaboradores a producir contenidos para diversos temas y admite las sugerencias de los propios usuarios.
Witness está basada en nOtice, la plataforma de publicación móvil diseñada para el contenido hiperlocal lanzada por The Guardian hace un año.
El diario británico avanza en su desarrollo de open journalism, como adelantó su director, Alan Rusbridger, hace ya casi tres años.
Los ejes de la propuesta son:
Una plataforma de acceso a los contenidos y participación. Una batalla frente a las redes sociales, de Facebook a Pinterest, donde las fotos son un elemento esencial. The Guardian sabe que para sostener su periodismo debe acelerar el crecimiento no sólo de sus usuarios, sino de los usuarios registrados y participativos.
Engagement y aplicaciones móviles. El móvil es el principal dispositivo de engagement de los usuarios con la marca. El soporte de consumo y de interacción continuo frente a la web y las tabletas, más orientadas al consumo y al acceso fragmentado a The Guardian en diferentes momentos del día.
El acceso desde el móvil y las aplicaciones marca la base de consumo de The Guardian y ofrece la continuidad de la experiencia y de usuario, como se ve en el gráfico. El contacto con el branding y sus productos se prolonga en los momentos en el que los usuarios no están en su trabajo en su casa, los más atractivos tanto para la producción de contenido como para la rentabilización local, ya que la aplicación y el móvil ponen en contacto al usuario con la plataforma (Guardian) y el cliente comercial de los servicios (anunciantes, transacciones, comercio y servicios locales).
SoLoMo y comunidad. El atractivo es el contenido local y social, producido y consumido directamente desde el móvil. Esa cercanía permite fortalecer los lazos de comunidad y desarrollar contenidos y productos con alta capilaridad: muy atractivos para pequeñas audiencias relacionadas temática y geográficamente, con su alto efecto de engagement.
Mutualización y servicios comerciales. Guardian Witness y nOtice están diseñados para licenciarse a clientes comerciales. Esta es la clave del desarrollo de un nuevo negocio que ofrece a los clientes una plataforma tecnológica, usuarios y contenidos sobre los que situar su branding y desarrollar su oferta comercial.
Es la traducción en términos de negocio de la idea de la mutualización del periodismo para lograr ingresos más allá del pago por acceso y de la magra rentabilidad del CPM y la publicidad digital convencional.
De ahí las condiciones de servicio, pensadas para mantener la propiedad intelectual de los contenidos de los usuarios pero con derechos de uso y licencia para The Guardian.
Incentivo para los usuarios. La oferta para los usuarios es participar en una comunidad local de calidad bajo una gran marca. Para los clientes comerciales y desarrolladores supone servicios de publicación móvil, multimedia, analítica, cloud computing, moderación, personalización (custom publishing), distribución y geolocalización (crowdmapping).
Es difícil saber si Guardian Witness y n0tice tendrán el éxito esperado, pero lo que es claro es la evolución hacia nuevos medios con un concepto de contenidos, participación, tecnología, distribución y negocio muy diferente al de la prensa tradicional y con una visión alternativa a la extensión del modelo convencional a través del pago por contenidos.
Una idea que recuerda a Scoopshot y otras iniciativas de publicación participativa desde el móvil como Pinterest, pero que en el caso de Guardian Witness está diseñada con el objetivo de un negocio local de alto engagement con contenidos nativos y escalabilidad en la distribución.
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Juan Varela
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10:29 a.m.
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martes, abril 16, 2013
Medios contextuales para una internet más rápida

La velocidad de internet mejora. Tanto las nuevas tecnologías de caché, APIs y sustitución de Flash (HML5, fundamentalmente), como la actualización y mejora de las redes y servidores permite un acceso más rápido a los usuarios, tanto en desktop como en móvil, a pesar del aumento de peso de la mayoría de las páginas, tanto por la mayor área gráfica como por el vídeo.
Son las principales conclusiones del último estudio de Google, uno de los más comprometidos promotores de la velocidad de la red, imprescindible para las búsquedas y para el negocio de los contextuales.
El estudio comparativo entre 2012 y 2013 muestra que la velocidad mejoró mínimamente en las webs completas (desktop), pero una enormidad si se tiene en cuenta que el tamaño de las páginas aumentó un 56%, fundamentalmente por el crecimiento de las imágenes cuando el diseño se hace cada vez más visual y táctil.
En el móvil la velocidad mejoró un 30%, tanto por la mayor eficiencia de servidores y conectividad como por la mayor adopción de sitios optimizados para las pantallas pequeñas, donde se concentra el crecimiento del tráfico.
Cuando se analiza la velocidad de la web por países, Japón, Suecia, Estados Unidos y Alemania se disputan las primeras posiciones, tanto por conectividad como por diseño de las páginas.
España anda por la mitad de la tabla de los países analizados, con una mejora del 5,88% en desktop, pero de sólo un 8,6% en móvil frente a una media del 30%. Se repite la falta de apuesta de los grandes medios españoles por las nuevas plataformas, con muchos de ellos sin optimización para smartphones o tabletas.
En Latinoamérica, México se coloca entre los territorios con mejor performance mientras Brasil y Argentina siguen en los puestos de cola, tanto por optimización como por deficiente conectividad.
El análisis de Google vuelve a ser un reclamo por una mejora de la velocidad y por la adopción de tecnologías más eficientes y livianas, tanto en desktop como en móvil.
El aumento de la audiencia y el consumo en las pantallas móviles (37% del tráfico a final de 2012, comScore), unido a la diferenciación de uso y consumo de contenidos, obliga a una optimización de versiones que no pasa sólo por el diseño o la tecnología, sino también por una oferta de contenidos y una experiencia de usuario completamente diferente y adaptada a cada soporte.
Internet ya no es única, ni tampoco el consumo ni los hábitos del usuario. La velocidad es importante, pero la clave no es sólo optimización técnica, sino también una adaptación a los hábitos de usuario que permita la mejor distribución en cada plataforma y dispositivo.
El diferente consumo en los distintos soportes obliga a pensar medios contextuales, adaptados a cada dispositivo y expectativa de consumo, tanto por la oferta como por el negocio y la experiencia de usuario. Una demanda que crece exponencialmente y se hace más crítica cuando la audiencia espera mejor calidad y respuesta de sus nuevos equipos.
por
Juan Varela
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6:57 p.m.
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lunes, abril 15, 2013
Telesofisticados
La televisión en abierto corre riesgo en Estados Unidos. Una pequeña antena ha desatado la furia del magnate Rupert Murdoch y de otros dueños de la televisión. Aero permite ver en cualquier dispositivo, de televisores a móviles, canales en abierto en directo o bajo demanda con un sistema de grabación. Puede sonar raro, pero en un país dominado por la televisión de pago y donde los canales en abierto se usan como gancho de audiencia, el objetivo de Aero puede desbaratar un gran negocio controlado por unos pocos.
La clave es el telespectador sofisticado. Una audiencia multipantalla, que ve televisión en su móvil, en el ordenador o en su televisor HD, pero renuente a tragar el aluvión de bajo coste y peor calidad de muchos canales. Quiere elegir, ver lo que le interesa bajo demanda dónde, cuándo y en el aparato que quiera. A menudo utilizando varios a la vez para compartir en las redes sociales.
Aero, como Netflix, Amazon o Filmin, además de las propias ofertas de las televisiones de pago como Yomvi intentan atraer a ese televidente inteligente que quiere ser su propio programador.
Juego de tronos, una de las series más seguidas de los últimos tiempos, ha roto el récord de descargas: su segunda temporada fue descargada 4,3 millones de veces en todo el mundo. Nada despreciable frente a los diez millones de telespectadores que consiguió en televisión en EE. UU. Si Netflix, la gran estrella del vídeo bajo demanda, fuera un canal de pago, sería el más visto de la televisión norteamericana.
YouTube, el monstruo del vídeo en internet lo sabe y acelera sus planes para convertirse en la gran plataforma global de la televisión, tanto con canales en abierto como de pago.
La revolución audiovisual es imparable. Los más innovadores en el negocio ya corren a por un negocio que ha multiplicado las horas de consumo y que lleva la televisión a todos los momentos de nuestra y lugares de nuestra vida. Los telespectadores sofisticados aún son pocos, pero su influencia y su desafío hacen temblar a una industria acostumbrada a imponer sus deseos.
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lunes, abril 08, 2013
Facebook home: un móvil social
“Nuestros móviles están diseñados para las aplicaciones, no para la gente. Queremos cambiarlo”. Mark Zuckerberg, fundador de la red social, define así Facebook Home, su propuesta para convertir el móvil en eje de la vida social. La virtud de la gran tecnología es hacernos más humanos, facilitar las tareas y actividades cotidianas, y nada tan querido como estar en contacto con la gente que nos interesa. Facebook, como antes la española Tuenti, la red social convertida por Telefónica en operadora de bajo coste, se apoderan del móvil para atraer a un público joven, nativo digital y que lo usa para relacionarse, chatear, divertirse, consumir contenidos e información. La voz ya es una antigualla facilitada además por las llamadas gratis en internet.
Facebook no ha construido un teléfono. Ni diseñado un sistema operativo. Aprovecha Android, el sistema de Google, para ofrecer una forma de ver los amigos y los contenidos de la red social del usuario y utilizar sus aplicaciones. Aprovecha la ventaja de los sistemas abiertos que permiten su personalización frente a los cerrados como Apple. El móvil de Facebook es un Android y veremos si consigue mutar al protegido iPhone.
La paradoja es que Google, propietario de Android, puede ser uno de los perjudicados si el móvil de Facebook triunfa. Las dos empresas se pelean por el mercado de la publicidad en el móvil. Google acapara más de la mitad de los anuncios –búsquedas y banners- y Facebook es el segundo gracias a la publicidad gráfica.
Las fotos, la actividad de los amigos y los mensajes son claves en el nuevo móvil. Una forma acaparar tiempo en Facebook para mantener su ventaja sobre el resto de servicios y aplicaciones, como el correo electrónico o las noticias.
La privacidad de los usuarios se sacrifica a cambio de la comodidad de las aplicaciones. Pero el móvil de Facebook puede provocar una vuelta a la cercanía: ¿querrán los usuarios recibir en su pantalla personal contenidos y mensajes de tanta gente que sólo conocen virtualmente? Si el móvil de Facebook triunfa puede hacer la red social más cercana, selectiva y real.
Columna en los diarios de Vocento
por
Juan Varela
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9:00 a.m.
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lunes, abril 01, 2013
Medios a medida
Un medio para cada persona: adaptado a gustos e intereses. Con recomendaciones de amigos y expertos. Personas mejor que algoritmos para construir una publicación personal y siempre actualizada. Medios hiperpersonalizados, accesibles en cualquier dispositivo y plataforma, especialmente en las tabletas y los móviles. Es la promesa de los agregadores: aplicaciones para manejar contenidos dirigidas a consumidores móviles, hartos de una abundancia y un desorden digital imposibles de gestionar sólo con buscadores.
La era del PC y la internet de las páginas y los buscadores acaba. El ordenador es para trabajar y crear, pero nada como tabletas y smartphones para consumir noticias, vídeos, fotos, etc. La internet móvil necesita nuevas herramientas para los contenidos, pero también para el comercio electrónico y las búsquedas cuando el ciberespacio es visual, social y táctil, con hiperconexión permanente.
Facebook presentaba hace unos días un rediseño con la promesa de convertirse en “el mejor periódico personalizado”. Poco después Google anunciaba el fin de Reader, su lector de RSS, utilizado por muchas aplicaciones para ofrecer medios personalizados. Una herramienta sin negocio para Google pero muy rentable para otros. Yahoo compra Summly, un agregador de contenidos para móviles, igual que CNN adquirió Zite hace un año. Flipboard, la aplicación líder de revistas personalizadas, permite ahora publicar y compartir sin depender de buscadores ni redes sociales.
Medios y agregadores buscan la receta perfecta cuando internet cabe en un bolsillo. Las pequeñas pantallas de móviles y tabletas y las grandes de la televisión conectada no soportan el desorden. Los consumidores hiperconectados no buscan, quieren descubrir y sorprenderse con recomendaciones de otros y no perderse sus contenidos favoritos.
La internet multipantalla pide orden y confianza. Los grandes medios la ofrecen con su marca y su reputación. Y progresivamente con acceso de pago. Los agregadores con acceso gratuito, sencillez, sincronización en diferentes aparatos y una personalización sin endogamia gracias al flujo de la edición social basado en las recomendaciones.
Columna en los diarios de Vocento
por
Juan Varela
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9:00 a.m.
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lunes, marzo 25, 2013
Cinismo contra las descargas
De la ley Sinde a la ley Lassalle contra las descargas y continúa la ceguera. Acabar con las descargas es imposible. Controlar los enlaces de internet también, además del peligro de la censura. Un canon digital pagado con
dinero público es un escarnio cuando se limita la copia privada. Igual con el uso de textos educativos cuando la mayoría los pagamos apriori con sueldos y ayudas públicas a docentes e investigadores. El gobierno se ufana de proteger los derechos de autor, pero olvida aumentar el negocio, animar la cultura y proteger a los consumidores.
El Ministerio de Cultura alude en su anteproyecto al impacto digital sobre el entretenimiento y la cultura para proteger “los derechos de propiedad intelectual”. Ese no es el problema. La clave es ofrecer más contenidos en todas las plataformas y dispositivos, a mejor precio y cuando desean los consumidores. Reducir barreras comerciales y animar un mercado más abierto. Sin monopolio de las grandes productoras y distribuidoras de música o cine o de las editoriales dominantes. Sufrimos el absurdo de no poder vender o alquilar, pagando derechos, lo ya visto gratis en televisión.
El Ministerio de Cultura alude en su anteproyecto al impacto digital sobre el entretenimiento y la cultura para proteger “los derechos de propiedad intelectual”. Ese no es el problema. La clave es ofrecer más contenidos en todas las plataformas y dispositivos, a mejor precio y cuando desean los consumidores. Reducir barreras comerciales y animar un mercado más abierto. Sin monopolio de las grandes productoras y distribuidoras de música o cine o de las editoriales dominantes. Sufrimos el absurdo de no poder vender o alquilar, pagando derechos, lo ya visto gratis en televisión.
La propuesta avanza en perseguir el dinero, no a la gente. Pero en lugar de bloquear la publicidad en las webs de descargas debería cobrar por ellas. Internet no dinamita los derechos de autor sino la distribución por ventanas (tiempo y canal) y precios controlados por la gran industria. Cuando una copia está disponible debería poderse distribuir, alquilar o vender libremente por cualquier canal remunerando con precio de mercado, no como ahora
fijado oligopólicamente, a sus propietarios. La llamada doctrina de la primera venta y la flexibilización del mercado que se busca en la Unión Europea. Aumentaría la oferta legal, rebajaría precios y fomentaría el consumo. Es el objetivo de gigantes como Amazon, Google, YouTube o Netflix.
No seamos tan tercos con ciertos derechos y ganemos con un negocio más abierto y justo para todos antes que nuevos dueños sustituyan a viejos monopolios.
Columna en los diarios de Vocento
Columna en los diarios de Vocento
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Juan Varela
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sábado, marzo 23, 2013
El gobierno presiona a las televisiones

La televisión necesita otra carta de ajuste. La TDT revienta por el permanente intervencionismo político y un modelo audiovisual insostenible. El presidente de RTVE alerta de la insostenibilidad de la televisión pública sin publicidad y el gobierno de Rajoy ha provocado un terremoto al anunciar que las grandes televisiones tendrán que devolver canales que el ejecutivo de Zapatero les regaló en 2010 sin concurso público. Desde el inicio de la nueva era audiovisual con la creación de las nuevas cadenas y el despliegue de la TDT la televisión no ha parado de dar vueltas.
Las televisiones se sienten traicionadas por el ejecutivo. Los rumores sobre la vuelta de la publicidad a RTVE son constantes mientras la privatización de las autonómicas encuentra más problemas de los previstos por el PP. TVE quiere más dinero para frenar su déficit de 113 millones de euros en 2012 mientras cadenas y operadoras de telecomunicaciones con oferta audiovisual inventan argucias para pagar menos tasas a la televisión pública.
El ministro José Manuel Soria y los técnicos de Industria intentaron el verano pasado aprovechar la obligación de liberar y reubicar frecuencias del dividendo digital para reducir canales tanto de las cadenas comerciales como las públicas. Las tensas negociaciones acabaron con un acuerdo para comprimir las frecuencias y no reducir una oferta en la que se han invertido muchos recursos.
España es el cuarto país europeo con más canales nacionales en abierto (datos y gráfico del Observatorio Audiovisual Europeo), a los que hay que sumar autonómicos y locales. Pero es uno de los más restringidos en televisión de pago y contenidos premium. Ningún gran país europeo ha sufrido estos años una erosión tan grande en el mercado, con la desaparición de la mitad de la publicidad, ni tiene tan concentrado el negocio de la televisión en dos grandes grupos, Mediaset y Antena 3, que dominan el mercado con una facturación que supone la mitad del negocio publicitario total.
La sentencia del Supremo y la decisión del gobierno afecta a los cinco primeros grupos de comunicación del país, como se ve en el gráfico. A Mediaset (2 canales) y a Prisa como accionista, a Planeta con tres canales de la nueva Atresmedia, y a Vocento y Unidad Editorial, con sus canales de TDT alquilados.
España es el cuarto país europeo con más canales nacionales en abierto (datos y gráfico del Observatorio Audiovisual Europeo), a los que hay que sumar autonómicos y locales. Pero es uno de los más restringidos en televisión de pago y contenidos premium. Ningún gran país europeo ha sufrido estos años una erosión tan grande en el mercado, con la desaparición de la mitad de la publicidad, ni tiene tan concentrado el negocio de la televisión en dos grandes grupos, Mediaset y Antena 3, que dominan el mercado con una facturación que supone la mitad del negocio publicitario total.
La sentencia del Supremo y la decisión del gobierno afecta a los cinco primeros grupos de comunicación del país, como se ve en el gráfico. A Mediaset (2 canales) y a Prisa como accionista, a Planeta con tres canales de la nueva Atresmedia, y a Vocento y Unidad Editorial, con sus canales de TDT alquilados.
La aplicación “estricta”, como dijo la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, de una sentencia del Supremo sobre los nueve canales mal adjudicados rebajaría el duopolio de Mediaset y Antena 3, y dejaría a concesionarios como Net TV (Vocento) y Veo TV (Unidad Editorial) con dos canales frente a los cuatro actuales. Los defensores de la medida reclaman
canales para nuevos operadores o una reducción de la oferta para potenciar la nueva televisión por internet. Las cadenas denuncian inseguridad jurídica y un chantaje a las televisiones en la crispación de los escándalos de corrupción, con el caso Bárcenas, las protestas contra las políticas del PP y el gobierno llenando páginas y minutos de telediario.
Por eso no sorprende que El Mundo titule su editorial El gobierno machaca a los medios para quejarse de un estrangulamiento económico en el que no falta presión política e informativa. Los grandes grupos ya negocian a toda prisa con el ejecutivo de Rajoy. Tienen menos de un año para llegar a un acuerdo. Habrá que vigilar portadas y escaletas de telediarios para observar cómo afecta una medida económica a la independencia y el rigor de la información, víctimas a menudo también de la concentración.
Por eso no sorprende que El Mundo titule su editorial El gobierno machaca a los medios para quejarse de un estrangulamiento económico en el que no falta presión política e informativa. Los grandes grupos ya negocian a toda prisa con el ejecutivo de Rajoy. Tienen menos de un año para llegar a un acuerdo. Habrá que vigilar portadas y escaletas de telediarios para observar cómo afecta una medida económica a la independencia y el rigor de la información, víctimas a menudo también de la concentración.
Sobra intervencionismo político, falta plan y se echa de menos una autoridad audiovisual independiente -esa a la que permanentemente se oponen las televisiones- para diseñar una televisión en plena revolución digital y para garantizar a los ciudadanos y la democracia la independencia de los grandes grupos y medios de comunicación.
viernes, marzo 22, 2013
De la ley Sinde a una mala ley Lassalle
El gobierno Rajoy aprueba la ley Lassalle, el anteproyecto de reforma de la Ley de Propiedad intelectual que sustituye a la contestada y criticada ley Sinde. Mejora algunos aspectos y otros los empeora, pero sobre todo pierde una oportunidad para repensar la propiedad intelectual y los derechos de autor en la era digital y con más consenso de todos. La enorme contestación de casi todos los sectores augura una ley frágil y caduca antes de nacer porque no recoge algunos elementos clave para el negocio y el consumo digital.
Según el texto conocido hasta ahora, la propuesta empeora algunos derechos como la copia privada (ahora sólo temporal y más restrictiva) y sanciona un canon digital que pagan todos los ciudadanos, más injusto que el anterior.
Además reduce el derecho de cita en la educación al excluir a los libros de texto y obliga a las universidades a pagar un canon por los materiales de la enseñanza que amplía los actuales.
Entre las mejoras está el mayor control y supervisión de las sociedades de gestión de derechos de autor, obligadas a mayor transparencia en su actividad, para evitar escándalos como el de la SGAE.
La supervisión de las tarifas y licencias de derechos de autor trata de evitar el abuso actual de las gestoras, pero no plantea un mercado dinámico, abierto y transparente. La regulación de tarifas no garantiza una oferta más adecuada si no se hace por un organismo autónomo y con criterios de mercado y promoción de nuevos negocios. Una supervisión para la que sería necesario una autoridad de la competencia independiente, como la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones o el fenecido Consejo Audiovisual (CEMA), no un organismo dependiente del Ministerio de Educación y Cultura.
La ley Lassalle mejora la persecución contra las webs de descargas no autorizadas y permite perseguir los enlaces aunque los contenidos estén alojados por otras páginas y servidores cuando hay elementos objetivos de que se dedican a difundir y comercializar contenidos protegidos y cuya difusión no está autorizada.
Entre las novedades destacan las herramientas para cortar el negocio de las descargas. La intención es perseguir el dinero, no a la gente, bloqueando la publicidad y los pagos. Para que esa medida sea efectiva debería adoptarse una interpretación liberal de la doctrina de first sale o primera venta (como la que acaba de efectuar el Tribunal Supremo de Estados Unidos).
De esa forma se diferenciarían las copias no autorizadas de las licencias de uso y permitirá cobrar una licencia universal para todas las copias. Un mercado secundario para las descargas no autorizadas que permita cobrar a quienes las distribuyan con el fin de recuperar ingresos para los autores y acercar el mercado irregular al comercial.
Mejor cobrar derechos de las descargas que seguir persiguiendo lo imparable y enredándose en procesos administrativos y judiciales que no impulsan la creación de un mercado legal más atractivo ni cambian los hábitos de muchos internautas.
La intención de bloquear la publicidad en las webs de descargas es bastante inútil tal como funciona el mercado de la publicidad digital, con muchos mayoristas, contratación indirecta y automatizada (el que más crece), sin relación directa entre anunciantes y soportes, como explica Julio Alonso.
Los buscadores, la cita y los enlaces privados o sin ánimo de distribución masiva o intencionada de descargas no autorizadas quedan fuera de la persecución de la Comisión de la Propiedad Intelectual. A pesar de las excepciones, el problema es de garantías.
La Sección Segunda de la Comisión de la Propiedad Intelectual sustituye la garantía de los jueces por un procedimiento administrativo. Los integrantes de la comisión pertenecen a cuatro ministerios (Educación y Cultura, Economía, Industria y Presidencia), sin representantes de los consumidores ni del sector, pero sin constituirse como una autoridad independiente, como menciono arriba.
Las garantías, los derechos y la interpretación de una ley con muchas lagunas queda en manos del poder ejecutivo. Un nuevo error y una erosión de derechos cuando se puede recabar información de las operadoras de telecomunicaciones sobre las webs y páginas denunciadas, y cuando los procedimientos de sanción y defensa no son claros y garantistas.
La reforma de la propiedad intelectual aún tiene recorrido en el Congreso, pero no hay muchas esperanzas de mejora sustancial cuando se analizan las posiciones pasadas de los grupos políticos. Como en tantos otros temas, la realidad, la audiencia y la evolución del negocio va mucho más rápido que las leyes.
Según el texto conocido hasta ahora, la propuesta empeora algunos derechos como la copia privada (ahora sólo temporal y más restrictiva) y sanciona un canon digital que pagan todos los ciudadanos, más injusto que el anterior.
Además reduce el derecho de cita en la educación al excluir a los libros de texto y obliga a las universidades a pagar un canon por los materiales de la enseñanza que amplía los actuales.
Entre las mejoras está el mayor control y supervisión de las sociedades de gestión de derechos de autor, obligadas a mayor transparencia en su actividad, para evitar escándalos como el de la SGAE.
La supervisión de las tarifas y licencias de derechos de autor trata de evitar el abuso actual de las gestoras, pero no plantea un mercado dinámico, abierto y transparente. La regulación de tarifas no garantiza una oferta más adecuada si no se hace por un organismo autónomo y con criterios de mercado y promoción de nuevos negocios. Una supervisión para la que sería necesario una autoridad de la competencia independiente, como la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones o el fenecido Consejo Audiovisual (CEMA), no un organismo dependiente del Ministerio de Educación y Cultura.
La ley Lassalle mejora la persecución contra las webs de descargas no autorizadas y permite perseguir los enlaces aunque los contenidos estén alojados por otras páginas y servidores cuando hay elementos objetivos de que se dedican a difundir y comercializar contenidos protegidos y cuya difusión no está autorizada.
Entre las novedades destacan las herramientas para cortar el negocio de las descargas. La intención es perseguir el dinero, no a la gente, bloqueando la publicidad y los pagos. Para que esa medida sea efectiva debería adoptarse una interpretación liberal de la doctrina de first sale o primera venta (como la que acaba de efectuar el Tribunal Supremo de Estados Unidos).
De esa forma se diferenciarían las copias no autorizadas de las licencias de uso y permitirá cobrar una licencia universal para todas las copias. Un mercado secundario para las descargas no autorizadas que permita cobrar a quienes las distribuyan con el fin de recuperar ingresos para los autores y acercar el mercado irregular al comercial.
Mejor cobrar derechos de las descargas que seguir persiguiendo lo imparable y enredándose en procesos administrativos y judiciales que no impulsan la creación de un mercado legal más atractivo ni cambian los hábitos de muchos internautas.
La intención de bloquear la publicidad en las webs de descargas es bastante inútil tal como funciona el mercado de la publicidad digital, con muchos mayoristas, contratación indirecta y automatizada (el que más crece), sin relación directa entre anunciantes y soportes, como explica Julio Alonso.
Los buscadores, la cita y los enlaces privados o sin ánimo de distribución masiva o intencionada de descargas no autorizadas quedan fuera de la persecución de la Comisión de la Propiedad Intelectual. A pesar de las excepciones, el problema es de garantías.
La Sección Segunda de la Comisión de la Propiedad Intelectual sustituye la garantía de los jueces por un procedimiento administrativo. Los integrantes de la comisión pertenecen a cuatro ministerios (Educación y Cultura, Economía, Industria y Presidencia), sin representantes de los consumidores ni del sector, pero sin constituirse como una autoridad independiente, como menciono arriba.
Las garantías, los derechos y la interpretación de una ley con muchas lagunas queda en manos del poder ejecutivo. Un nuevo error y una erosión de derechos cuando se puede recabar información de las operadoras de telecomunicaciones sobre las webs y páginas denunciadas, y cuando los procedimientos de sanción y defensa no son claros y garantistas.
La reforma de la propiedad intelectual aún tiene recorrido en el Congreso, pero no hay muchas esperanzas de mejora sustancial cuando se analizan las posiciones pasadas de los grupos políticos. Como en tantos otros temas, la realidad, la audiencia y la evolución del negocio va mucho más rápido que las leyes.
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Juan Varela
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El impacto del pago digital en audiencia y negocio
Las últimas cifras de los diarios británicos (audiencia mensual en el gráfico) muestran el impacto en la audiencia de los modelos de pago como el de Financial Times o The Times. Mientras sus principales competidores, como The Guardian o The Daily Telegraph, duplican su audiencia con los usuarios digitales, el diario de Murdoch sólo crece un 7% en audiencia mensual y el periódico económico aumenta un 45,9%, según los datos del National Readership Survey. Pero ambos diarios, al igual que los populares The Sun y Daily Mirror, con una menor presencia en la web, parecen estar defendiendo mejor su audiencia en papel y, por tanto, la parte más importante del negocio, tanto en publicidad como en circulación (venta de ejemplares).
Si estas cifras se consolidan podrían respaldar por una parte la oportunidad del modelo de pago para algunas cabeceras, pero también lanzan una señal clara: sin creación de nueva audiencia merman las posibilidades de negocio futuro.
La conclusión sobre los modelos de pago está cada día más clara: sirven para frenar el ritmo de caída de la circulación impresa, pero no son el futuro sin el desarrollo de otros negocios.
El negocio futuro de la información necesita combinar ingresos de pago con los publicitarios, suscriptores o socios con audiencia gratuita, y crear nuevas fuentes de rentabilización y financiación de los contenidos.
Para tener una estrategia de negocio sostenible hace falta combinar diferentes audiencias, tipos de consumidores y fuentes de ingresos, no abrir unas para cerrar las otras.
Por eso los medios digitales de pago necesitan una doble estrategia: en abierto para aumentar audiencia y relevancia, y de suscriptores o socios para sostener la rentabilidad. En mi opinión va más allá de los modelos porosos o por consumo puestos en marcha por muchos diarios y necesita una estrategia móvil y de aplicaciones, además de otra de servicios y marketing digital para garantizar la sostenibilidad.
Sólo algunos medios, de nicho y especializados, o aquellos que como los diarios locales comprados por Warren Buffett combinan monopolio en el mercado y bajas tasas de penetración de medios digitales, pueden aspirar a un negocio basado sobre todo en el pago por ejemplares y la suscripción digital.
En los datos de Gran Bretaña hay dos elementos claves: la erosión de la difusión impresa y la evolución de las audiencias impresas y digitales, con estancamiento a la baja de la audiencia impresa y crecimiento de la digital.
Los nuevos lectores son digitales, especialmente móviles y en tabletas. Características comunes a todos los mercados desarrollados.

En España, los últimos datos de los editores muestran las mismas tendencias: la audiencia digital crece y la impresa disminuye a menor ritmo. Aumentan los lectores por ejemplar, lo que permite sostener las audiencias impresas: 13,6 millones de lectores de prensa impresa en 2011 frente a casi 12 millones de audiencia digital, una tendencia muy similar a la británica por el crecimiento de lectores por ejemplar impreso.
En mercados como Estados Unidos la alta penetración de dispositivos digitales y la aceleración de la migración de circulación impresa a digital provoca un mayor crecimiento de la audiencia digital frente a la de la prensa tradicional. Hasta el punto que muchos diarios aumentan la estrategia de conseguir lectores impresos gratis (promociones, inserts, suscripción subvencionada) mientras crecen en pago digital y en suscripción multiplataforma a mayor precio.
The Times tiene 5,5 millones de lectores en total, pero sólo aumentan en medio millón gracias a los digitales al estar cerrada su web completamente al pago.
Ha conseguido más de 127.000 suscriptores digitales, según las últimas cifras de difusión. Aproximadamente un tercio de su circulación es digital, pero la tendencia de descenso de suscriptores se mantiene en ambos soportes.
The Times y The Sunday Times no parecen haber conseguido aumentar su atractivo en los soportes digitales, como está haciendo Financial Times.
Los diarios digitales en abierto (The Daily Telegraph, The Guardian) triplican su audiencia con los usuarios digitales, pero no consiguen mantener la audiencia impresa y la difusión como el Times.
Con más de 540.000 ejemplares vendidos, el Telegraph alcanza 1,34 millones de lectores impresos diarios y 4,17 millones al mes.
The Guardian logra un millón de lectores de la edición impresa diariamente con menos de 200.000 ejemplares y alcanza a 4,3 millones al mes.
The Times consigue 1,31 millones de lectores de la edición impresa diariamente y 5,11 millones al mes con bastante menos circulación: 394.000 ejemplares.
Cuando se analiza la difusión, desde la puesta en marcha del muro de pago por The Times en junio de 2010, la circulación impresa ha disminuido un 11,6% frente a un 22,8% en The Guardian y un 14,4% en el Telegraph.
La tendencia se acentúa en el último año. La circulación de The Times cayó un 3% frente una pérdida del 7,21% en su competidor directo, el Telegraph, y de más del 11% en The Guardian.
En la migración del negocio a las aplicaciones y los nuevos soportes, la tendencia es la misma: The Times lidera de lejos la suscripción y la lectura en iPad con más de 54.000 suscriptores activos diarios frente 46.000 lectores en iPad del Telegraph (asociada la suscripción impresa) y muy por delante del Guardian con algo más de 19.000 suscriptores en la tableta.
El caso de Financial Times es distinto por su especialización económica y su alta dependencia de las suscripciones corporativas o pagadas por las empresas a sus ejecutivos. La circulación digital, con 316.000 suscriptores, ya supera a la impresa, con 269.000. En total, 602.000 ejemplares de difusión total.
Su audiencia impresa diaria en Gran Bretaña es de 319.000 lectores con sólo 59.000 digitales. Una proporción muy similar al Times.
Su carácter especializado, con mucho lector poco frecuente, le hace crecer en audiencia mensual hasta 1,6 millones en la edición impresa con 856.000 en la digital.
La evolución de las audiencias explican porqué The Times y The Sunday Times se han vuelto a abrir a Google y la consistencia de la estrategia de permitir el acceso de pago desde redes sociales y fuentes externas de The New York Times.
The Washington Post acaba de anunciar un modelo de pago digital para lectores frecuentes pero con acceso abierto a estudiantes, investigadores y a toda la estructura política y administrativa de Washington en un intento de no perder audiencia digital ni relevancia informativa.
La cuestión no es pago o gratis. El problema es cómo se diseña un negocio de pago y cómo el gratuito.
En el caso del pago una de las mejores estrategias es crear clubes de lectores o socios donde el pago está asociado a la afinidad, la relación, la exclusividad y la participación, no con el soporte ni el producto concreto.
Esas estrategias permiten defender la circulación, impresa o digital, y abrir las oportunidades de nuevos negocios de marketing directo y servicios.
Ese es el triunfo de nuevos medios como ElDiario.es o de medios tradicionales como La Nación en Argentina o El Mercurio en Chile.
La estrategia gratuita funciona mejor cuando se ofrece un producto de calidad a un público distinto, con menor fidelización y menos profundidad de lectura. Un público más atraído por la actualización y el consumo rápido de información.
No son modelos excluyentes ni para el negocio ni para un periodismo que debe ser cada vez más escalable (producido y editado para diferentes audiencias y demandas) y adaptarse al consumo con medios contextuales: adaptados al interés, momento, soporte, predisposición a la lectura y dispositivo de consumo.
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Juan Varela
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11:59 a.m.
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jueves, marzo 21, 2013
La crisis frena y abarata la publicidad en internet
Internet ya es el segundo medio publicitario en España por delante de los diarios, como se esperaba, pero la crisis frena su crecimiento y provoca un retroceso del 1,5% en la inversión: de 899 millones en 2011 a 885,7 millones en 2012 (19,1% del mercado), según las cifras presentadas por el IAB. La peor señal es la caída del 13% en la publicidad gráfica -370 millones de euros en display, la que alimenta los medios digitales- a favor de un aumento del 6,9% en búsquedas, dominadas por Google: 488,7 millones.
Las cifras de final de 2012 confirman la tendencia del primer semestre, con un desplazamiento de la inversión hacia la publicidad de bajo coste: buscadores, medios nativos y pequeños, RTB y programmatic (DSPs, Exchanges...), etc. y una huida de las grandes campañas.
La estrategia de rebaja de precios en muchos grandes medios no ha conseguido parar la sangría, impulsada sobre todo por la caída de la publicidad de telecomunicaciones, aquejada de su primera gran crisis digital (datos CMT 2012), la de turismo y viajes, y la de cultura, con el impacto del aumento del IVA como telón de fondo. El aumento de los impuestos ha impedido un mejor final de año para volver a las cifras de 2011 o incluso mejorarlas.
Con estos factores, no es de extrañar el contraste entre el estancamiento a la baja del mercado frente al crecimiento de los países de referencia como Estados Unidos (6% a fin del tercer trimestre), 12% en Gran Bretaña en el primer semestre o en Alemania (pdf).
La recesión y la contracción del mercado aumentan la concentración con el 80% de la inversión en manos del top 10 de anunciantes, casi diez puntos por encima de 2011. Un síntoma del frenazo en la incorporación de más anunciantes al mercado, sobre todo al local y en algunos nichos.
En cuanto al modelo de pricing destaca el crecimiento de las posiciones por tiempo fijo y las promociones, un indicativo de una búsqueda de mayor eficacia y de la falta de rotación de anunciantes en muchos medios.
La inversión en móviles continúa creciendo con fuerza, un 68% en un mercado todavía pequeño: 27 millones de euros, un 3,1% del total y casi un 6% de la publicidad gráfica, que domina en las nuevas pantallas con un 80% de la inversión.
La publicidad móvil está dividida entre web y aplicaciones casi a la mitad, pero en el segundo semestre se nota un crecimiento fuerte de la inversión en web, donde la oferta en España es mayor frente a un mercado de aplicaciones todavía débil, tanto en alternativas como en consumo, y con una escasa penetración de aplicaciones de pago.
El IAB espera una ligera recuperación para 2013, de entre el 1 y el 3%, cuando el mercado de publicidad seguirá perdiendo alrededor del 10% y por primera vez en muchos años puede caer por debajo del 1% del PIB.
El crecimiento se seguirá concentrando en publicidad low cost, con un descenso sostenido del precio (CPM) y mayor apuesta por la subasta en tiempo real (RTB y programmatic) con más inventario tanto de las redes sociales como de medios locales y pequeños que pueden llegar a mejorar sus resultados con la adquisición por perfiles de usuarios.
Las dificultades para rentabilizar los contenidos seguirán empeorando para los medios generalistas y de medio tamaño. El volumen empezará a ser menos importante, porque se compra a los mayoristas y a los sistemas automatizados, y aumenta el atractivo de un público más específico asociado a mercados más segmentados.
El mercado digital está lejos de madurar. La concurrencia de crisis y evolución de los soportes, la oferta de contenidos y los cambios en los formatos y la contratación publicitaria dejan un mercado con la inversión altamente concentrada en los grandes medios: Google con la mitad del mercado y los líderes de cada gran categoría, oportunidades para medios de bajo coste y muchos problemas para los medianos, donde se encuentran gran parte de los diarios y revistas, además de la mayoría del mercado local y de los medios informativos.
Las oportunidades están en medios segmentados, con publicidad barata y una gran capacidad de fidelización de perfiles de público atractivos para los anunciantes digitales, además del desarrollo de servicios de contacto y transacción directa como las ofertas, descuentos, marketing directo, etc., los únicos que están creciendo en los últimos meses.
por
Juan Varela
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6:48 p.m.
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miércoles, marzo 20, 2013
Feedly crece con el fin de Google Reader
El RSS aún importa Tanto que el anuncio del fin de Google Reader hace unos días ha empujado a Feedly, la alternativa más popular, a lo alto de los ránkings de aplicaciones de noticias en todas las plataformas. Arriba se puede ver el impacto en Estados Unidos y abajo en España (datos de AppData) en iPhone y iPad, con un comportamiento similar en Android. Una escalada en las listas y una reacción de los usuarios que deja varias lecciones para las aplicaciones y los medios:
- Los usuarios quieren controlar sus fuentes de información. La personalización es selectiva.
- Los medios y las redes sociales no sustituyen al RSS: un uso más informal y de descubrimiento que de fidelización.
- La sincronización multipantalla es esencial para consumidores multiplataforma.
- El flujo de información es para los móviles; la lectura reposada de un medio informativo, para las tabletas.
Lo dije cuando Google anunció que Reader desaparecerá en julio: el RSS importa. Es el código de la mayoría de aplicaciones y agregadores de los grandes consumidores de información. La herramienta clave de todos aquellos que por afición o por motivos profesionales necesitan consultar y gestionar gran cantidad de información y fuentes: de periodistas a especialistas en cualquier campo hasta los consumidores intensivos de información.
El consumidor profesional o muy intensivo necesita personalizar sus fuentes de información y gestionarlas activamente. Pero también mantener la capacidad de archivo y de encontrar información mucho más difícil o lenta de recuperar en los buscadores e inaccesible en las redes sociales, todavía con una capacidad de búsqueda muy limitada.
Los agregadores sirven mejor cuando puedes controlar y gestionar fácilmente las fuentes a las que dan acceso.
Las redes sociales y las aplicaciones basadas en el flujo social son otra forma de consumir contenidos. Se basa más en la casualidad, la serendipia y en el descubrimiento gracias al criterio social que en el seguimiento y la alerta de las fuentes más fiables o necesarias para muchos grandes usuarios de contenidos.
En el RSS se busca una información y contenidos concretos sobre los que se tiene una valoración y criterio de las fuentes a las que se accede.
En las redes sociales y sus aplicaciones de lectura se descubre lo que no deberías perderte gracias a las recomendaciones.
Los datos de Flipboard, tanto en España como en Estados Unidos, muestran que el incremento de usuarios tras el anuncio del fin de Google Reader ha sido muy bajo y se ha desvanecido rápidamente.
La multipantalla demanda acceso en todos los dispositivos y sincronización. El consumidor es multipantalla y los contenidos se consumen en todas las plataformas y dispositivos, aunque de diferente forma. Esa es otra razón para el crecimiento de Feedly: a diferencia de Flipboard u otras alternativas como Pulse, se puede utilizar en navegadores como Chrome, donde supera los 660.000 usuarios y está calificada con la máxima puntuación.
El usuario necesita simplicidad, un interfaz común y sincronización de sus contenidos en todos sus dispositivos: ordenador, móvil y tabletas. La batalla de la distribución de los contenidos es multipantalla, por eso Facebook intenta convertirse en un diario personalizado y los medios no deben olvidar que el contexto y el soporte son igual de esenciales que cuando se distribuía en papel y ondas de radio o televisión.
Los móviles son el soporte para el flujo informativo y la actualización. En las tabletas aumenta el consumo directo y la fidelidad a la marca o cabecera. El crecimiento de Feedly como alternativa a Google Reader es mucho mayor en la aplicación para smartphones (tanto iOS como Android) que en iPad.
Lo mismo ocurre con Flipboard, mejor situada en la clasificación de iPhone que en la de iPad.
El atractivo de las aplicaciones de cada medio informativo crece en las tabletas frente a los móviles, donde en el caso de España también aparece Mobile RSS, otra de las aplicaciones de RSS más utilizadas.
Los usuarios de tabletas consumen más contenidos a través de la aplicación de la fuente original, lo que confirma la fortaleza de las tabletas como soporte para la televisión y la prensa.
Google por ahora saca poco provecho para Google Currents, su mejor alternativa a pesar de la obsesión por Google+, explicada por Brian Shih, antiguo product manager de Reader.
por
Juan Varela
en
1:30 p.m.
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martes, marzo 19, 2013
Mala regulación para mala prensa
Perro no come perro. El viejo lema
de Fleet Street, la decaída calle de la prensa británica, no impidió que The
Guardian revelara el escándalo de las escuchas del News of the World. Fue
el periodismo, no el gobierno, los reguladores ni la justicia quienes airearon las
miserias del imperio sensacionalista de Rupert Murdoch. El debate sobre la
regulación se cierra con un acuerdo
político para crear un regulador independiente que sustituya a la
fracasada Press Complaint
Commission, la autoridad de autocontrol de la prensa británica. Políticos y
prensa siguen peligrosamente entrelazados con los ciudadanos al margen, pero
cómplices en el consumo de información basura.
El acuerdo -no compartido por muchos diarios- es un fracaso para la prensa y la sociedad. Emerge una pasión regulatoria que empuja la propia Comisión Europea y que se discute hace años en países como España, con el nonato Consejo Audiovisual (CEMA) subsumido en el regulador único propuesto por el gobierno Rajoy.
La nueva regulación británica excluye a las televisiones y sus webs -sometidas a Ofcom, la autoridad de telecomunicaciones y audiovisual- a los blogs y medios digitales que no sean específicamente periodísticos. La opinión y la información digital seguirá limitada sólo por las leyes comunes. Cualquiera podrá tuitear o publicar cualquier injuria o calumnia, pero si lo hace un periodista se someterá a las sanciones del nuevo organismo.
El vigilante de la prensa nace con limitaciones para abarcar el ecosistema digital y atrapado por el pecado capital que tanto los políticos como el informe Leveson, origen de esta regulación, obvian en su acuerdo: el mal de la prensa está en la excesiva proximidad de políticos y medios unida a una ilegítima pasión por airear la privacidad de las personas en lugar de informar sobre lo que realmente afecta al interés público y se desarrolla en un espacio público.
El Gran Hermano de todos vigilando a todos nunca ha sido tan cotilla. No es nuevo, la historia de las dictaduras enseña que las miserias y las debilidades cotidianas son el blanco perfecto de los totalitarios y los censores.
El infinito ciclo de la información 24 horas alimenta al gran monstruo del comentario y la opinión permanente, la lucha por la primicia nimia y la frivolidad de las páginas vistas. La telerrealidad y la privacidad publicada en las redes sociales se enseñorean de la vida que compartimos y baten récords de audiencia.
Ningún organismo de control ha mejorado jamás las noticias, el derecho ciudadano a la información veraz ni a los medios de comunicación. Son la propia sociedad, la profesión periodística y el mercado quienes lo han hecho denunciando excesos, batallando con la propia competencia entre medios, aumentando los criterios de calidad y abandonando a las cabeceras que no representan el sentir y el pensar de su audiencia.
El gran fracaso de los reguladores, de Lehman Brothers a Bankia o Chipre, demuestra que solo funcionan cuando los regulados son transparentes y responsables. Cuando los reguladores no tienen intereses comunes con los vigilados. Cuando la sociedad participa activamente, vigila, reclama y demanda.
La furia por aumentar reguladores hace fruncir el ceño cuando día tras día, de los escándalos financieros a los políticos, los ciudadanos asisten al fracaso de las herramientas de control institucional teóricamente diseñadas para evitar los abusos y proteger a los ciudadanos, consumidores, ahorradores, deudores, etc.
No hay píldora para el déficit ético y democrático. Los organismos de control y regulación son a menudo un placebo para limpiar conciencias. Sin un periodismo crítico, responsable y transparente (escaso), sometido a leyes comunes aplicadas con diligencia (infrecuente), con principios claros (cada día más abandonados) y una separación nítida entre periodismo y política (un sueño), ninguna regulación funciona.
El manto deontológico del nuevo regulador británico esconde las cloacas del poder, compartidas por Murdoch y el resto de barones de la prensa con los políticos. Esa promiscuidad y el desbocado sensacionalismo de algunos medios destruyó al Press Council, antecesor de la Press Complaints Commission, moribunda por las mismas infecciones.
No somos ajenos. Las quejas sobre la credibilidad de la prensa y los medios crecen. La sospecha se extiende a las revelaciones y exclusivas que a menudo pasan de noticia a arma editorial de quienes defienden a unos partidos e intereses contra otros.
Las televisiones públicas languidecen con la amenaza de la privatización y el deterioro de su imagen como propagandistas del poder. Mediaset y Antena 3 han creado un duopolio televisivo sin parangón en los países desarrollados con la aquiesciencia de los gobiernos de Zapatero y Rajoy.
Con un gobierno encerrado en el silencio y la propaganda desbocada y una oposición cuyo partido principal tiene tantos problemas de comunicación internos como externos, el principal mal de la información son las ruedas de prensa sin preguntas y la manipulación burda y descarada de los hechos y el lenguaje.
Ni el nuevo regulador británico es tan malo ni nada hace suponer que mejorará el periodismo y el derecho a la información. Sólo la mayor transparencia de los propios medios a través de su conducta y de herramientas de interactividad con la audiencia previenen de los abusos. Las necesidades del periodismo y las demandas de la audiencia no caben en un órgano de control.
Análisis en ElDiario.es
El acuerdo -no compartido por muchos diarios- es un fracaso para la prensa y la sociedad. Emerge una pasión regulatoria que empuja la propia Comisión Europea y que se discute hace años en países como España, con el nonato Consejo Audiovisual (CEMA) subsumido en el regulador único propuesto por el gobierno Rajoy.
La nueva regulación británica excluye a las televisiones y sus webs -sometidas a Ofcom, la autoridad de telecomunicaciones y audiovisual- a los blogs y medios digitales que no sean específicamente periodísticos. La opinión y la información digital seguirá limitada sólo por las leyes comunes. Cualquiera podrá tuitear o publicar cualquier injuria o calumnia, pero si lo hace un periodista se someterá a las sanciones del nuevo organismo.
El vigilante de la prensa nace con limitaciones para abarcar el ecosistema digital y atrapado por el pecado capital que tanto los políticos como el informe Leveson, origen de esta regulación, obvian en su acuerdo: el mal de la prensa está en la excesiva proximidad de políticos y medios unida a una ilegítima pasión por airear la privacidad de las personas en lugar de informar sobre lo que realmente afecta al interés público y se desarrolla en un espacio público.
El Gran Hermano de todos vigilando a todos nunca ha sido tan cotilla. No es nuevo, la historia de las dictaduras enseña que las miserias y las debilidades cotidianas son el blanco perfecto de los totalitarios y los censores.
El infinito ciclo de la información 24 horas alimenta al gran monstruo del comentario y la opinión permanente, la lucha por la primicia nimia y la frivolidad de las páginas vistas. La telerrealidad y la privacidad publicada en las redes sociales se enseñorean de la vida que compartimos y baten récords de audiencia.
Ningún organismo de control ha mejorado jamás las noticias, el derecho ciudadano a la información veraz ni a los medios de comunicación. Son la propia sociedad, la profesión periodística y el mercado quienes lo han hecho denunciando excesos, batallando con la propia competencia entre medios, aumentando los criterios de calidad y abandonando a las cabeceras que no representan el sentir y el pensar de su audiencia.
El gran fracaso de los reguladores, de Lehman Brothers a Bankia o Chipre, demuestra que solo funcionan cuando los regulados son transparentes y responsables. Cuando los reguladores no tienen intereses comunes con los vigilados. Cuando la sociedad participa activamente, vigila, reclama y demanda.
La furia por aumentar reguladores hace fruncir el ceño cuando día tras día, de los escándalos financieros a los políticos, los ciudadanos asisten al fracaso de las herramientas de control institucional teóricamente diseñadas para evitar los abusos y proteger a los ciudadanos, consumidores, ahorradores, deudores, etc.
No hay píldora para el déficit ético y democrático. Los organismos de control y regulación son a menudo un placebo para limpiar conciencias. Sin un periodismo crítico, responsable y transparente (escaso), sometido a leyes comunes aplicadas con diligencia (infrecuente), con principios claros (cada día más abandonados) y una separación nítida entre periodismo y política (un sueño), ninguna regulación funciona.
El manto deontológico del nuevo regulador británico esconde las cloacas del poder, compartidas por Murdoch y el resto de barones de la prensa con los políticos. Esa promiscuidad y el desbocado sensacionalismo de algunos medios destruyó al Press Council, antecesor de la Press Complaints Commission, moribunda por las mismas infecciones.
No somos ajenos. Las quejas sobre la credibilidad de la prensa y los medios crecen. La sospecha se extiende a las revelaciones y exclusivas que a menudo pasan de noticia a arma editorial de quienes defienden a unos partidos e intereses contra otros.
Las televisiones públicas languidecen con la amenaza de la privatización y el deterioro de su imagen como propagandistas del poder. Mediaset y Antena 3 han creado un duopolio televisivo sin parangón en los países desarrollados con la aquiesciencia de los gobiernos de Zapatero y Rajoy.
Con un gobierno encerrado en el silencio y la propaganda desbocada y una oposición cuyo partido principal tiene tantos problemas de comunicación internos como externos, el principal mal de la información son las ruedas de prensa sin preguntas y la manipulación burda y descarada de los hechos y el lenguaje.
Ni el nuevo regulador británico es tan malo ni nada hace suponer que mejorará el periodismo y el derecho a la información. Sólo la mayor transparencia de los propios medios a través de su conducta y de herramientas de interactividad con la audiencia previenen de los abusos. Las necesidades del periodismo y las demandas de la audiencia no caben en un órgano de control.
Análisis en ElDiario.es
por
Juan Varela
en
5:37 p.m.
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periodismo,
regulación
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